Guardias civiles relatan el acoso sufrido en Cataluña: ‘Rodeaban nuestras caras con círculos rojos’

Este jueves han testificado en el juicio del ‘procés’ los guardias civiles que fueron destinados a Cataluña en el otoño de 2017 y que sufrieron escraches en los hoteles en los que se alojaron. Los dos primeros, que estuvieron en el hotel Nice de La Seu d’Urgell, han contado todas las modalidades de acoso que sufrieron, concentraciones con gritos e insultos y campañas en redes sociales fundamentalmente. “Rodeaban nuestras caras con círculos rojos”, ha afirmado un tercero que estuvo en Lleida cuando relataba la publicación de sus fotos para animar a los vecinos a que les expresaran su rechazo.

“Hijos de puta, asesinos y fuera las fuerzas de ocupación”, fueron los gritos que tuvieron que soportar por parte de los manifestantes, que al menos en una de las marchas iban escoltados por un camión de bomberos, según el relato de otro de ellos.  La protesta, ha dicho, “estaba organizada, estructurada y orquestada” y en ella participaron varios bomberos uniformados, que se situaron frente al hotel y se dieron “un baño de masas” entre los concentrados. Un camión con la sirena puesta cerraba la concentración. Este mismo agente ha subrayado que nunca antes había vivido ese “odio” sin “un qué o un por qué” y “más” cuando ellos (los guardias civiles) tuvieron una “actuación muy liviana” el 1-O “para evitar un mal mayor del que se pretendía evitar”.

Las manifestaciones se produjeron sobre todo después del referéndum ilegal, concretamente el 3 de octubre, que es cuando se produjo el ‘paro de país’ o huelga general con la que el independentismo protestó contra las cargas policiales del 1-O y el discurso con el que el Rey rechazó la consulta un día después. No obstante, otro de los agentes ha explicado que el día 2 un convoy de unos 15 vehículos de bomberos, entre camiones, furgonetas y otros, pasó por delante del edificio de la Comandancia de Girona con las luces puestas y haciendo sonar sus sirenas y cláxones. En ese momento, ha narrado, los ocupantes hicieron “gestos enseñando el dedo anular en forma de peineta, dándose en la cara como que éramos unos caraduras y con los pulgares hacia abajo” y profirieron gritos de “fascistas, hijos de puta y cobardes” a los agentes.

Uno de los testigos ha explicado los problemas que les acarreó ese ambiente de animadversión hacia ellos: “El propietario (del hotel) llegó un momento en el que nos dijo que cuando nosotros nos marcháramos, él se iba a quedar ahí, y que él tenía temor y su mujer también”. Después de esto, los agentes no tuvieron más remedio que hacer las maletas para trasladarse al parador nacional.

Ha sido el tercer guardia civil el que ha relatado el episodio de los círculos rojos. Este testigo estaba destinado en Lleida donde un día que estaba paseando con dos compañeros disfrutando de una libranza fue alertado por uno de ellos de que les podían estar siguiendo. “Esa personas -ha continuado refiriéndose a su perseguidor- siguió caminando con el teléfono en el oído, como si estuviera hablando. Nos estaba grabando”. El guardia civil ha afirmado que el sujeto en cuestión comenzó a insultarles y a amenazarles, por lo que decidieron refugiarse en el parador. Al día siguiente se publicaron fotos suyas en las redes sociales, imágenes que se habían tomado durante su actuación el 1 de octubre y en las que se rodeaban sus caras con círculos rojos. “El texto venía a decir que esos guardias civiles que paseaban por su barrio habían estado pegando a la gente el día anterior. Alentaba a la gente a ir al hotel donde creía que estábamos alojados, el parador nacional. Lo pensó porque nos paramos allí, pero no estábamos alojados allí”.

