Un tercio de las viviendas de Sant Llorenç fueron construidas en una zona de riesgo

El Plan Hidrológico Nacional establece que se deben eliminar las construcciones situadas en tramos de ríos, arroyos y ramblas

La tragedia de Sant Llorenç, en Mallorca, ha hecho que vuelva a reabrirse el debate sobre la falta de medidas y de leyes para evitar que se construyan viviendas en zonas de riesgo cercanas a ríos y torrentes. Y es que, Sant Llorenç está clasificada como zona de riesgo potencial significativo de inundación según un estudio de 2016 realizado por el ayuntamiento de Manacor como informe previo a la redacción del Plan General de Ordenación Urbana. Según este documento, un tercio del pueblo está en una zona de riesgo. Esta fue una de las razones de la tragedia, además de un volumen de agua pocas veces visto (más de 230 litros por metro cuadrado en apenas unas horas) y la limitada capacidad de drenaje de la cuenca.

Pero anterior a ese informe hay un proyecto de mayor rango, el Plan Hidrológico Nacional, que establece en su artículo 28 que se deben eliminar las construcciones y demás instalaciones situadas en determinados tramos de ríos, arroyos y ramblas que se considere necesario para prevenir, controlar y proteger el dominio público. El artículo se aprobó a propuesta de Ecologistas en Acción tras la catástrofe del cámping de Biescas (Huesca), en agosto de 1996, cuando murieron 87 personas.

Según esta ONG al menos 45.000 construcciones en España, sobre todo viviendas y cámpings, están ubicadas en zonas de cauce de ríos, torrentes, ramblas o arroyos y que, por tanto, en  “alto riesgo de inundación” cuando se producen lluvias torrenciales.

“No se puede saber ni dónde, ni cuándo, ni cuánto va a llover con una antelación superior a una semana, pero siempre se sabe por dónde va a correr el agua, y ahí es donde hay que actuar” denuncia Santiago Martín Barajas, portavoz de la organización.

Las autoridades aseguran que ya no se están construyendo casas en lugares de riesgo, algo que muchos expertos ponen en entredicho, pero en cualquier caso subrayan que lo difícil es llevar a cabo los derribos de casas ya construidas. 

En cualquier caso, en Sant Llorenç, los vecinos podían esperarse una inundación, pero no una catástrofe de tal magnitud, sobre todo después de que el torrente de Ses Planes fuese encauzado con una caja de hormigón en 1989 después de otra tormenta fuerte. No es que la obra se construyese mal, pero sin embargo no estaba preparada para lluvias torrenciales tan fuertes, para las que haría falta un gigantesco cajón de unos 25 o 30 metros de ancho. El actual tiene 8 metros de ancho y 2 metros de altura, medida que fue ampliamente sobrepasada por la cantidad y la fuerza del agua.

En las casas más próximas al torrente, que en torno a las seis de la tarde empezó a ser pequeño para una lluvia diluvial, el agua llegó a alcanzar los 3 metros de altura, en otras un poco alejadas se llegó a los 1,7 metros y en algunas no superó el medio metro, suficiente para destrozar buena parte de una casa.

“Cada cuatro o cinco años se desborda, pero no así”, afirma en una plaza un hombre propietario de dos coches que se han esfumado como por arte de magia. Señala los lugares donde estaban aparcados mientras intenta sacar del garaje un tercero, un descapotable antiguo completamente mojado, dejando claro que no era la primera vez que algo así pasaba, a pesar de las obras llevadas a cabo.

“El torrente parece diseñado por un asesino en serie, pero fue la naturaleza la que lo hizo así“, explica el geólogo, Miquel Grimalt, director del departamento Geografía de la Universitat de les Illes Balears (UIB) en declaraciones a ‘El Mundo’. El géologo asegura que tras las obras de 1989, el torrente mejoró su capacidad, los vecinos se confiaron y “las construcciones en la zona se fueron acercando más al cauce“, lo que acabó resultando letal. Pero cree que todo fue fruto de “la mala suerte” y pide que no se busquen culpables..

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