Al menos 25 muertos entre israelíes y palestinos en el último repunte de la tensión en Gaza

La nueva escalada de violencia por el disparo de cohetes desde Gaza y los bombardeos de respuesta de Israel ha causado hasta el momento al menos veinticinco muertos: cuatro civiles israelíes y veintiún palestinos, de los que doce eran milicianos. La represalia israelí en respuesta a los cohetes lanzados desde la franja, una de las más contundentes desde 2014, devuelve la sensación de guerra a los palestinos en Gaza, donde la aviación bombardeó toda la noche del sábado al domingo. Hasta ahora han muerto allí veintiuna personas, incluidas dos mujeres embarazadas, una bebé de catorce meses y una menor.

Las Fuerzas Aéreas israelíes han bombardeado este domingo la sede del órgano de Hamás dedicado a los ataques informáticos después de frustrar una intentona de afectar a Israel. Por el momento se desconoce si hay víctimas como consecuencia de este ataque. “Hemos frustrado un intento de ofensiva electrónica de Hamás contra objetivos israelíes. Tras el éxito de nuestra operación defensiva informática hemos atacado un edificio en el que trabajaban agentes informáticos de Hamás”, ha informado el Ejército israelí en un comunicado. “HamasCyberHQ.exe ha sido eliminado”, ha remachado.

Un portavoz militar israelí, Ronen Manelis, ha destacado que el Ejército y los servicios secretos para el interior y los territorios palestinos, el Shin Bet, han participado en la defensa frente al ataque informático israelí. “Más tarde fue atacada la infraestructura de la red informática (de Hamás) en la Franja de Gaza”, explica en un mensaje en Twitter en el que incluye un vídeo del momento del bombardeo.

En una jornada marcada por la tensión, los mensajes de alerta de cohetes hacia las localidades israelíes periféricas a Gaza no pararon de sonar en el teléfono de Dikla Diane, una joven de 27 años de Ashkelón, a menos de cuarenta kilómetros de la franja, una de las zonas calientes donde en las últimas horas han muerto cuatro personas. Una de ellas es su exsuegro Moshé Agadi, de 60 años, la primera víctima israelí de la lluvia de cohetes -más de 600- disparados en poco más de 32 horas.

Un segundo israelí que pertenecía a la minoría árabe, como se aclaró más tarde, murió por un cohete en una fábrica de cemento también en Ashkelon; un tercero por un misil antitanque Kornet que cayó en su coche y un cuarto en Ashdod, por un impacto también en su vehículo. “Atacar”, dice con contundencia Diane cuando le preguntan cuál es la solución. “Estoy dispuesta a sufrir otro día, otra semana, otro mes sin dormir, con estos ruidos -las sirenas y el sonido de los cohetes interceptados por el sistema defensivo antimisiles Cúpula de Hierro se intercalan-, faltando al trabajo, sin escuelas” si finalmente el liderazgo, que se reunió hoy en el Gabinete de Seguridad, ofrece una solución, afirma.

Poca gente por la calle, comercios cerrados, clases canceladas -en Israel el domingo es laborable- y el bloqueo de numerosas carreteras son también consecuencia de esta escalada, la peor desde 2014 por el número de proyectiles y por la muerte por primera vez de israelíes por un cohete desde esa fecha. “El Ejército está preparado para una ofensiva terrestre” con tres unidades de infantería, dos de ellas ya desplegadas, dijo en rueda de prensa telefónica el portavoz militar, teniente coronel Jonathan Conricus. “Nos dieron la orden de prepararnos para un conflicto de varios días”, indicó el portavoz, quien afirmó que la intención de Israel “no es necesariamente ir a la guerra”, sino “responder a la agresión” de las milicias de Hamás y la Yihad Islámica golpeando sus objetivos militares y “demostrando” capacidad defensiva.

La respuesta israelí se ha extendido sobre más de 250 objetivos militares en la franja, incluidas cinco residencias de comandantes de las milicias palestinas en las que Conricus aseguró que guardaban armas y un bombardeo selectivo dirigido a matar “a un responsable de la transferencia de efectivo a gran escala de Irán a organizaciones terroristas de Gaza”. Una táctica que Conricus calificó como “una de las herramientas con las que cuenta el Ejército”, pero que también es una novedad con respecto a anteriores picos de tensión.

La represalia israelí, una de las más contundentes desde 2014, devolvió la sensación de guerra a los palestinos en Gaza, donde la aviación bombardeó toda la noche. Hasta ahora han muerto allí veintiuna personas, incluidas dos mujeres embarazadas, una bebé de catorce meses y una menor. Israel dijo hoy que la muerte el sábado de una de las embarazadas y su bebe tuvo como causa un cohete disparado por el movimiento islamista Hamás y no un misil israelí, versión que niegan los palestinos.

Varios edificios fueron destruidos hoy, las calles estuvieron vacías de tráfico y transeúntes y la mayoría de la población se quedó en casa, mientras colegios, universidades y bancos cerraron justo un día antes de que comience el mes sagrado de Ramadán. “Qué culpa tienen mis hijos de ser desplazados”, declaró a Efe Mahmoud Akel, de 40 años, que vivía con once personas en una casa del campo de refugiados de Nuseirat que quedó destruida.

El director de la oficina de prensa del gobierno en Gaza, Salama Marouf, señaló que los bombardeos israelíes también destruyeron cinco oficinas de comunicación, entre ellas la de la agencia de noticias turca Anadolu. También ha quedado cerrada la zona de pesca y el cruce de personas de Erez, y a última hora Israel anunció la suspensión del envío de combustible a la Franja de Gaza.

Mientras, las partes desoyen los llamamientos de la ONU a la contención. “Condeno el continuo lanzamiento de proyectiles desde Gaza ¡Suficientes vidas palestinas e israelíes se han perdido, gente herida, casas dañadas y destrozadas! Es tiempo de rebajar la situación y volver al (acuerdo) de entendimiento de los meses pasados antes de que sea demasiado tarde”, reiteró el enviado especial de la ONU en Oriente Medio, Nikolay Mladenov.