La amenaza del adelanto electoral se cierne sobre Cataluña en pleno pulso entre Puigdemont y ERC

El insólito espectáculo del martes en el Parlament, cuando el independentismo perdió hasta seis votaciones sobre asuntos identitarios tan básicos como la autodeterminación, el referéndum y la república, ha desembocado en un cruce de acusaciones entre Junts per Catalunya y ERC que no es producto de una repentina inquina sino el resultado de un proceso en el que la desconfianza mutua ha erosionado sus relaciones a lo largo del último año. Tanto es así, que cuesta concebir que el Govern, que ambas formaciones comparten, pueda sobrevivir al fuego cruzado que ya se ha desatado.

Por eso se vuelve a hablar de la posibilidad de un adelanto electoral que, de materializarse, añadiría otra cita con las urnas a un año, 2019, que ya está sobrecargado. La eventual convocatoria por parte del presidente de la Generalitat no podría producirse antes del 27 de octubre, es decir, hasta que se cumpla un año desde la aplicación del artículo 155 de la Constitución por parte del Gobierno central. A partir de la publicación del decreto de convocatoria, habría que dejar pasar un plazo para celebrar los comicios -54 días según la LOREG y entre 40 y 60 según el Estatut-  que los acercaría peligrosamente a las elecciones en Andalucía (2 de diciembre), esas que la presidenta de la Junta, Susana Díaz, no quería que coincidieran con ninguna de las que están previstas para los próximos meses.

Si eso fuera así, se alterarían la previsiones que situaban las elecciones justo después de que se conozca la sentencia del juicio contra los dirigentes del ‘procés’, lo que sucedería probablemente después de mayo, es decir, una vez superadas las elecciones municipales autonómicas y europeas. Los tribunales tienen por costumbre evitar la coincidencia entre actuaciones con un innegable impacto político y los procesos electorales.

El caso es que al margen del calendario judicial y de lo que le convenga o no a Díaz, la política catalana se ha convertido en un auténtico caos desde el pasado martes, por mucho que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, trate de disimular su debilidad creciéndose en el Parlament. Eso es lo que ha hecho un día después, este miércoles, cuando careciendo ya de una mayoría independentista que le respalde, se ha atrevido a lanzar un nuevo ultimátum a Pedro Sánchez para que haga una propuesta sobre la forma de ejercer la autodeterminación en Cataluña. “El crédito del presidente Sánchez se ha acabado, tienen que entenderlo, necesitamos una oferta ya sobre la mesa”, ha incidido y ha indicado que en la primera y única reunión con el jefe del Gobierno ya le dijo que no quería que el encuentro fuera solo una foto. “Y me temo que lo que hicimos ese día fue una foto”, ha apostillado.

Las consideraciones anteriores se han producido en respuesta a una pregunta del primer secretario del PSC, Miquel Iceta, en la sesión de control del Parlament. Pero Torra ha dicho más cosas. En concreto, y en respuesta a otra pregunta del portavoz de Ciutadans, Carlos Carrizosa, ha vuelto a reivindicar la labor de los radicales en la defensa callejera del independentismo. Carrizosa le ha reprochado que sea “el cabecilla de los CDR (los Comités de Defensa de la República)” y el ‘president’ le ha replicado: “Si pretende que criminalice a los CDR no lo haré, tienen todo el derecho a seguir trabajando para su proyecto político”.

Torra ya desató la polémica el 1-O cuando animó a los CDR a “apretar” a los dirigentes soberanistas para que sigan avanzando hacia la república catalana. Unas horas después, esos mismos radicales intentaban asaltar el Parlament. Bien es cierto que lo hicieron al mismo tiempo que le pedían la dimisión al ‘president’ y le llamaban “traidor” por las cargas de los Mossos, un par de días antes, para reprimir brotes violentos contra una manifestación de policías y guardias civiles. Y esa desafección es lo que el presidente de la Generalitat parece querer revertir.

De cara a las próximas elecciones, JxCat y ERC tienen el reto de convencer a los votantes de que es la otra parte la que ha traicionado la causa independentista y provocado su naufragio. De momento, la formación de Carles Puigdemont pretende apuntarse el tanto a su favor que le sirve en bandeja el alineamiento de los republicanos con el PSC, un partido constitucionalista, en el pleno del martes.

Agustí Colomines, -historiador, ideólogo del independentismo catalán muy próximo a Torra y exdirector de la Escuela de Administración Pública de Cataluña- ha sido uno de los que han visto una maniobra perversa detrás de esa alianza parlamentaria. De hecho, ha criticado a ERC por sumarse “a los del 155 para aplastar a los diputados perseguidos. A eso se le llama síndrome de Estocolmo”.

