El Consejo Constitucional acepta la dimisión de Buteflika

El Consejo Constitucional aceptó este miércoles la renuncia a la presidencia presentada el martes por el presidente de la República, Abdelaziz Buteflika, tras seis semanas de masivas protestas populares.

En un comunicado oficial, la institución que preside Tayeb Belaiz explicó que ha decidido declarar “vacante” la presidencia y elevar el expediente al Parlamento para que ponga el marcha el periodo de transición.

Según la Constitución, la jefatura interina del Estado quedará en manos del líder del Senado, Abdelkader Bensalah, quien tiene noventa días para convocar unas nuevas elecciones presidenciales en las que él no puede participar.

El periodo de transición queda igualmente bajo la tutela del exministro de Interior Nouredin Bedaui, confirmado este lunes como jefe del Gobierno de transición, y el comandante jefe del Ejército, general Ahmed Gaïd Salah, nuevo hombre fuerte del país.

Argelia amaneció este miércoles envuelta en la alegría y plagada de incertidumbres, tras la sorpresiva renuncia anoche de Buteflika tras seis semanas de protestas masivas en la calle y en medio de un pulso entre Gaïd Salah y el círculo de poder que protegía y manejaba al enfermo mandatario.

La dimisión sorprendió anoche solo por su inmediatez, ya que ocurrió apenas veinticuatro horas después de la publicación de un comunicado de la presidencia en la que se anunciaba que Buteflika, de 82 años y enfermo de gravedad desde 2013, renunciaría antes del 28 de abril, fecha en la que expiraba su mandato.

Antes, el presidente debía aplicar “medidas destinadas a garantizar la continuidad del funcionamiento de las instituciones estatales durante el período de transición que se abrirá en la fecha en que decida renunciar”, se indicó el martes en la nota.

Unas “medidas” que, al parecer, se han acelerado una vez que el martes decenas de estudiantes volvieron a salir a la calles para exigir la caída del presidente y de su “círculo mafioso” y que los líderes sociales advirtieran de que las movilizaciones continuarían el próximo viernes.

Y por la intervención decidida del jefe del Ejército, quien aumentó la presión en los últimos días para forzar una renuncia y evitar que la presidencia pudiera pasar al contraataque.

Mientras Buteflika y su clan conservaran la firma presidencial, el mandatario podía destituir al propio Gaïd Salah, cambiar de nuevo el Gobierno e incluso forzar la elección de un nuevo presidente del Senado.

La cuestión a resolver ahora es si la maniobra política de Gaïd Salah y su círculo, que parece un golpe de Estado incruento, servirá para atemperar la masivas protestas populares que desde el pasado 22 de febrero sacuden todo el país.

En un principio los manifestantes exigían que el mandatario, que llevaba veinte años en el poder, renunciara a ser reelegido para un quinto mandato consecutivo en los comicios presidenciales previstos para el 18 de abril.

Logrado este objetivo el 11 de marzo, la población decidió mantener la presión en la calle y utilizar las movilizaciones para exigir la caída de todo el régimen, incluido el propio Gaïd Salah, objeto el pasado viernes de las protestas masivas.

El sábado, el general pasó a la ofensiva: denunció una supuesta conspiración contra el Ejército por parte de fuerzas anticonstitucionales a las que no identificó y volvió a exigir la aplicación del artículo 120 de la Carta Magna, que permite inhabilitar al presidente por razones de salud.

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