Millo asegura que durante el ‘procés’ en Cataluña se vivieron ‘episodios de violencia e intimidación’

El exdelegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, ha contado ante el tribunal que juzga a los líderes del 'procés' que advirtió a Puigdemont de su planteamiento "suicida" que, además, "iba a perjudicar mucho al conjunto de la sociedad catalana", porque iba a "fracturar y a provocar problemas de convivencia". Millo, que ha declarado en el juicio como testigo, ha afirmado que fue imposible entenderse por la realidad paralela, la ‘ficción’ en la que se habían instalado los independentistas, y ha descrito el clima de violencia que se vivió en el otoño de 2017 en estos términos: “Vivimos episodios de acoso, violencia e intimidación con el objetivo de impedir las acciones policiales”.

El exdelegado se ha referido a una última reunión informal con el entonces presidente de la Generalitat, en junio de 2017 durante una cena de la patronal catalana. Durante ese encuentro, Millo ha asegurado que ofreció diálogo” para hablar de otros temas, pero Puigdemont le trasladó que “no podía dar marcha atrás” en el referéndum. “Me dijo: ‘voy a convocar el referéndum y después seguimos hablando’. Le dije que eso no iba a ser posible”, ha añadido.

En contraposición a la versión de los dirigentes independentistas juzgados en el Supremo, que denunciaron que se encontraron una “silla vacía” cuando intentaron dialogar con el Gobierno, Millo ha replicado que era él quien se encontraba una “silla vacía” cuando se reunía con Puigdemont. “No me daba respuesta a nada que no fuera permitir la comisión de un acto ilegal”, ha recordado y ha insistido en que Puigdemont nunca ocultó que su objetivo era el referéndum, ya que le contaba que tenía un “mandato democrático” para llevar a cabo la hoja de ruta para declarar la independencia.

“Entendí que la única posibilidad de revertir (esta situación) es que él (Puigdemont) rectificara, que tuviera una fase de lucidez, pero eso lamentablemente no se produjo”, ha relatado Millo, que ha testificado que ni el expresidente catalán ni su vicepersidente Oriol Junqueras estuvieron “nunca” dispuestos a dar “marcha atrás”.

Respecto a Junqueras, ha revelado que el exvicepresidente le dijo que no era partidario de que la hoja de ruta “fuera tan deprisa” y le insinuó que algunos miembros del Govern tenían que hacer “un esfuerzo importante para demostrar” que eran más independentistas que él. Este fue el contenido de una “charla informal” que, meses antes del referéndum, mantuvieron Millo y Junqueras y que este último pidió al entonces delegado del Gobierno que no hiciera pública. Según Millo, en la reunión Junqueras admitió que era consciente de que el referéndum de independencia podía generar “una situación complicada”, al tiempo que le expuso que él era absolutamente partidario de celebrarlo y que habiendo sido independentista desde siempre no tenía ninguna obligación de “demostrarlo”.

El exdelegado del Gobierno ha insistido en los esfuerzos que hizo para que el Govern rectificara su intención de celebrar el referéndum sin que sus gestiones dieran ningún fruto. “Mi capacidad de persuasión tiene límites y cuando alguien está dispuesto a incumplir el marco legal vigente, si es una decisión consciente y premeditada, llega el momento que no se puede hacer nada más para evitarlo”, ha lamentado el exdelegado del Gobierno y exdiputado del PP.

Millo ha incidido en dos aspectos del ‘procés’ que ya sacó a relucir el lunes el exsecretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto: la Generalitat vivía en el otoño de 2017 en una realidad paralela, una “doble ficción” creada por las leyes de desconexión que se aprobaron en el Parlament el 6 y el 7 de septiembre y que “liquidaban de un plumazo el Estatut y la Constitución” y, en segundo lugar, que había un ambiente de acoso e intimidación que él mismo ha calificado de “violencia”. “Vivimos episodios de acoso, violencia e intimidación con el objetivo de impedir las acciones policiales”, ha llegado a decir.

Ese clima de conflictividad no fue exclusivo al 20-S, cuando se produjo el asedio a la Consejería de Economía que estaba siendo registrada por la Guardia Civil, pero esa fecha marca un punto de inflexión. El exdelegado ha relatado no obstante que en los días previos llegó a contabilizar “entre 100 y 150 acciones” de tipo violento ante edificios públicos: “Cercos, arrojo de objetos, incluso incendiarios, acoso a los propios agentes, a las comitivas judiciales, a los vehículos de las comitivas judiciales, a hoteles donde había policías y guardias civiles alojados, ante las propias subdelegaciones en las cuatro provincias, a la propia delegación…”

En esa progresión de la violencia que se vivió en Cataluña jugaron un papel decisivo WhatsApp y las redes sociales, hábilmente manejados por los CDR, que entonces eran todavía los ‘Comités de Defensa del Referéndum’. Los ha descrito como “células aparentemente autónomas”, pero ha apuntalado otra de las declaraciones de Nieto al asegurar que “un estudio detallado de su funcionamiento, de cómo evolucionan, permite deducir que detrás hay una estructura y una organización. Esto de espontáneo tiene poco”. Ha admitido, no obstante, que no se puede caer en generalizaciones porque en los CDR hay de todo, personas violentas y no violentas.

