Una bronca en el Congreso agrava la inestabilidad por el fiasco presupuestario y la crisis judicial

El Pleno del Congreso ha vivido este miércoles un episodio bochornoso a raíz de un rifirrafe entre el diputado de ERC Gabriel Rufián y el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell. Ha habido insultos, alboroto, expulsiones y hasta un supuesto escupitajo. La sesión ha pulverizado todos los estándares de la corrección parlamentaria y ha añadido dosis de inquietud ante un oscuro panorama. Al bloqueo de la renovación del poder judicial se suman unas decepcionantes previsiones económicas de la OCDE y el FMI y un toque de atención de Bruselas sobre los Presupuestos. Claro que, por lo que se refiere a las cuentas para 2019, no parece que exista ningún ‘riesgo’ de que sean aprobada. El número de Esquerra en el Congreso aleja aún más la posibilidad de un entendimiento con el Gobierno.

Rufián ha hecho gala de su estilo provocador cuando ha llamado “indigno” y “fascista” a Borrell, sobradamente conocido por su activismo en contra de los independentistas catalanes y persona poco grata para políticos como el diputado republicano. No puede decirse que la actuación de Rufián haya sorprendido salvo porque ha errado el tiro y ha saldado a través del ministro socialista sus cuentas pendientes con el PP y Ciudadanos, volcando en Borrell su frustración por tener que estuchar una y otra vez el apelativo de “golpista” en boca de los parlamentarios de esos dos partidos. Al final, solo ha conseguido hacer el juego a las formaciones a las que quería dejar en evidencia, alimentando la imagen de legislatura al borde de la disolución.

Gabriel Rufián ha calificado a Josep Borrell como “el ministro más indigno de la democracia” y el titular de Exteriores le ha respondido lamentando que no vaya al Congreso a debatir, sino a verter “una mezcla de serrín y estiércol”, que es “lo único que sabe hacer”. Las palabras de Borrell han motivado un largo aplauso del Grupo Socialista, puesto en pie, y también de diputados del PP. Rufián se ha levantado, abriendo los brazos para ‘recibir’ el aplauso de ambas bancadas y lanzando acusaciones de “vergüenza”, que han terminado, tras dos avisos iniciales de la presidenta, con su expulsión del hemiciclo.

Pastor ha subrayado que “el Congreso es la casa de la palabra, pero no se puede utilizar por ninguno para insultar”. Ha anunciado que retirará del diario de sesiones las palabras “fascista” y “golpista”, que el parlamentario de Cs Juan Carlos Girauta había dirigido previamente a los diputados de ERC, en un intercambio de descalificaciones que ya se produjo el martes en el pleno. Además, ha criticado que no solo haya insultos verbales sino también falta de respeto a la Presidencia y ha cuestionado que se refieran a ella con el “insulto machista” de “institutriz” cuando pide silencio y llama al orden a los diputados. “No hay honor mayor que presidir este pleno, pero no voy a permitir que cosas como las que han ocurrido esta mañana vuelvan a ocurrir en el hemiciclo”, ha concluido Pastor.

Mitin para insultar a Borrell pero con mensaje a Ciudadanos

Los exabruptos de Rufián se han producido al hilo de una pregunta sobre la valoración que hace el ministro de la gestión de su departamento. Es decir, era tan genérica que se puede interpretar como un mero pretexto para el mitin que el diputado de Esquerra llevaba en mente y que ha consistido en advertir a Borrell de que “no es un ministro”, sino “un hooligan”, un “militante de Sociedad Civil Catalana”, y “una vergüenza para su grupo parlamentario” porque ésta es “una organización de extrema derecha”.

Entre murmullos en el hemiciclo y llamadas al silencio por parte de la presidenta, Ana Pastor, el portavoz de ERC ha pedido a Borrell “que dimita” porque, a su juicio, le debería dar “vergüenza” haberse “mofado” en un mitin del presidente de ERC, Oriol Junqueras, “mientras se pudría en una cárcel de Madrid”. También por decir que Exteriores “compite” con la Generalitat en acción exterior cuando ésta tiene 60 millones de presupuesto y Exteriores de 1.500. “La diferencia entre usted y un ministro de Exteriores se llama Raul Romeva”, le ha espetado, en alusión al ex consejero de acción exterior, hoy en prisión y procesado por el referéndum del 1-O.

