Inquietante horizonte político

La campaña electoral y los debates ‘a cuatro’ que se acaban de celebrar nos presentan, a la espera del resultado electoral del 28-A, un inquietante y muy inestable horizonte político para España.

Porque entre lo que dicen las encuestas y lo que hemos visto y oído en los debates electorales de TVE y Atresmedia este país camina, con paso firme, hacia un pantanoso terreno de difícil gobernabilidad e investidura y por tanto de clara inestabilidad política en los próximos años, si es que no nos vemos obligados a una repetición electoral como en 2015 y 2016.

Y todo ello con nubarrones que anuncian riesgos para la economía (con el Brexit incluido) y cuando estamos pendientes de la sentencia del Tribunal Supremo sobre el golpe de Estado catalán que sin duda tendrá impacto en la crisis de Cataluña.

Por todo ello preocupan las tres fracturas imperantes en la política del país: la partidaria con un Parlamento fragmentado en cinco fuerzas nacionales, más los nacionalistas, que harán difícil la investidura del nuevo Presidente. La fractura ideológica entre izquierda y derecha, tras romperse el consenso de la Transición. Y la fractura de la convivencia en Cataluña que además va acompañada de la ausencia intermitente de legalidad.

Si los tres grandes partidos nacionales y constitucionales, PSOE, PP y Cs, no son capaces de alcanzar acuerdos de Estado y de Gobierno sobre los múltiples desafíos de este país, avalando una nueva Transición desde la responsabilidad y la generosidad política y sin abandonar la solidaridad con los sectores más perjudicados de la Sociedad, España irá mal por mucho tiempo y con rumbo incierto.

Pero tenemos la impresión que los actuales líderes políticos, todos ellos bastante jóvenes y ajenos al histórico esfuerzo de la Transición, no acaban de ver la tormenta que se está fraguando en el horizonte español. Y, por lo menos al día de hoy y menos aún en campaña electoral, no acaban o no quieren ver la gravedad de la situación y la incertidumbre que encierra.

Pero hora es que nuestros líderes políticos empiecen a mentalizarse en la necesidad de los pactos de Gobierno estables y razonables por encima de las personas y de las ideologías, y desde luego bien lejos del cáncer de los nacionalismos destructivos que empiezan a convertirse en una amenaza muy seria para nuestro país.

De manera que hora es que los dirigentes políticos constitucionales se empiecen a preparar para los pactos de gobierno que seguirán a las citas electorales del 28-A y del 26-M, las que estarán íntimamente relacionadas entre sí. Porque si esos pactos y las grandes y estables coaliciones de los demócratas constitucionalistas no llegan España irá y acabará muy mal.

Y decimos esto porque las fracturas políticas y los debates electorales que acabamos de ver son alarmantes y nos han dejado sobrados motivos de preocupación sobre los que convendría sin demora empezar a reflexionar.