Como Nieto, Millo también ha considerado que la Junta de Seguridad del 28 de septiembre, la que convocó Puigdemont a raíz del auto del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya que prohibía la celebración del referéndum, fue un “despropósito” y un “esperpento”. La gran contradicción de fondo -ha explicado- era que el Govern se sentaba a la mesa “para decirnos que iba a haber un referéndum y que a ver cómo nos poníamos de acuerdo para que todo funcionara con normalidad. Cuando lo que teníamos sobre la mesa era un auto del TSJC que ordenaba impedir su celebración”. Sobre el papel del mayor de los Mossos, Josep Lluìs Trapero, Millo ha destacado que su presencia en la reunión indicaba su “alineación” con la Generalitat. Trapero, que como los acusados del juicio que se celebra en el Supremo está procesado por el delito de rebelión por la Audiencia Nacional, “daba a entender que su obligación era dar cumplimiento al mandato judicial”, sin explicar “cómo” iba a hacerlo. Anunció, eso sí, que “en ningún caso usaría la fuerza” para impedir las votaciones.

Más adelante, el exdelegado ha afirmado que “es evidente” que los Mossos no cumplieron el mandato judicial de impedir el referéndum. “Yo no conocía actuaciones concretas del cuerpo para impedir la celebración del referéndum e incautar el material el día 1 de octubre, después hemos conocido actuaciones, pero ese día yo no tuve conocimiento”, ha detallado.

Las ‘murallas de personas’ y la ‘trampa del Fairy’

“No fue un referéndum. (…) Aquello podía calificarse de muchas maneras, pero no era un referéndum, era otra cosa”, ha resumido Enric Millo, que ha explicado cómo compareció para “lamentar esta situación, expresar mi disconformidad y para pedir al entonces presidente de la Generalitat que desconvocara el referéndum para evitar males mayores”. Lejos de ello, “Puigdemont salió, no sé desde dónde, y leyó una declaración institucional, sobre las 13 horas, en la que no solo no desconvocaba el referéndum, sino que animaba a todo el mundo a ir a votar, además de hacer una crítica muy dura contra el Estado, diciendo que era represor y actuaba contra las personas”. El exdelegado ha asegurado que lo que le pareció “más irresponsable de todo era que acababa aplaudiendo la actuación de las personas que estaban defendiendo las urnas y los colegios”. A partir de ese momento, ha continuado, “se incrementó las personas que acudieron a los colegios para formar masas, murallas de personas dispuestas a enfrentarse y oponerse, en algún caso violentamente, con las fuerzas de seguridad”.

Durante la declaración de Millo, el presidente del tribunal, Manuel Marchena, ha tenido que pedir a las defensas que se abstuvieran de hacer gestos o comentarios de desaprobación no como deferencia hacia el testigo sino por imperativo legal, porque así lo prohíbe la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Las muestras de reprobación de los abogados se han producido justo cuando el exdelegado relataba su visita, en el puerto de Barcelona, a los policías que actuaron el 1-O. Allí -ha dicho- pudo comprobar sus lesiones: “Pude ver dedos rotos, alguna fractura de pierna, un chaleco antibalas rajado de extremo a extremo…”. Entre otras cosas, se enteró de lo que era “la trampa del Fairy”, verter detergente en la entrada del colegio, en el suelo, para que al entrar el agente resbalara, cayera y, una vez en el suelo, pudieran darle patadas en la cabeza”.

En cuanto a los ciudadanos heridos, Millo ha recordado que “al principio, la cifra era de 45 y al final del día era de 400 y pico. Al día siguiente cuando me levanté por la mañana eran 1.000”. También ha precisado que algunas de las imágenes de violencia durante las cargas policiales que dieron la vuelta al mundo no respondían a la realidad: “La primera imagen de un herido ensangrentado que vi, resultó ser de Tarragona de 2012 y la chica que dijo que la policía le había roto los dedos de uno en uno confesó que era mentira”.

