Más de 768 millones de personas en el mundo no tienen acceso al agua potable

UNICEF denuncia que mueren más niños por enfermedades relacionadas con el agua que por la violencia

El Día Mundial del Agua, que se celebra este viernes 22 de marzo, pone este año el acento en la necesidad de que la sociedad avance sin dejar a nadie atrás. En este sentido, el agua puede ser un motor de cambio para impulsar una sociedad más justa y para plantar cara a la pobreza, el principal desafío incluido en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aprobados por Naciones Unidas, los cuales constituyen una parte fundamental de la Agenda 2030.

La directora del Fondo de Cooperación para el agua y el saneamiento de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), Carmen Jover, dice que “en este momento las cifras son bastante escalofriantes”, con 3 de cada diez personas sin agua potable segura y 6 de cada 10 sin saneamiento seguro en el mundo.

En concreto, más de 768 millones de personas en todo el mundo, en especial en África y algunas zonas de Asia, no tienen acceso al agua potable. En su mayoría estas personas viven en la pobreza, en zonas rurales apartadas o en barrios urbanos marginales.

Mueren más niños por enfermedades relacionadas con el agua que por la violencia

Según el informe ‘Agua bajo el fuego’, que analiza las tasas de mortalidad en 16 países inmersos en conflictos prolongados, los niños menores de 15 años tienen tres veces más probabilidades de morir por enfermedades diarreicas causadas por la falta de agua potable, saneamiento e higiene que por la violencia propiamente dicha.

En el caso de los menores de 5 años, su panorama es aún peor, ya que tienen 20 veces más probabilidades de morir por causas relacionadas con la diarrea que por la violencia.

El informe se basa en los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) entre 2014 y 2016 sobre mortalidad debida a “violencia directa” y sobre “muertes diarreicas atribuibles a agua y saneamiento no seguros”.

En concreto, se han analizado los casos de Afganistán, Birmania, Burkina Faso, Camerún, República Centroafricana (RCA), Chad, República Democrática del Congo (RDC), Etiopía, Irak, Libia, Malí, Somalia, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Yemen, países todos ellos inmersos en conflictos e insurgencias.

Según la agencia de la ONU, en todos ellos, con la excepción de Libia, Irak y Siria, se constató una mayor probabilidad de morir por enfermedades relacionadas con el agua que como resultado de la violencia. Así, hubo 85.700 muertes de menores de 15 años por diarrea frente a 30.900 por la violencia y 72.000 muertes de menores de 5 años por enfermedades diarreicas frente a las 3.400 por la violencia.

El derecho a agua potable y a un saneamiento adecuado son tan fundamentales para la supervivencia de los niños como lo son la comida, la atención médica y la protección ante los ataques, defiende UNICEF.

Sin embargo, en los casos de conflictos prolongados muchos de los niños “no pueden llegar a fuentes de agua potable”, incide la directora ejecutiva de UNICEF, Henrietta Fore, que lamenta que “la realidad es que hay más niños que mueren debido a la falta de acceso a agua potable que a causa de las balas”.

Sin unos servicios eficaces de agua, saneamiento e higiene, los niños están en riesgo de sufrir desnutrición y enfermedades prevenibles como diarrea, fiebre tifoidea, cólera y polio. En el caso de las niñas, subraya la agencia de la ONU, la falta de estos servicios les expone al riesgo de violencia sexual, ya que suelen ser ellas las encargadas de buscar agua, o cuando se ven obligadas a utilizar las letrinas.

Además, sufren afrentas a su dignidad cuando se bañan y gestionan su higiene menstrual, y no pueden ir a la escuela cuando tienen el periodo si el centro no tiene instalaciones de agua y saneamiento adecuadas, resalta el informe.

Según UNICEF, todos estos riesgos se acentúan durante los conflictos, cuando los ataques deliberados e indiscriminados destruyen infraestructuras, hieren al personal y cortan el suministro de energía que mantiene operativos los sistemas de agua, saneamiento e higiene.

Asimismo, la violencia también suele limitar el acceso a la reparación de equipamientos y consumibles como combustible o cloro, cuya distribución puede reducirse, racionarse, desviarse o bloquearse. En este sentido, Fore deja claro que “los ataques deliberados contra el agua y el saneamiento son ataques contra los niños vulnerables”. “El agua es un derecho básico. Es una necesidad vital“, recalca.