El doctor Cavadas hace historia en un año en el que la cura del sida sigue sin llegar

Bebés modificados genéticamente, vacunas contra el VIH, la victoria ante un cáncer sin muchas esperanzas...A pesar de que son muchos los frentes que quedan abiertos, 2018 ha sido un gran año en el terreno de la medicina, un año en el que un nombre resuena por encima de todos, el del español Pedro Cavadas, un dios para aquellos que ya han perdido todas las esperanzas.

El año que se despide ha sido un gran año para muchos en el terreno de la medicina. Grandes han sido los avances que afortunadamente muchos profesionales han logrado con mucho esfuerzo y horas de investigación. Otros, desgraciadamente, siguen ese pequeño gran milagro que sigue resistiéndose a llegar.

Quizás, el valenciano Pedro Cavadas sea responsable de una de las noticias más fascinantes de este 2018 en lo que a medicina se refiere. Su lista de milagros sigue engrosando una exitosa carrera profesional plagada de luces y que esperemos, siga sumando muchas más. Y sí, llamar milagros a sus operaciones no es algo exagerado. Su larga trayectoria médica, los casos “imposibles” a los que ha dado solución y su faceta altruista, le hacen más que merecedor del apodo por el que el mundo le conoce, el “doctor milagro”.

Cavadas ha sido responsable de hitos como el primer trasplante de cara en España, ha sido el primero del mundo en injertar las manos a la altura de los antebrazos a una mujer y de un trasplante bilateral de piernas, también a nivel mundial, amén de otras muchas cirugías extraordinarias. Y es que, como el mismo ha reconocido, tiene “la costumbre de no decir que no a nada”.

Una de esas ‘luces’ es Wilmer Arias, un joven de 28 años que quedó tetrapléjico a los 9 años por una bala perdida y que gracias al cirujano valenciano puede sentarse sin sentir dolor, algo que el paciente, sometido a dos intervenciones para reconstruir la separación completa de la columna y la pelvis, califica de “increíble” después de años postrado.

Wilmer Arias ha pasado de estar postrado en una cama a poder desplazarse en una silla de ruedas: “El doctor Pedro Cavadas me ha dado una segunda oportunidad para seguir con vida”.

El joven trabajaba en el campo desde los siete años e iba a la escuela cuando sufrió un accidente. “Estaba jugando a los nueve años junto a mis primos cerca de casa cuando una bala perdida atravesó mi cuello”, ha explicado. Tras dos meses y medio en coma y después de una cirugía, debido a su inmovilización, empezó a desarrollar úlceras en diferentes zonas de su cuerpo, la más grave en el área sacra, que no curó y empeoró con el tiempo.

Según ha contado el propio Cavadas, una enfermera le habló de un joven con úlcera en el sacro al que no podían operar en su país, pero él “no le hizo ni caso” porque no se creía que no le pudieran operar. Unos meses después, ante su insistencia, le dijo que lo trajera a España.

“Era una infección masiva con pérdida de la parte inferior de la columna y de la pelvis. Estaba partido en dos. Eso es diferente a una úlcera sacra. Le obligaba a estar en cama todo el día y había una situación de riesgo vital porque podía sufrir una meningitis y morir”, ha advertido.

Se programó una doble intervención: una para limpiar la zona afectada y colocar un fijador externo entre ambas partes, y otra, que se prolongó ocho horas, para unir la columna vertebral a la pelvis mediante una transferencia de huesos y piel de la pierna.

Tras culminar todo el proceso, ambos dieron una rueda de prensa para explicar el ya bautizado como nuevo “milagro” del doctor valenciano. “Es una historia bonita y por eso la contamos, porque cirugías complejas hacemos todos los días”, destacó Cavadas, quien calificó a Wilmer como un tipo “muy duro”, que a pesar de seguir siendo tetrapléjico, “puede sentarse y retomar su vida previa al accidente”.

Ahora Wilmer ha vuelto a sus estudios, quiere hacer un máster en Tecnología Digital, introducirse en el mundo de la Bolsa y, además, “ayudar a quien lo necesite para devolver lo que han hecho por mí”.