La pregunta ya había empezado con bronca al haber aprovechado Rufián para decir que cada vez que Ciudadanos llame “golpistas” a los representantes de ERC, y en consecuencia a sus votantes, él los llamará “fascistas”. Borrell ha dicho no saber de qué le estaba hablando en este punto y ha preguntado si le estaban llamando “racista” a él. Rufián le ha replicado recomendándole que vaya más a los plenos.

Después, Borrell, tras lamentar que no fuese a haber un debate con argumentos, se ha quedado sin apenas tiempo para responder, tras el largo aplauso de los suyos y la expulsión de Rufián. El diputado independentista se ha ido acompañado de sus compañeros de filas y se ha podido ver a Borrell encarándose con uno de ellos, Jordi Salvador, sugiriendo que le había escupido. “Creo que el Hemiciclo es el lugar donde se argumenta con la palabra, no el lugar donde se escupe a los diputados como acaba de ocurrir”, ha dicho, antes de que Pastor le advirtiese de que se había quedado sin tiempo y le cortase el micrófono. El ministro se ha desahogado en su cuenta de Twitter.

Rufián, por su parte, ha explicado el gesto de abrir los brazos que han inmortalizado las cámaras alegando que no se estaba entendiendo o no se etaba explicando correctamente.

Salvador ha negado haber escupido y ha asegurado que al pasar junto al ministro se ha limitado a hacer un gesto de “buff” ante la situación creada. Ha aclarado que se trataba de una situación “personal” entre ambos relacionada con el libro “Deconstruint Sociedad Civil Catalana (SCC)” de Jordi Borràs que le regaló Salvador a Borrell en una ocasión. El diputado independentista ha insistido en que “es mentira” que haya escupido al ministro porque “jamás” lo ha hecho con nadie. “Jamás escupiría a nadie. No soy así”, ha dicho Salvador.

El portavoz de Esquerra, Joan Tardá, ha comparecido en el escritorio acompañado de los otros siete diputados de su grupo para negar también el escupitajo y pedir el amparo de la presidenta del Congreso para revisar a través de las cámaras el momento exacto del incidente. La negativa de Tardá ha sido rotunda. El portavoz ha explicado además la indignación de su grupo por ese calificativo de “golpistas” que permanentemente les endosan cada vez que se dirigen a ellos, y se ha referido muy especialmente a los diputados de Ciudadanos.

Haya habido o no escupitajo, lo cierto es que el espectáculo parlamentario ha provocado sonrojo y cierto sentimiento de vergüenza en la mayoría de sus señorías. El PP, no obstante, ha aprovechado animar en las redes a censurar la conducta de Rufián.

ERC se ha apuntado de inmediato a la idea, pero cambiando sustancialmente el mensaje que proponer retuitear y entrando en una especie de compatición con el PP.

En los pasillos, el PP ha expresado su desacuerdo con Pastor por pretender retirar la palabra “fascista” del diario de sesiones. El vicesecretario de Organización del partido, Javier Maroto, ha asegurado que los ‘populares’ no comparten la decisión de la presidenta.  El PP va a llamar golpistas a “los golpistas independentistas de Cataluña porque lo son” y el uso de cualquier otra terminología “parecería un cambio de posición” que el partido no ha realizado, ha señalado y ha añadido: “Vamos a mantener con ella (en referencia a Pastor) un debate sobre esto porque consideramos que la palabra fascista es impresentable dentro del Congreso, pero hay un golpe de Estado que se ha producido en Cataluña y hay que llamar a los que lo cometen golpistas”.

Por su parte, el portavoz de Cs, Juan Carlos Girauta, no se ha pronunciado sobre la decisión adoptada por Ana Pastor, aunque sí ha señalado que el término “golpista” que siempre emplean para referirse a quienes proclamaron la independencia de Cataluña se usa para “personas que han dado un golpe de Estado”. Un golpe que Cs considera que se produjo en Cataluña porque lo vivieron y lo sufrieron, ha dicho Girauta, quien no tiene duda alguna de que tanto Carles Puigdemont como Oriol Junqueras “son golpistas”. Sobre la palabra “fascista”, como ayer llamó el portavoz de ERC, Joan Tardà, al líder de Cs, Albert Rivera, en el pleno, Girauta ha señalado que no reaccionaron porque no se sienten identificados con ese adjetivo. Lo que sí les ofendió más, ha asegurado, es que el PSOE no reaccionara porque, según Girauta, él no se hubiera quedado igual si hubieran llamado “fascista” a algún miembro del PSOE.

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