La movilización, los indecisos y el temor a Vox a derecha e izquierda, claves de las elecciones del 28-A

Las elecciones de este domingo, 28 de abril, son las más inciertas de los últimos años por el elevado número de indecisos y la imposibilidad de saber si se ha reducido tras los debates televisivos. La prohibición de publicar encuestas en la última semana de la campaña lo impide. A ello se añade la aparición de un nuevo actor, Vox, del que se desconoce cómo puede incidir en el proceso. Lo único cierto es que le teme la izquierda porque puede sumar con PP y Ciudadanos para hacerse con el poder, y le teme la derecha porque está creciendo de forma insospechada captando votos populares y naranjas. En el PP, especialmente, son notorios la preocupación y el nerviosismo por ser la parte más perjudicada por el trasvase.

El líder del Partido Popular, Pablo Casado, nunca ha hecho ascos a un acuerdo con Vox con tal de instalarse en la Moncloa. Piensa que puede repetir la experiencia andaluza y ganar aunque pierda, es decir, convertirse en el futuro presidente del Gobierno pese a que su partido coseche el peor resultado de su historia, al estilo Moreno Bonilla. En Andalucía, Vox no forma parte del Ejecutivo autonómico en el que sí se integró la tercera pata del acuerdo para arrebatar el Palacio de San Telmo a Susana Díaz, Ciudadanos. Albert Rivera y los suyos no quisieron ni sentarse en la misma mesa con los dirigentes de la formación ‘ultra’, lo que les permite ir de dignos aunque gobiernen gracias a su apoyo. A nivel nacional, sin embargo, está por ver qué ocurre si Vox da finalmente la “campanada” que Ciudadanos se autoatribuye en sus propios vaticinios, obtiene más escaños de los que le dan las encuestas y pide algo más.

De momento, Casado le ha abierto la puerta para que entre en su hipotético Gobierno si se dan los números para que la derecha desplace al PSOE. En una entrevista en EsRadio, Casado ha aconsejado tanto al partido de Santiago Abascal como a Ciudadanos “no pisarse la manguera” para sumar entre los tres y luego ha dicho lo siguiente: “Al final Vox y Ciudadanos, tengan 10 escaños o tengan 40, van a tener la influencia que ellos quieran tener para entrar en el Gobierno o para decidir la investidura o la legislatura. Por tanto, ¿para qué vamos a andar pisándonos la manguera entre nosotros si lo que tenemos que hacer es sumar?”

Casado se ha reivindicado como el único candidato que propuso acuerdos electorales a Vox y Ciudadanos antes de las elecciones y ha insistido en la necesidad de sumar votos contra Pedro Sánchez. “Tengo legitimidad para decir (a Vox y Ciudadanos), que unifiquemos el voto para evitar que Sánchez siga en la Moncloa”. Y ha añadido: “Tengo la legitimidad de que lo he intentado todo”. El líder del PP ha defendido que el voto que se ha ido a Vox vuelva al PP. “Lo que estaba pidiendo el votante que se ha ido a Vox es lo que yo estoy ofreciendo al frente del PP. ¿Qué es lo que pide al PP un votante de Vox para cambiar? Un votante del PP puede estar ahora reconocido con su partido”.

Casado está preocupado porque es a él a quien los ultras le están “pisando la manguera”, un fenómeno que por lo visto no era tan imprevisible como se podría pensar. Según hemos sabido este viernes, Mariano Rajoy lo tenía en su radar pero no hizo nada para evitarlo. Lo ha contado Pedro Sánchez en declaraciones a la Cadena SER al explicar que cuando Rajoy estaba en La Moncloa le hablaba de Vox. Rajoy “es un político con muchos defectos pero tenía una virtud, era un político intuitivo, sabía que la derecha tenía un riesgo de poder desmembrarse y es lo que está ocurriendo”, ha apuntado el presidente del Gobierno, para quien este auge de la extrema derecha tiene que ver con la “falta de un horizonte de concordia” por parte de la derecha y la no asunción de responsabilidades por sus casos de corrupción.

Vox inquieta hasta a los emisarios del neoliberalismo

Lo de que Vox esté llamando a la puerta del Gobierno de España preocupa y mucho de puertas para dentro pero también más allá de nuestras fronteras. Hasta dos biblias del neoliberalismo como son el ‘Financial Times’ y ‘The Economist’ han alertado en sendos editoriales sobre los peligros de que la extrema derecha pueda estar en esa posición, ya sea formando parte del Ejecutivo o apoyándolo. Ambas publicaciones han apostado por un pacto entre los socialistas y Ciudadanos, aunque son conscientes de que es una opción con nulas posibilidades una vez dinamitados los puentes entre Sánchez y Rivera. Quizá un relevo en alguno de los dos liderazgos podría facilitarlo si dan los números, aunque también hay quien recuerda que el líder naranja dijo que nunca apoyaría a Mariano Rajoy y luego propició su investidura.