Brasil da la bienvenida al primer bebé del mundo gestado en un útero trasplantado

Hace escasos días la revista The Lancet daba a conocer otro de los avances que marcará este 2018. El primer bebé gestado en un útero trasplantado a partir de una donante fallecida llegaba al mundo en un hospital de Brasil. Suele decirse que los bebés vienen con un pan bajo el brazo, pero en esta ocasión viene con esperanzas para miles de mujeres con problemas de fertilidad.

Actualmente, la donación de útero solo se puede llevar a cabo a partir de familiares, de modo que las opciones se reducen ya que existen pocos donantes vivos.

La receptora del trasplante fue una paciente de 32 años con infertilidad uterina, a la que se le implantó el útero mediante una cirugía que duró más de 10 horas, en que la que el órgano donado se conectó a sus venas, arterias, ligamentos y canales vaginales.

Tras siete meses en que la paciente no rechazó el nuevo órgano y tuvo la menstruación, se le introdujeron los óvulos fecundados que dieron lugar a un embarazado común. El bebé fue una niña sana que nació por cesárea a las 35 semanas y tres días y pesó unos dos kilos y medio.

Tras el parto, el útero se extrajo sin que se encontrase ninguna anomalía, y tres días después la madre y la pequeña recibieron el alta médica.

Con anterioridad se habían realizado otros 10 trasplantes de útero de donantes fallecidos en Estados Unidos, la República Checa y Turquía, pero este es el primero en dar lugar a un bebé vivo.

En lo que al terreno de trasplantes se refiere, y un ámbito más nacional, cabe destacar que España volvió a superar en 2017, a falta de próximo informe anual, su propio récord en donación y trasplantes de órganos y se mantiene como líder mundial durante 26 años consecutivos, al alcanzar “los mejores datos de su historia”: 46,9 donantes por millón de población (2.183 en total) y 5.259 trasplantes.

La lucha más efectiva contra el cáncer metastásico

Metástasis, una palabra que en la mayoría de los casos es sinónimo de muerte, podría tener los días contados. Uno de los avances de este año, uno de los más importantes, podría dar esperanza ante una enfermedad que ha truncado millones de vidas.

Hace unos meses saltaba la noticia, una mujer de 49 años conseguía ganar la batalla a un cáncer de mama con metástasis en otros órganos tras recibir una innovadora inmunoterapia desarrollada en el Instituto Nacional del Cáncer de EEUU.

Tras casi dos años no hay rastro detectable del cáncer en su cuerpo, según ha dado a conocer la revista Nature Medicine. Laszlo Radvanyi, director científico del Instituto de Ontario para la Investigación del Cáncer, calificó la prueba como “una respuesta sin precedentes en el cáncer de mama avanzado”.

El tratamiento ha consistido en extraer linfocitos de uno de los tumores de la paciente, identificar aquellos pocos que son activos contra las células cancerosas, pero que son demasiado escasos para frenar la progresión de la enfermedad, multiplicarlos en el laboratorio y devolver 82.000 millones de linfocitos a la paciente para que ataquen los tumores.

La nueva terapia, que ha llegado de la mano de Alena Gros al Instituto de Oncología de Vall d’Hebron (VHIO), es “un tratamiento que ofrece una alternativa a pacientes que no tienen ninguna alternativa”. A pesar de ser una gran esperanza, es un tratamiento personalizado que aún no está preparado para aplicarse a gran escala y que se mantendrá en marcha hasta 2024.

En Vall d’Hebron, los primeros pacientes se podrían empezar a tratar en el segundo semestre del 2019 una vez se haya puesto a punto la técnica para cultivar los linfocitos en el laboratorio y se hayan recibido los permisos requeridos.

Los investigadores confían en poder extender el tratamiento para luchar contra otro tipo de tumores fríos en el futuro además de los de mama, los de ovario, de páncreas y colorrectales.