Al exdelegado le ha preguntado el fiscal Javier Zaragoza por unas polémicas declaraciones suyas en las que pedía disculpas por esas cargas policiales, de lo que podría deducirse que admitía la brutalidad empleada por los agentes. Millo ha explicado que el titular no respondía al contenido exacto de la entrevista que concedió a TV3, en la que dijo tres cosas: que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad habían actuado en cumplimiento de la ley con absoluta proporcionalidad, que la situación era lamentable y que esa situación tenía un único responsable, el presidente de la Generalitat que, como representante del Estado en Cataluña, ya debería haber pedido disculpas. Como Puigdemont no lo hizo, él sí pidió disculpas “a esas personas que estaban allí (participando en las votaciones) completamente engañadas, pensando que lo que hacían era legal”. Pero ha insistido en que su petición fue que la petición de disculpas la formulara el presidente de la Generalitat. “Me arrogué su representación”, ha comentado.

Las defensas y su obsesión por desmontar la imagen de la violencia

A la sucesión de enmiendas que Millo ha planteado a las declaraciones de los acusados hay que añadir una más que se ha producido casi al final de su comparecencia. En concreto ha afirmado que la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) “no era una broma”, sino que “iba en serio” hasta el punto de que “nadie en Cataluña pensó que era simbólica”. “Ni la situación, ni el entorno, ni el contexto, ni las proclamas, ni las soflamas… es decir, la situación en aquel momento no hacía pensar a nadie que esto era una broma”, ha insistido.  Su testimonio contradice la versión sostenida por todos y cada uno de los acusados que han rebajado el valor de la DUI a “una mera declaración política”, en la que la independencia unilateral figuraba en el preámbulo, sin que hubiera votación sobre ese punto, y que “no obliga a nada ni establece nada”.

El caso es que la afirmación de Millo ha sido utilizada por uno de los abogados de la defensa para tratar de evidenciar contradicciones en la declaración del testigo, que es lo que están buscando los letrados cuando esos testimonios contradicen abiertamente a sus representados. Y para desmontar que la DUI fuera en serio, Xavier Melero, abogado de Joaquim Forn, le ha preguntado: “¿Tras la declaración de independencia del supuesto nuevo estado le comunicaron el hecho formal de la declaración?”. “No”, ha admitido el testigo y ha añadido: “Supongo que consideraron que ya no era muy importante para ellos”.
El “clima de progresiva violencia” al que se ha referido Millo en su testimonio ha dado pie a un par de intervenciones, una de ellas también a cargo de Melero que ha puesto de relieve que pese a esa situación el 1 de octubre solo fueron detenidas cinco personas y el 20 de septiembre, ninguna. Millo ha explicado que “la violencia tiene relación directa con lo que vimos, observamos y comprobamos”. Ha especificado que “si no hubo detenciones habrá que preguntar a los cuerpos policiales presentes, los Mossos en ese caso, por qué”.

Otro abogado, Francesc Homs, ha también ha intentado desmontar la imagen de violencia que ha transmitido el exdelegado del Gobierno interesándose por si Millo pidió al Gobierno de España la aplicación del  estado de sitio o excepción o una situación de interés para la seguridad nacional?”. El testigo lo ha negado y ha explicado sus razones: “No, yo consideré que la actuación de los cuerpos de seguridad tenía que ser suficiente para frenar estos actos”.

Andreu Van den Eynde, abogado de Oriol Junqueras y Raül Romeva, ha preguntado a Millo “cuántos episodios ha visto personalmente” de violencia en Cataluña. “Solo los que me afectan a mí, amenazas a mi familia, a mi esposa y a mis hijos. El resto no estaba presente”, ha respondido el exdelegado y se ha referido a la pintada ‘Millo, muerte’ que ha mencionado en la primera parte de su declaración. “Esa pintada apareció en Girona, donde he vivido 27 años. Y allí la actividad de los CDR es muy notoria”, ha asegurado. Pero ante otra pregunta sobre si sabe quién la realizó ha tenido que admitir que no: “No sé quién la hizo, pero sí sé quién fue a limpiarla: mi hija”.

También el papel de los Mossos y la insuficiencia e ineficacia denunciada por Nieto y ratificada por Millo han sido objeto de las preguntas de los abogados, especialmente de Melero que representa al exconsejero de Interior. El letrado ha tratado de escarbar en una aparente contradicción sobre la reunión que la Junta de Seguridad celebró el 28 de septiembre. “Trapero no dijo que no cumpliría el mandato judicial (impedir el referéndum). Dijo que no recurriría en ningún caso al uso de la fuerza”, ha detallado el exdelegado. Melero ha objetado que esas afirmaciones no constan en el acta de la Junta, y Millo lo ha admitido: “Recuerdo que (Trapero) mantenía una posición matizada. (…) No contradecía la posición del Govern, pero, al mismo tiempo, recordaba que la policía autonómica siempre había cumplido con los mandatos judiciales”. A juicio del exdelegado, “al final se impuso la línea política por encima del criterio profesional, porque en los Mossos hay grandes profesionales”.

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