Lo cierto es que Rivera no se cansa de repetir que quiere echar a Sánchez y “a los que quieren liquidar el país”, en alusión a los independentistas que apoyaron la moción de censura de Sánchez contra Rajoy. En cambio, no le importa arrimarse a Vox, aunque sea de tapadillo, que tiene en su ideario un abanico de propuestas inconstitucionales. En cuanto a la oferta que Casado ha hecho a la extrema derecha, se ha mostrado crítico pero solo porque no cree que sea el momento de adelantarse a los acontecimientos. “Es una falta de respeto repartirse ministerios cuando a lo mejor alguno se desinfla y no ganamos”, ha avisado.

En la entrevista de la SER, Sánchez ha admitido que si gana llamará a todas las fuerzas políticas al día siguiente de las elecciones. No obstante, ha admitido que “honestamente, se hace un poco difícil hablar con partidos que ponen cordones sanitarios e insultan”, en clara referencia a Ciudadanos. Respecto a este partido, se ha confesado desengañado: “Creo que Rivera tendrá que valorar qué hacer después del lunes. A mí me ha decepcionado. Creía que era otro tipo de derecha”. Sánchez ha recordado que los líderes liberales europeos están “estupefactos” con la posición de Ciudadanos, el pacto andaluz y la posibilidad de que se repita el acuerdo para España. Eso sí, espera que el líder del partido naranja recapacite una vez superada la cita con las urnas y tenga una “posición mucho más constructiva, no sólo respecto al PSOE sino respecto al país”.

El presidente del Gobierno y candidato del PSOE en las elecciones del domingo ha insistido en que no se fía de los dirigentes independentistas que “en privado dicen una cosa y en público otra” porque, según ha explicado, están atrapados en la dinámica que ellos mismos han creado y de la que no pueden escapar por miedo a que les llamen “traidores”. Por eso, ha asegurado que prefiere no tener que contar con ellos: “No quiero que la estabilidad y la gobernabilidad de este país descanse en manos independentistas”. A Sánchez le han hecho la vida imposible sus rivales políticos a propósito de su política de distensión con Cataluña, olvidando que fue mientras había un Gobierno del PP, con quien Ciudadanos sí está dispuesto a pactar pese a las refriegas que han protagonizado los dos partidos en los últimos días, cuando el independentismo celebró un referéndum de autodeterminación (1 de octubre de 2017) y declaró unilateralmente la independencia de Cataluña (27 de octubre del mismo año).

El líder socialista ha señalado que más que reivindicar el autogobierno habría que reivindicar el gobierno en Cataluña, ironizando con la falta de iniciativa por parte del president, Quim Torra. De hecho, de Torra ha señalado que “no se cree” que es el dirigente de la Generalitat y le ha acusado de estar pensando más en adelantar las elecciones al próximo otoño que en aprobar leyes en el Parlament. Ha insistido en que el diálogo con las instituciones catalanas tiene que darse dentro de la Constitución porque fuera de ese marco “no hay nada”. Con todo, Sánchez ha recalcado que es la misma posición que ha mantenido los últimos meses y ha afeado a PP y Ciudadanos sus críticas por el acercamiento a la Generalitat, apuntando a que se debe a no han digerido la moción de censura del pasado mes de junio.

Sánchez se muestra ambiguo con UP e Iglesias desconfía

Pedro Sánchez ha tendido la mano a Unidas Podemos aunque no ha llegado a aclarar si contemplaría la posibilidad de formar un gobierno de coalición con la formación que lidera Pablo Iglesias. “Con Unidas Podemos hemos tenido muchas cosas en común y agradezco la labor que han hecho”, ha dicho y ha recordado  que juntos han podido a sacar adelante muchas medidas sociales necesarias durante estos meses: “He demostrado que con 84 diputados pueden hacerse muchas cosas. Agradezco la labor de Iglesias”.

El líder del partido morado, sin embargo, no se fía y echa de menos mayor claridad de Sánchez que en otra entrevista con ‘El País’ sugiere la posibilidad de que Unidas Podemos entre en el Gobierno pero sin plantearlo abiertamente.  Es más, a Iglesias no le ha hecho gracia ese llamamiento a recapacitar que el presidente ha lanzado a Rivera desde las páginas de ‘El País’ y los micrófonos de la SER.

Este viernes, en un mitin en Valladolid, ha asegurado que, tras dos semanas de campaña electoral, “la gente progresista y también mucha gente que pensaba ir a votar a Pedro Sánchez” se ha dado cuenta de que su voto no es “una garantía” para que se apliquen políticas de izquierdas. “Porque después llegan los poderes económicos y le dicen: ¡Con el coleta no, con Rivera!”, ha explicado rodeado de unas mil personas, que no han parado de jalearle con gritos de “sí, se puede” y “presidente, presidente”. Y ha alertado además a los electores de que Albert Rivera no tiene palabra y se unirá al PSOE si es necesario: “¿Pero no conocen ustedes a Albert Rivera? Dijo que no pactaría con Rajoy ni con Sánchez, y pactó con los dos”. Pablo Iglesias ha considerado que la única garantía de que se harán políticas de izquierdas en España es el voto a Unidas Podemos. “Esto no es opinable”, ha reivindicado Iglesias, que cree que si este acuerdo se lleva a cabo será el más de izquierdas de toda la historia de España.

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