La convención del PP: preocupación por Vox y Moreno y Feijóo como referentes

Pablo Casado ha hecho un llamamiento al voto útil para el PP alertando sobre los riesgos de volver a la fragmentación previa a los tiempos de José María Aznar, en un intento por frenar y revertir la sangría de apoyos a favor de otras opciones con las que su partido comparte espectro ideológico: Ciudadanos y Vox. "Los que se fueron a buscar al PP fuera del PP no lo van a encontrar. Este es el único PP, el verdadero. No vamos a esperar a que regresen, vamos a salir a buscarlos", ha asegurado el líder popular en presencia de sus dos barones con mayor peso territorial: Juan Manuel Moreno y Alberto Núñez Feijóo. La euforia de un PP que se ha apoderado de la mayor autonomía del país apenas ha conseguido ocultar en su convención nacional la preocupación subyacente por el avance de la extrema derecha, el reto más importante con el que se enfrenta.

Feijóo, que hasta ahora era el dirigente territorial con más poder del PP, eterno aspirante al liderazgo del partido, queda ahora relegado a un segundo plano. En un congreso ordinario, Moreno sería el jefe de la delegación más numerosa del PP como representante de la autonomía más grande en términos geográficos y  de población. Su aportación de militantes sería hasta tres veces más que la de los gallegos, así como la de alcaldes, diputados, senadores y altos cargos autonómicos a partir del momento que se constituya el nuevo Gobierno regional.

En línea con su líder, Feijóo inauguró la convención del PP con un discurso en el que reivindicó el centro derecha, pero con un fuerte acento ‘pactista’. “Hay que respetar a quienes, cumpliendo las leyes, no piensan como nosotros”, reclamó el presidente de la Xunta tras subrayar que los populares no hacen política “ni desde las trincheras ni desde el fundamentalismo”. El discurso del dirigente gallego iba orientado hacia la extensión del PP para ocupar todo el espacio que en su día aglutinó Aznar, sin olvidar esa extrema derecha que ahora se ha independizado. “Achicar el partido sería un grave error. Ahora más que nunca, el PP debe abarcar desde la derecha hasta el centro más amplio, porque el PSOE ha dimitido de la socialdemocracia”, le ha dicho Feijóo a ‘El Mundo’ en una entrevista.

Por cierto que utilizando esa argumentación deliberadamente ambigua con la que la cúpula del PP pretende conciliar sus principios de partido constitucionalista con la arquitectura de pactos para recupera el poder territorial y nacional, el político gallego ha asegurado en la misma entrevista que “el  documento del PP y Vox lo firmaría un dirigente socialista”  y ha añadido: “Desconozco qué alegaciones podrían hacerse. La firmeza de nuestros principios es clara, con rayas rojas: la ley de violencia machista no la vamos a derogar, ni vamos a desmantelar el Estado de las Autonomías”.

Pero, al margen de Pablo Casado, el gran triunfador del cónclave popular ha sido el flamante presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, que ha precedido al líder el escenario y que ha presentado su llegada al Palacio de San Telmo como si hubiera sido producto de una victoria electoral y de su propio esfuerzo en los cuatro años que lleva al frente del PP-A. Lo cierto es que el Partido Popular andaluz perdió siete escaños en las elecciones del pasado mes de diciembre y quedó por detrás del PSOE. Sin el apoyo de Ciudadanos y de la extrema derecha hubiera quedado de nuevo como perdedor en una comunidad en la que el partido conservador nunca ha tenido posibilidades de romper por sí mismo la hegemonía socialista, asentada durante cuatro décadas. Ha sido la famosa ‘carambola’ del 2-D la que le ha convertido en ganador, sin olvidar tampoco la colaboración del socialismo que ha sido incapaz de revalidad el resultado de las elecciones de 2015 y que, a diferencia de la derecha, ha sido incapaz de sumar con la izquierda de Podemos la mayoría necesaria para retener la Junta. La pieza clave para el PP ha sido Vox, por mucho que todo los dirigentes populares que han participado en la convención se hayan esforzado en marcar distancias.

“La ola de cambio” que viene del sur y que “ha despertado una enorme ilusión” no parará en Despeñaperros, sino que llegará “a todos y cada uno de los rincones de España, a todas las comunidades autónomas y, sin duda, a La Moncloa”, ha asegurado Moreno en su discurso. “No podemos esperar ni un minuto más” ha dicho Moreno, arrancando los aplausos de los asistentes a la convención, y se ha comprometido a que el partido “se dejará los restos” para que Casado sea el próximo presidente del Gobierno de España. “Qué bien suena lo de presidente de la Junta de Andalucía en un afiliado del PP” ha dicho Moreno que ha tenido palabras especiales para el secretario de Organización, Teodoro García-Egea, y para el vicesecretario de Organización, Javier Maroto, a quienes ha calificado como “negotiators” porque “son una máquina de negociar”. “Y ellos dos, con mucha habilidad, inteligencia y audacia” lograron el acuerdo que ha dado al PP la Junta de Andalucía, ha subrayado.

