Sánchez aprueba los primeros 100 días de Gobierno sin estabilidad y entre rectificaciones

El Presidente tendrá el martes su primera día y en el otoño una cita electoral en Andalucía sí Susana Díaz adelanta elecciones mientras el negocia con nacionalistas y Podemos los Presupuestos de 2019

Pedro Sánchez, que el próximo martes se enfrenta a su primera Diada de Cataluña, ha superado sin problemas de estabilidad y disfrutando del poder de manera ostensible sus 100 primeros días en la presidencia del Gobierno.

A donde llegó tras ganar el pasado 1 de junio una moción de censura que el PSOE presentó contra Mariano Rajoy que prosperó porque Rajoy no dimitió durante el debate y gracias a la ayuda del PNV -partido que traicionó al PP-, los soberanistas catalanes de PDeCAT y ERC, a los que Sánchez prometió concesiones y diálogo, y con especial apoyo de Podemos a cambio de una nueva agenda económica y social del Gobierno.

Un Gabinete con una amplia mayoría de mujeres en los ministerios que se estrenó con el fiasco del ministro de Cultura Màxim Huerta obligado a dimitir por sus problemas con Hacienda y la novedad del astronauta Pedro Duque como titular de la cartera de Ciencia y Tecnología.

Y un Gobierno que arrancó con cuatro sonoras y controvertidas iniciativas como lo han sido: el pomposo recibimiento del buque Aquarius en Valencia con más de 800 inmigrantes a bordo; el anuncio de la exhumación de los restos de Franco para sacarlo del Valle de los Caídos (lo que va para largo); el inicio del diálogo en Moncloa con el Presidente de la Generalitat, Quim Torra, después de dos públicos desprecios del catalán al Rey Felipe VI; y el traslado a Cataluña y al País Vasco de presos golpistas catalanes y presos de ETA, respectivamente.

Junto a estas iniciativas han aparecido llamativas rectificaciones de Sánchez y varios de sus ministros en: la inmigración, el futuro del Valle de los Caídos y exhumación de Franco, la defensa del juez Llarena en Bélgica, el sindicato de las trabajadoras del sexo, los impuestos al gasóleo y a la Banca, y el veto a la venta de bombas a Arabia Saudita. El que se empieza a rectificar para que los saudíes no suspendan el contrato de compra a España de cinco fragatas que se iban a construir en Navantia (Cádiz).

Errores de bulto y llamativos de un Gobierno donde, salvo Josep Borrell, todos carecen de experiencia en gestión y en algunos casos de conocimiento de las carteras encomendadas como ocurre a Robles en Defensa y a Ábalos en Fomento (desde donde ayer despreció a los manifestantes extremeños que piden un tren digno entre Madrid y Extremadura).

Un Gobierno de Sánchez que ahora tiene problemas con Arabia Saudí y Marruecos (por no haber visitado Sánchez Rabat en su primer viaje oficial como es la costumbre) con la continua salida de pateras marroquíes llenas de inmigrantes hacia España y por problemas en Ceuta y Melilla. Dos crisis diplomáticas con dos naciones tradicionalmente amigas de España por la impericia política de Sánchez.

El que sí ha desarrollado una intensa actividad internacional (presumiendo de avión oficial) con encuentros bilaterales con Merkel y con Macron y viajes a Portugal, Chile, Bolivia, Colombia, Costa Rica y Santo Domingo y con su presencia en dos Cumbres Europeas y otra de la OTAN en donde saludó al presidente Trump.

Por el momento Sánchez sobrevive en La Moncloa a base de decretos ley, que tiene que convalidar en el Congreso (logró el de sanidad universal). Pero tiene como objetivo lograr un pacto económico y social para aprobar los Presupuestos de 2019 y evitar elecciones o tendrá que renovar las cuentas públicas de 2018 redactadas por el PP de Rajoy, en un tiempo en el que el crecimiento y el empleo empiezan a flaquear y cuando Pablo Iglesias le exige desde Podemos un mayor ajuste fiscal a ricos, Banca y grandes empresas.

El primer balance de los 100 primeros días de Gobierno es de un aprobado raso, con muchos gestos progresistas, poca estabilidad y ambigüedad con el separatismo catalán que el martes celebra la Diada dedicada a los presos golpistas. Y también con cierta habilidad para asegurarse por el momento su estabilidad parlamentaria.

Y enfrentado Sánchez a una oposición de derechas más radicalizada que estrena a Pablo Casado como líder del PP y con un Albert Rivera furioso porque Sánchez, sin pasar por unas elecciones, llegó a la cúpula del poder. Entre otras cosas porque Rivera, cuando pudo, no obligó a Rajoy a un adelanto electoral y también porque Rajoy (y aún no ha explicado por qué) se negó a dimitir en la moción de censura y le regaló a Sánchez el poder.

Del que está disfrutando y de lo lindo como se aprecia en su inagotable sonrisa y en las buenas expectativas electorales que le brindarán ahora las nuevas encuestas. Aunque puede que el primer sondeo importante para él sea el de las elecciones andaluzas del otoño que Albert Rivera y Susana Díaz parece que están preparando para, entre otras cosas, sorprender a Podemos y al nuevo PP.

RELACIONADO