Precisamente el cáncer, de cualquier tipo, es el responsable de millones de muertes en todo el mundo, y las estadísticas de futuro no son esperanzadoras. Cerca de 18,1 millones de personas sufrirá por primera vez un casos de cáncer y 9,6 millones de personas morirían por esta causa en 2018, según las últimas estimaciones publicadas por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), un órgano intergubernamental que forma parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

A día de hoy, los de pulmón, mama y colorrectal son los tres principales tipos de cáncer en términos de incidencia, y se clasifican entre los cinco primeros en términos de mortalidad (primero, quinto y segundo, respectivamente). En conjunto, estos tres tipos de cáncer son responsables de un tercio de la incidencia del cáncer y la carga de mortalidad en todo el mundo.

Células madre contra el VIH

El VIH, una de las enfermedades que, junto con el cáncer, siguen sin tener una solución definitiva, ocupa un merecido puesto en el apartado de avances médicos de este año. Un grupo de investigadores del Sida IrsiCaixa de Barcelona y del Hospital Gregorio Marañón de Madrid han conseguido eliminar el virus de la sangre y tejidos de cinco pacientes. Tras ser sometidos a trasplantes de células madre, cinco de los seis pacientes infectados de VIH disminuyeron la presencia del virus a un nivel no detectable.

La investigación ha confirmado que estos pacientes, que recibieron un trasplante de células madre, tienen el virus indetectable en sangre y tejidos e incluso uno de ellos ni siquiera tiene anticuerpos, lo que indica que el VIH podría haber sido eliminado de su cuerpo, aunque según señalan los expertos, “indetectable” no significa que el virus se haya eliminado; dicho de otro modo, puede seguir presente en el organismo.

El hallazgo de esta propiedad de las células madre abre la puerta a diseñar nuevos tratamientos para curar el sida en el futuro.

La investigadora del Maria Salgado, coautora del artículo en el que se detalla el estudio, explicó que el motivo por el que actualmente los fármacos no curan la infección por VIH es el reservorio viral, células infectadas por el virus que permanecen en estado latente y no son detectadas ni destruidas por el sistema inmunitario.

Los resultados, desgraciadamente, nos son definitivos. El siguiente paso será hacer un ensayo clínico, controlado por médicos e investigadores, para interrumpir la medicación antirretroviral en algunos de estos pacientes y suministrarles nuevas inmunoterapias con el fin de comprobar si hay rebote viral y confirmar si el virus ha sido erradicado del organismo.

El estudio se ha basado en el caso de ‘El Paciente de Berlín’, llamado Timothy Brown, una persona con VIH que en 2008 se sometió a un trasplante de células madre para tratar una leucemia.

El donante tenía una mutación llamada CCR5 Delta 32 que hacía que sus células sanguíneas fueran inmunes al VIH, ya que evita la entrada del virus en ellas. Brown dejó de tomar la medicación antirretroviral y 11 años después el virus sigue sin aparecer en su sangre, con lo que se le considera la única persona en el mundo curada del VIH.

Desde el comienzo de la epidemia, más de 70 millones de personas han contraído la infección por VIH y alrededor de 35 millones han muerto. Hoy en día, alrededor de 37 millones en todo el mundo viven con VIH, de los que 22 millones están en tratamiento.

En relación a la enfermedad y a los avances que se realizan para erradicarla podemos destacar uno de los más polémicos de los últimos años. El científico y genetista chino He Jiankui anunciaba a finales del mes de noviembre que había creado los primeros bebés genéticamente modificados para hacerlos resistentes al virus, generando un debate acerca de los límites éticos  de la investigación, en especial cuando los protagonistas de los mismos son seres humanos.

Tras el debate generado el polémico investigador desapareció y a día de hoy no se conoce su paradero. La Organización Mundial de la Salud aseguró que analizará las implicaciones éticas, sociales y de seguridad de los trabajos de Jiankui, que a pesar de ser criticado por las autoridades chinas, recibió subvenciones públicas.

El alzheimer, el ébola e innumerables enfermedades siguen, y desgraciadamente seguirán, truncando la vida de miles de millones de personas en todo el mundo a pesar de los avances, aunque ayudan a mirar al futuro con esperanza. Y, quién sabe, ¿Puede ser 2019 el año en el que aparezca la cura del cáncer?