Un tanto inverosímil ha sido la declaración de la mossa Alexandra Peralta que supuestamente envió un whatsapp el 2 de octubre animando a hacer escraches a los guardias civiles alojados en tres hoteles de Lleida. Ha asegurado no recordarlo, momento en el que el fiscal le ha leído el texto: “Hagamos que Lleida sea la Calella del Ponent, a cantar habaneras”. Pero la agente de la policía autonómica ha insistido: “No lo recuerdo, no me suena el whatsapp”. No obstante, sí ha reconocido como suyo el número de teléfono desde el que se mandó ese mensaje. El fiscal ha hecho una tercera intentona y entonces ha intervenido el presidente del tribunal, Manuel Marchena para evitar que la testigo se autoinculpara: “Señor fiscal, no haga que las preguntas tengan un contenido de imputación, parece que se le obliga a decir verdad por unos hechos que le podrían incriminar”. “¿Ha sido llamada por estos hechos por la jefatura de Mossos?”, ha querido saber el fiscal y la agente ha respondido: “Hasta hoy mismo, no, lo desconozco”.

Registro en Sabadell y escrache / performance en Manresa

Peralta no ha sido el único miembro de la policía catalana que ha declarado este jueves. Tras ella, han comparecido otros mossos que participaron en el registro del domicilio de Joan Ignasi Sánchez, exconcejal de ERC en Sabadell y exasesor del Departamento de Gobernación que dirigía Meritxell Borràs. Todos ellos han descrito la movilización que rodeó a aquellos hechos, la tensión en la que degeneró y algunos conatos de violencia que incluso les produjeron lesiones. “Nosotros recibimos empujones y algún golpe en el casco… se nos abalanzan encima, me cogen del chaleco antibalas y después del zarandeo sufrí una distensión en la rodilla derecha” ha contado uno y otro ha asegurado que “la masa frente al domicilio era bastante agresiva, incluso una persona golpeó a un inspector en el casco”. Este agente fue golpeado “en la planta del pie”, recibió una patada y le doblaron el dedo de una mano. Estuvo de baja tres semanas. De los 10 mossos que participaron en el operativo, cinco resultaron heridos. A preguntas del fiscal, ha admitido que salieron de aquella situación “por los pelos”.

Después han continuado los interrogatorios a guardia civiles, entre ellos un teniente que ha declarado sobre las protestas que se originaron a las puertas del acuartelamiento de la Guardia Civil en Manresa tras los registros en Unipost que se llevaron a cabo el 20-S. “Había unas 2.000 personas”, ha afirmado tras explicar que dentro del acuartelamiento había 63 viviendas y que en ellas vivían unas 160 personas, “desde los 0 a los 80 años”. Según el testigo, los concentrados “pusieron en marcha una especie de ‘performance’ con urnas de cartón”. Pero eso no fue lo peor. Pasadas las nueve de la noche alguien lanzó a través de la verja un artefacto incendiario que cayó en la zona del garaje. Se trataba de un montón de ropa “impregnado de combustible” y lo lanzó una persona ataviada con gorro y bufanda, por lo que no se distinguía su cara.

Cuando el fiscal ha preguntado si sintieron temor, ha contestado: “Más bien entre los familiares. En cuanto a mí pues me generó intranquilidad porque no sabes si alguien de esa masa decidirá dar un paso más. Había cierto temor”. Algunas familias, según su relato, cambiaron de dormitorio a sus hijos para trasladarlos a otro que no diera a ese patio.

Esta parte del testimonio ha dado pie más adelante a una nueva bronca del juez Marchena al abogado Jordi Pina (el defensor de Jordi Turull, Josep Rull y Jordi Sànchez), que ha preguntado al agente qué le había permitido inferir que el lanzamiento al interior del cuartel del artefacto incendiario tenía algo que ver con el ‘procés’. El presidente del tribunal le ha advertido: “Está haciendo justamente la pregunta que no puede hacer. La razón por la que este señor infiera la vinculación no le interesa al tribunal, que va a hacer sus propias inferencias”.

También ha admitido este guardia civil que se retiró la bandera de España “para evitar males mayores”. En el mismo mástil, se izó una estelada: “Fue una imagen muy impactante. Luego se la llevaron, nos la podían haber dejado de recuerdo”. Ha recordado lo que le recomendó un mando de los Mossos: “La estelada la puedes quitar cuando se marchen (los manifestantes)”. Y ha admitido que “eso fue un poco hreavy”. En un momento dado, ha resumido la situación con esta frase: “Si tienes estudiantes en el cuartel (entre las personas que viven dentro) que comparten instituto con estudiantes que están manifestándose frente al cuartel, la situación es esperpéntica”.