Es evidente que Moreno tiene que estar más que agradecido a los que lo han convertido en presidente de la Junta de Andalucía entregando parte de su alma a los ultras de Vox, aunque no quieran reconocer esas cesiones. El PP se mueve ahora mismo en la contradicción de recuperar los votos de la derecha más radical que iban a parar a su mochila en los tiempo se José María Aznar arrinconando a Vox, y simultáneamente salvaguardar un cierto nivel de ‘entente’ con un partido que puede servirle en bandeja gobiernos municipales, autonómicos y hasta el nacional.

Casado, llamamiento al voto útil para unir a la derecha en torno al PP

En su discurso de clausura de la Convención Nacional que durante tres días ha celebrado el PP, Pablo Casado ha advertido de que “no se puede unir España desuniendo el voto” por lo que ha defendido la necesidad de que en las elecciones de mayo los votos se agrupen alrededor del PP, el único partido que, según él, puede juntar al centro derecha. Ha asegurado que “no hay alternativa” a su formación y ha insistido en que “lo que no unan los electores en las urnas alrededor del PP quedará sin unir” porque el resto de partidos de su espectro ideológico, en referencia a Vox y Ciudadanos, son “incapaces de hacerlo”.

Desalojar al PSOE del Gobierno de la nación. Ese es el objetivo con el que el PP sale de su convención nacional y para ello necesita alcanzar una primera meta: recuperar alcaldías y comunidades que en 2015 le arrebató la alianza del socialismo en la formación de izquierdas que se acababa de estrenar en el panorama político nacional, Podemos y sus confluencias. Los populares piensan, sobre todo, en Madrid y Valencia, que creen posible reconquistar aunque sea con la fórmula de las alianzas que tanto criticaron cuando la utilizaron los socialistas para imponerse a las listas más votadas en numerosos puntos de España.

Vox y Ciudadanos se han llevado una buena porción de las críticas que ha dirigido Casado contra otras fuerzas políticas, aunque las más ácidas han sido sin duda las que ha recibido el PSOE. Para las dos formaciones con las que rivaliza por el voto, ha tenido algún que otro reproche, pero sin quemar las naves que probablemente necesitará tras el 26 de mayor si, como ha anunciado a bombo y platillo, quiere reeditar el pacto andaluz en otros territorios del país. Pero, como también necesita recuperar los apoyos que se han desplazado hacia esas otras siglas, ha alertado de que “la irrupción de nuevos partidos amenaza con volver a la fragmentación que había antes de Aznar”. Ha considerado que Aznar cumplió el “hito histórico” de aglutinar todo lo que estaba a la derecha del PSOE para llegar a La Moncloa. Él tenía siete años y ahora, 30 años después, quiere hacer lo mismo.

Para avanzar en esa tarea, ha lanzado proclamas del tipo “menos PP es menos España” o “cada voto menos para el PP ha sido un voto más para los enemigos de España”. Y ha continuado: “Me gustaría preguntarles a los que han dejado de votar al PP: ¿Hoy España se parece más o menos al país que ellos deseaban?” Todo ello, haciendo equilibrios para mantener esas naves que pueden llevarle hasta La Moncloa. Un ejemplo es su definición del proyecto de partido en el que quiere trabajar como “una mayoría centrada”, al mismo tiempo que rechaza los ‘cordones sanitarios’ que le impedirían cumplir su propósito.

De hecho, en el discurso de Casado han abundado los guiños a Vox. Una vez más, el líder del PP ha utilizado la expresión ‘violencia doméstica’ para referirse al terrorismo machista al tiemplo que aseguraba que el PP es “el partido que más ha hecho por las mujeres en España”. Al hilo de esto, se ha lanzado a una  defensa populista y demagógica de la prisión permanente revisable al afirmar que los “violadores, maltratadores y asesinos donde tienen que estar en la cárcel y no en la calle reincidiendo por el síndrome de Estocolmo de la progresía española”. Ha llegado incluso a acusar  al PSOE y a sus aliados de querer que “asesinos monstruosos salgan a la calle” por no defender la iniciativa de los populares de no derogar la prisión permanente revisable e incluso ampliarla a nuevos supuestos. Casado ha pedido justicia y seguridad y acabar con el “buenismo” para “defendernos sin complejos”.

Otro mensaje clarísimo a Vox se ha producido cuando ha hablado de impulsar los recursos “a favor de la vida”, de la conciliación y del fomento de la natalidad. “Somos el partido de la familia”, ha subrayado el líder del PP, para recordar que la  pirámide de edad, la nueva realidad demográfica, pide a gritos ocuparse de las pensiones. Algo que a la extrema derecha le entusiasmaría sería restringir al máximo las leyes sobre el aborto, retrocediendo décadas respecto a lo conseguido hasta ahora. Casado no se ha referido a ello pero ha lanzado esta otra proclama: “Considero que el poder político tiene que actuar siempre a favor de la vida y, cuando tenga dudas, siempre a favor de la vida, y cuando falten recursos, siempre a favor de la vida, y si se equivoca, siempre a favor de la vida”.

