Tardá ve ‘innecesaria la huelga de hambre’ y avisa a Torra: ‘La república no se hace con pasamontañas’

La ruptura de la unidad de acción entre el PDeCAT y ERC se evidenció hace tiempo pero, últimamente, ha tenido dos hitos fundamentales: la negativa de los republicanos a sumarse a la Crida Nacional de Puigdemont y el rechazo de sus presos, con Oriol Junqueras y Raül Romeva a la cabeza, a secundar la huelga de hambre que iniciaron el 1 de diciembre los exdirigentes del PDeCAT que como ellos permanecen en prisión. Pero, por encima de todo, sobrevuela la voluntad manifiesta de Esquerra de no pronunciar el epitafio del proceso de distensión y diálogo con el Gobierno de Pedro Sánchez. Y eso pese a que su coportavoz en el Congreso, Joan Tardá, se confiesa “decepcionado” por el giro hacia una mayor dureza del presidente.

Lo que está por ver es si esa predisposición al diálogo implica la posibilidad de apoyar los Presupuestos que Sánchez va a presentar en la Cámara en enero, tal y como ha reiterado este mismo jueves. De momento, el líder de la formación, Oriol Junqueras, le ha dicho a La Sexta desde la cárcel de Lledoners que “ERC siempre cuida todos los puentes”.

Tardà, por su parte, ha lamentado que el jefe del Ejecutivo se refiriese a los independentistas como “mentirosos y demagogos”, después de que en el debate del miércoles le advirtiese hasta tres veces seguidas de que está abocando al independentismo a una nueva desobediencia. Sobre la reunión que el Gobierno va a celebrar en Barcelona el próximo 21 de diciembre, el diputado ha dicho en una entrevista en TVE que “el Gobierno tiene todo el derecho a hacer donde le plazca el Consejo de Ministros y la ciudadanía tiene todo el derecho a entender que no es una decisión acertada”.

En este sentido, ha señalado que celebrar la reunión ministerial la misma jornada que se cumple el aniversario de los comicios catalanes convocados en virtud de la aplicación del 155 “puede entenderse como una provocación” por algunos sectores. Ahora bien, Tardá se ha desmarcado clarísimamente de las movilizaciones que ya están preparando los CDR para llevar sus algaradas callejeras hasta la Llotja de Mar, el lugar que se ha elegido para que se celebre el Consejo. “Creo que la República catalana no la construiremos con pasamontañas. Tenemos claro como debe implementarse la república: por acumulación de fuerzas”, ha señalado, reiterando la tesis de su formación de que es preciso ampliar la base social del independentismo para alcanzar el objetivo que persigue.

Las palabras de Tardá van dirigidas a los radicales que se agrupan en esos Comités de Defensa de la República pero también al presidente de la Generalitat, Quim Torra, que frecuentemente los ha jaleado y animado a que extremen sus actividades,  como hizo con el célebre “apretad” que pronunció en el aniversario del 1-O. Hace justo una semana, mientras estaba de visita en Eslovenia, expresó algunas dudas sobre las imágenes que le habían llegado de las cargas de los Mossos contra los CDR que trataron de reventar concentraciones de Vox en Girona y Terrassa. Incluso anticipó una llamada al orden al consejero de Interior, Miquel Buch, por consentir que los agentes hicieran su trabajo.

El diputado republicano también ha marcado distancias respecto a la apelación de Torra al proceso de independencia de Eslovenia. Ha subrayado que el independentismo ha demostrado que la única vía posible es la cívica y pacífica y ha asegurado que “si hay sangre” la independencia no valdría la pena porque “todo empieza y todo acaba en la democracia”. No obstante, Tardà ha querido ser prudente y ha explicado que el ‘president’ quiso expresar su admiración por la “adhesión” y la “victoria” eslovena en el referéndum. “Creo que o se han malinterpretado sus palabras o no supo explicarlo”, ha alegado.

Hay que recordar que el lunes, cuando la polémica por las palabras de Torra estaba en todo su apogeo, el presidente del Parlament, Roger Torrent, que también pertenece a ERC, apostó por la ‘vía escocesa’ frente a la ‘vía eslovena’, es decir, por el referéndum pactado y no por iniciativas que puedan llevar de nuevo a la confrontación.

Preguntado por su valoración de la huelga de hambre de los presos del PDeCAT, Tardà ha recalcado que se trata de un “aldabonazo” ante la situación “anómala”, que atraviesan los presos independentistas. Le sabe mal “por el sacrificio” y reconoce que “es muy loable que “la huelga de hambre pueda ser un grito de alarma ante esta situación”. Pero, dicho todo esto, ha dejado claro que “ERC no se ha sumado porque ha considerado que no era necesario”.

Lo cierto es que la negativa del líder de ERC, Oriol Junqueras, y de la formación republicana en general a seguir la huelga de hambre que iniciaron Jordi Sànchez y Jordi Turull implica una división de acción en el independentismo. A Sànchez y Turull les siguieron los también presos Joaquim Forn y Josep Rull, alentados todos ellos por Torra y por el prófugo ‘padre espiritual’ de los convergentes, Carles Puigdemont.

Junqueras y Romeva se negaron a participar en la iniciativa porque no consideraron que fuera la mejor forma de protestar contra lo que ellos consideran politización de la justicia y mucho menos para lograr la libertad condicional. Sus opiniones no fueron tomadas en consideración por los presos que sí iniciaron la huelga, confirmando la profundización de una brecha que se ha ido ensanchando durante meses y que se transformó en un abismo hace exactamente dos meses, el 9 de octubre, cuando ERC rompió con Junts per Catalunya y se alió en la Mesa del Parlament con el PSC para dejar sin efecto la delegación de voto de Puigdemont y del resto de diputados ‘junteros’ suspendidos. Después, llegaría la presentación de esa gran plataforma electoral con la que el expresidente pretendía anular a unos rivales cada vez más poderosos en las encuestas, la Crida Nacional, y el lógico rechazo de los republicanos a integrarse en ella.

La lógica de esa negativa reside en los sondeos que, como el que publicó el 31 de octubre ‘El Periódico’, confieren a ERC el control del bloque independentista. Esta formación obtendría el 25,3% de los votos y de 37 a 39 diputados frente a los 32 que tiene ahora, con un 24% de intención de voto, mientras que JxCat se quedaría en el 14,5% y 22-23 escaños, lo que significa que sufriría un desplome considerable desde los 34 actuales.

Una de las conclusiones más interesantes de la encuesta elaborada por el GESOP (Gabinete de Estudios Sociales y Opinión Pública), era que ERC no solo podría intentar formar un gobierno independentista, sino que tendría la posibilidad de decantarse por un ejecutivo de izquierdas mediante pactos con el PSC (los socialistas pasarían de los 17 escaños actuales a 23 o 24) y los Comunes (el partido de Ada Colau se mantendría en los 8 diputados con la posibilidad de aumentar uno), con unas horquillas en ambos casos de entre 68 y 72 diputados. La mayoría absoluta se sitúa en los 68 escaños en un Parlament que cuenta con 135.