Una visita a Cuba que se ha montado como antesala de la que harán los Reyes en 2019

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, confió en que la visita oficial a Cuba que concluye hoy sea "el anticipo" de un viaje de Estado de los Reyes el próximo año, cuando se cumplen 500 años de la fundación de La Habana. Sánchez, el primer jefe del Ejecutivo español que viaja oficialmente a la isla en 32 años, espera que "esta sea la primera de las muchas visitas oficiales que se hagan y sobre todo que sea el anticipo" de la visita de real.

El año pasado el Gobierno cubano cursó una invitación a Madrid para la realización de una visita "al máximo nivel" -previsiblemente de Felipe VI- y, aunque esta fue aceptada con la intención de que ocurriera "lo antes posible" y se negoció la posibilidad de que tuviera lugar a principios de este año, finalmente no se materializó.

El mandatario español subrayó hoy el "carácter histórico" de esta visita oficial que comenzó ayer y que "no ha sido un viaje más, teniendo en cuenta los importantes vínculos" humanos, históricos y económicos que unen a los dos países.

"Cuba ocupa un lugar privilegiado en el imaginario de los españoles, teníamos un déficit importante con Cuba", reconoció, para a continuación agradecer a su homólogo cubano, Miguel Díaz-Canel, la acogida y hospitalidad.

Consideró que el profundo afecto entre los pueblos español y cubano debe "tener un reflejo en la política" y de ahí este viaje, que pretende "normalizar la relación política y poner fin a "una anomalía que duraba ya demasiado tiempo".

El socialista Felipe González fue, en 1986, el último presidente del Gobierno español que visitó de forma oficial Cuba, ya que cuando el conservador José María Aznar (PP) estuvo en La Habana fue con motivo de la Cumbre Iberoamericana de 1999, a la que también asistió el hoy Rey emérito Juan Carlos I.

Sánchez recordó que Cuba vive un "nuevo tiempo" marcado por la llegada en abril de un nuevo presidente -Díaz-Canel relevó a Raúl Castro tras diez años del general en el poder- y el diseño de reformas económicas y constitucionales, ya que la isla debate ahora una nueva Carta Magna que irá a referendo en febrero.

"Queremos que España esté más presente en Cuba", subrayó el mandatario español, quien mostró la disposición de su país a "contribuir activamente en el proceso de reformas".

Sobre el contenido económico de su viaje, reiteró el interés de las empresas españolas, con las que hoy mantuvo un desayuno de trabajo y a las que después acompañó en un foro comercial para establecer contactos con empresas e instituciones cubanas.

Reiteró que transmitió a Díaz-Canel su preocupación por la deuda de 300 millones de euros que el estado cubano mantiene con las empresas españolas que operan en el país caribeño, así como el interés de que las compañías ibéricas puedan acceder a la licitación de obras de relevancia en la isla.

Preguntado por su decisión de no reunirse con la disidencia interna en este viaje, recordó que ayer se firmó un memorando de entendimiento sobre consultas políticas intergubernamentales que abre un diálogo en el que "también vamos, por supuesto, a dialogar sobre los derechos humanos en Cuba".

"Era necesario romper el hielo, hemos normalizado las relaciones políticas y vamos a continuar en los próximos años esa relación y a afianzarla", agregó.