El tercer recado a la extrema derecha es el que ha aludido a la inmigración irregular. Casado ha pedido que se eche de España a todo el que venga a delinquir y que se rechace en las fronteras a los que quieran entrar ilegalmente. A su juicio, el “efecto llamada de Sánchez nos ha sumido en la peor crisis migratoria de la última década”.

Un discurso cada vez más duro contra los socialistas

Por lo que se refiere al PSOE, le ha acusado de “vender España a nacionalistas y podemitas a cambio de un plato de lentejas en La Moncloa”.  Ha citado a Churchill, quien dijo que “el socialismo es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia y la prédica a la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria”. Casado ha concluido que los socialistas “nos salen muy caros” a todos. “Quien quiera ser de izquierdas, que lo sea, quien quiera abrazar el populismo rancio y bolivariano, que lo sea, pero no quiero un país con socialismo obligatorio, quiero que sea voluntario”, ha exclamado para criticar a las movilizaciones convocadas por los socialistas y Adelante Andalucía frente al Parlamento andaluz para denunciar el pacto con la extrema derecha que le da acceso a las políticas del nuevo Gobierno de Juanma Moreno.

En su empeño por desacreditar las políticas socialistas, ha considerado que el proyecto de ley de presupuestos que ha presentado el Gobierno es la “mordida” que ha tenido que pagar Pedro Sánchez a los nacionalistas para “atrincherarse” en la Moncloa pese a representar una política económica “suicida” que puede llevar a la recesión. A su juicio, los presupuestos contienen “agravios comparativos” por las concesiones que cree que incluyen al presidente de la Generalitat, Quim Torra, frente a lo que prevén para otros territorios. Casado ha insistido en que los presupuestos son “irresponsables, desequilibrados, desigualitarios e injustos” y su presentación responde al deseo de Sánchez de “atrincherarse” en la Presidencia del Gobierno “hipotecando el futuro” de los españoles.

De la misma forma, ha alertado de que la política económica del Ejecutivo puede volver a sumir a España en recesión después de que tuviera que ser rescatada por el Gobierno de Mariano Rajoy. Obviamente, no ha dicho ni palabras de los derechos recortados y del reparto de la pobreza que sí han traído esas políticas, algo que el Ejecutivo trata de revertir con el gasto social que ha presupuestado. Para Casado, en cambio, el objetivo debe ser impedir que el Gobierno siga haciendo “regalos” con el dinero de todos. Entre sus compromisos, figura la supresión del impuesto de patrimonio, del que gravará las transacciones financieras y de la ‘tasa Google’ para las grandes empresas tecnológicas. También en este punto ha echado mano de la demagogia mitinera para pedir que se deje de mirar tanto al Valle de los Caídos y se mire más a Silicon Valley.

Respecto a Cataluña, ha asegurado que cuando su partido gobierne en España pondrá orden en esa Comunidad y librará a toda una sociedad secuestrada “por una banda de fanáticos, racistas y supremacistas”, que se ha apoderado de la Generalitat. Tras urgir a un “necesario fortalecimiento nacional” para poder recuperar la convivencia y la legalidad en Cataluña que -ha subrayado- ha eliminado “la peste del nacionalismo”, se ha comprometido a poner en marcha el artículo 155 sin límite de tiempo. Y no ha sido la única medida que ha mencionado para frenar el independentismo.

También se propone reformar el Código Penal para volver a penalizar la convocatoria de referéndums ilegales porque, según ha recordado, así se pudo parar el Plan Ibarretxe y así se arará “el Plan Torra”. Otra de las medidas que tiene en la cabeza sobre Cataluña es modificar la Ley del Indulto para prohibir esta medida de gracia a condenados por sedición y rebelión “por mucho” que el Gobierno presione a la Fiscalía y a la abogacía del Estado. “Lo mejor es dejarlo legislado”, ha señalado. Impulsará también una nueva ley de Símbolos para garantizar la neutralidad de los espacios públicos y aplicarán la ley de Partidos para ilegalizar a todos aquellos que alientan la violencia y la “kale borroka”. Y, como ya ha anunciado en otras ocasiones, reformará la Ley de Financiación de Partidos para que “no reciban ni un solo euro” aquellos que van contra España y amenazan “su integridad, su historia y su libertad”.

Casado ha terminado su discurso de clausura de la convención nacional de su partido que se ha celebrado este fin de semana emplazando a sus compañeros a salir “a ganar” y rechazando un partido “pequeño” o que “salga a empatar”. “No quiero un PP que sea uno más, quiero un PP que sea ambicioso”, ha dicho y ha insistido en que no “hay más PP” que el suyo, y que algunos -en referencia a Vox y Cs- pretenden imitarlos “pero no les sale”. “Digamos una vez y otra vez que quien quiera que gobierne el PP tiene que votar al PP”, ha asegurado Casado, que ha terminado la convención escuchando en pie junto a la dirección del partido el himno nacional junto a una gran bandera de España ondeando en una pantalla gigante.

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