El Misterio de los pueblos negros de Guadalajara

| Eliana F. Alonso

Tienen el aire más limpio de España y de Europa; un paisaje dominado por la arquitectura negra, una arquitectura de pizarra que se utilizaba ya hace siglos, desde los primeros pobladores de la zona que sirve tanto de cubiertas como de muro; inmensas superficies escarpadas y montañosas, que recuerdan a Laponia o la Siberia rusa; un silencio que se percibe y que te acompaña durante todo el día apenas interrumpido y una paz que notas en cuanto traspasa las primeras estribaciones y los primeros pueblos de esa misteriosa Sierra en la provincia de Guadalajara, la provincia desconocida más cercana a Madrid y, que forma parte de eso que en los últimos meses se ha puesto de actualidad aprovechando las elecciones: la España vacía. La España despoblada.

El pueblo que marca la puerta de entrada en ese mundo misterioso de la Arquitectura negra es Tamajón, un pueblo conocido, sobre todo, por el hermoso Palacio de los Mendoza, la Ermita de Nuestra Señora de los Enebrales, y el azul Pozo de los Ramos, un embalse situado en el cauce del río Sorbe, enclavado entre la sierra de Ayllón y la sierra de Alto Rey. Y cómo no, por lo que llaman la Ciudad Encantada. Todos sus pueblos, a partir de Tamajón tienen su encanto, y su curiosa historia, y, todos, sorprenden por el misterio de sus construcciones.

Sus construcciones de pizarra que conviven con bellísimas y desconocidas Iglesias románicas, que son distintivas de una zona en la que abundan y que forman parte de un verdadero patrimonio totalmente desconocido. Campillo, El Espinar, Roblelacasa, Cardoso de la Sierra, todos esos pueblo son ejemplos de lo que digo, hasta que llegas al Parque Natural de la Sierra Norte, un remanso de paz entre pinares y hayedos, considerados estos por la Unesco, con razón, como un verdadero Patrimonio de la Humanidad.

Esta Sierra norooccidetal, entre las vertientes de Somosierra y la Sierra de Ayllon, es uno de los  conjuntos más impresionantes de la arquitectura popular europea, esa arquitectura negra de un gran valor etnográfico, arquitectónico y paisajístico, que forma parte de la grandiosidad y riqueza en fauna y flora de ese espectacular parque natural. Un parque de 124.000 hectáreas y una zona que cuenta con una fauna sorprendente en la que abundan los lagartos verdes, la comunidad de rapaces rupícolas, las poblaciones de águila perdicera, así como otros grupos de aves en los que destacan especies asociadas al hábitat de alta montaña.

En el grupo de los mamíferos son destacables el corzo, la musaraña ibérica, la nutria, la garduña, el tejón, el gato montés y la gineta. Toda la zona es rica en setas de cardo, en Boletus edulis y níscalos. Por último, en el grupo de los reptiles destacan el lagarto verdinegro, la lagartija roquera o la culebra lisa europea. En el de los anfibios, la presencia de la salamandra común y el tritón jaspeado. Y en el de peces, las poblaciones de trucha. Finalmente, en el grupo de los vertebrados se puede citar al ciervo.

Todo un espectáculo del que se benefician gran parte de esos pueblos casi abandonados en los que unas familias cuidan de las casas de los que abandonan el pueblo, ante el desolador y frío invierno, al tiempo que se hacen cargo del pueblo casi desierto de al lado vigilando para que no haya robos, intentado crear la falsa sensación de que siguen habitados. Toda esta zona han hecho del turismo rural, del turismo de fin de semana, del turismo de naturaleza, una nueva forma de vivir, dentro de una total soledad, para no desaparecer definitivamente.

Es el amor de los que se han quedado ahí, en sus pueblos, dónde nacieron sus abuelos, sus padres, y que no quieren que los nombres se pierdan en el olvido y en la nada. Amor por su tierra e imaginación. Por ejemplo la imaginación de un alcalde muy peculiar que rige el Ayuntamiento de Campillo de Ranas. Francisco Maroto, militante LGTB que escogió su pueblo para su boda gay y que ha hecho de Campillo de Ranas casi un centro mundial de bodas gays. Primero fueron solo bodas gays, luego bodas de todo tipo, incluidas las temáticas y hasta las de imitación de series televisivas, como las de ‘Juego de Tronos’. Vienen hasta de Australia y de los sitios más dispares del mundo con decenas de invitados, con sus disfraces, sus regalos, sus peculiares vestidos para ceremonias nupciales, para convertir el pueblo en una auténtica romería.

O la peculiar gastronomía que, además de la local, se ha montado en el pueblo de Valverde en un confortable Hotel Rural, uno de los mejores de la zona, dónde su especialidad son los carpaccios, pero de cocodrilo, de jirafa, de ciervo, de gamo y hasta de hipopótamo.