Otro acontecimiento de los últimos días que han utilizado los independentistas más recalcitrantes, los que están más próximos a Puigdemont y su ‘teoría del caos’ -‘cuanto peor mejor para mis intereses’- es la visita que el presidente de la CEOE, Joan Rosell, y el secretario general de UGT, Pepe Álvarez, han realizado al líder de Esquerra, Oriol Junqueras, en la cárcel de Lledoners. No son pocos, entre ellos el propio Colomines, que han visto en la visita una especie de intermediación entre Junqueras y el Gobierno socialista, una vez comprobado que Torra se decanta por el activismo más que por la política. El caso de cultivo para su teoría son los rumores que han circulado en los últimos días sobre supuestas reuniones entre representantes de Moncloa y del PSOE y los republicanos para articular una estrategia conjunta.

En lo que ERC lleva las de ganar es en el ‘sacrificio’ de su líder, el encarcelado Junqueras, frente al de Puigdemont, que vive a lo grande en Waterloo desde que huyó para no someterse a la justicia española. Después de que el expresidente de la Generalitat  enviara su comunicado justificando por qué no estaba dispuesto a ser sustituido para que su voto se pudiera contabilizar en el pleno del martes, el portavoz de Esquerra en el Ayuntamiento de Barcelona, Jordi Coronas, le lanzó el siguiente desafío: “A ver, Carles, o aceptas la fórmula que permite que tu voto sea efectivo o vuelve para hacerlo personalmente. Deja de pedir a los otros lo que tú no estás dispuesto a hacer”.

La reacción de Coronas fue el resultado del enfado que produjeron en las filas republicanas las ‘lecciones’ que el expresidente y los otros tres diputados de JxCat que se negaron a la sustitución -Jordi Turull, Josep Rull y Jordi Sànchez, que a diferencia de su jefe de filas permanecen en prisión provisional- impartían desde el mencionado comunicado. En él se daba a entender que, al plegarse a la sustitución sugerida por el juez Llarena en su auto de procesamiento, ERC estaría aceptando que el Tribunal Supremo alterara “la normalidad parlamentaria emanada de las urnas” en las elecciones del 21 de diciembre. Es más, los diputados republicanos sustituidos se estarían sometiendo a una resolución judicial “torticera” y ayudando a “blanquear una decisión manifiestamente injusta y de una gravedad sin matices en términos democráticos”. En contraste, los firmantes del texto afirmaban tener el convencimiento de que “hoy todavía estamos en prisión por no haber renunciado al acta de diputado”.

Pero el tuit de Coronas no logró sino encender los ánimos de los junteros. Fue entonces cuando Colomines volvió a pronunciarse: “Lo que faltaba para el duro: ⁦ @ jordicoronas⁩ convertido en un vulgar Llarena. De momento, que yo sepa, este señor duerme caliente”:

Este cruce de tuits dan una idea de los exaltados que están los ánimos en las filas independentistas. Por si faltaba algo, el Grupo de Catalunya en Comú-Podem en el Parlament ha ofrecido a Torra, un “pacto global” para pactar los Presupuestos a nivel estatal, autonómico y de la capital catalana. Los comunes se convertirían así en un apoyo fundamental para el Ejecutivo en estos momentos de zozobra. Ahora bien, el ‘president’ ha puesto como condición la necesidad de que el acuerdo implique avances en “el derecho a la autodeterminación”. “¿Cuál es su propuesta en este pacto a tres, entre Estado, Ayuntamiento y gobierno de la Generalitat, sobre el derecho a la autodeterminación? ¿Cuál es el límite que ponen ustedes para llegar a un acuerdo con el Estado para el derecho a la autodeterminación,?”, ha preguntado Torra, sin obtener respuesta porque la portavoz de los comunes ya había consumido su tiempo.

Así las cosas, el próximo viernes hay prevista una reunión que puede ser crucial para definir estrategias y saber qué puede ocurrir en Cataluña en las próximas semanas. El PDeCAT reunirá a su Ejecutiva, pese a ser un día festivo, para analizar la situación. La reunión llega después de que el PDeCat celebrara en julio su primera Asamblea Nacional en la que se diseñó una nueva estrategia para los próximos cuatro años y se renovó la dirección, colocando a Bonvehí en la presidencia y a Míriam Nogueras en la vicepresidencia. Ambos relevaron a Marta Pascal, que había sido cuestionada por Puigdemont. Pero eso no significa que se haya cerrado el debate sobre el papel del expresidente y su afición a ir por libre sin contrar con nadie.

El partido tiene que prepararse ahora para confluir con la Crida Nacional, la enésima reconversión de la antigua Convergéncia, cuya presentación en sociedad está prevista para el 27 de octubre, coincidiendo con el aniversario de la Declaración Unilateral de Independencia. Otro debate que sigue latente es si disolver el PDeCAT en un movimiento tan alejado ideológicamente de lo que representaba Convergència puede ser rentable electoralmente. En medio de la polémica está el grupo parlamentario del Congreso, dividido entre los partidarios de intensificar la negociación con el Gobierno del PSOE y los defensores del ultimátum de Torra.

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