Brotes de xenofobia en Brasil y Costa Rica contra venezolanos y nicaragüenses

Los ataques de brasileños contra campamentos de inmigrantes venezolanos en la ciudad fronteriza de Pacaraima han hecho que 1.200 personas abandonen el país y han elevado la tensión en una región que pide auxilio al Gobierno. Por otro lado, una inédita y violenta manifestación xenófoba en contra de los nicaragüenses ha encendido las alarmas en Costa Rica, un país en el que al menos el 8 por ciento de su población es inmigrantes y que históricamente ha dado asistencia a personas que huyen de sus países.

Pacaraima vive este domingo una calma tensa después de las protestas del sábado, que derivaron en actos vandálicos contra los inmigrantes venezolanos que huyen de la crisis económica, política y social que atraviesa su país.

Vecinos de esta pequeña localidad de 12.000 habitantes, en el empobrecido estado de Roraima (norte), expulsaron a venezolanos de las tiendas de campaña donde sobreviven y las prendieron fuego junto con sus objetos personales. También cortaron durante cinco horas la principal vía de acceso al municipio a grito de “fuera venezolanos”, según vídeos de las protestas divulgados por redes sociales.

El motivo, la agresión de un conocido comerciante local a manos, supuestamente, de un grupo de venezolanos, que intentaron asaltarle en casa con su familia, de acuerdo con el Gobierno de Roraima.

La ola de violencia ya ha provocado que al menos 1.200 venezolanos hayan decidido recoger sus pertenencias y abandonar Brasil para poner rumbo al lugar del que se fueron, según confirmó el Ejército brasileño.

Pacaraima se ha convertido en la principal puerta de entrada de los 50.000 venezolanos que en el último año y medio han llegado a Brasil para intentar rehacer sus vidas. Se estima además que cerca de 400 cruzan diariamente la frontera.

 

Por su parte, el presidente brasileño, Michel Temer, se reunió este domingo con varios de sus ministros, entre ellos el de Defensa, general Joaquim Silva e Luna, y Seguridad, Raul Jungmann, para tratar el asunto. El Ministerio de Seguridad informó el sábado de que enviará un efectivo extra de la Fuerza Nacional a Pacaraima con previsión de que llegue este lunes, aunque no ofreció más detalles.

No obstante, la gran mayoría de los inmigrantes venezolanos deciden instalarse a unos 200 kilómetros más al sur, en Boa Vista, la capital de Roraima, donde se encuentran casi todos los centros de acogida y se estima que hay unos 25.000, muchos de ellos en condiciones muy precarias.

Esa parte de la frontera, la de Roraima, ya estuvo cerrada a principios de agosto durante unas 20 horas tras una sentencia de una juez federal, que fue revocada poco después por un tribunal superior.

En los últimos meses, el Ejecutivo ha creado un grupo de trabajo específico para la zona e impulsado una serie de medidas humanitarias, en las que participan el Ejército y organismos internacionales, aunque no parecen ser suficiente para Campos.

A esas críticas se unió la influyente Orden de los Abogados de Brasil (OAB), que comentó que, tras el “grave episodio de violencia” vivido en Pacaraima, “cabe al Gobierno Federal una actuación urgente antes de que ocurra una tragedia”.

El presidente de la OAB, Claudio Lamachia, subrayó que “lo que era una cuestión humanitaria ahora tiene una fuerte connotación de seguridad”, por eso, los Estados brasileños “necesitan organizarse para recibir a los venezolanos y dar un ejemplo al mundo de democracia y solidaridad”.

Hasta el momento unos 800 venezolanos ya han sido ubicados en diferentes ciudades brasileñas como Sao Paulo, Brasilia y Río de Janeiro.

Aun así, el drama del éxodo venezolano afecta más gravemente a otros países latinoamericanos, como Colombia o Perú. De hecho, la mitad de los que llegaron a Brasil (54 %) desde 2017 ya han abandonado el país, según el Gobierno.

Brote xenófobo en Costa Rica

Por otro lado, una inédita y violenta manifestación xenófoba en contra de los nicaragüenses ha encendido las alarmas en Costa Rica, un país en el que al menos el 8 por ciento de su población es inmigrantes y que históricamente ha dado asistencia a personas que huyen de sus países.

Las redes sociales se convirtieron en el canal para convocar el sábado a una manifestación que se hacía llamar “pacífica” y “nacionalista” y que pretendía “recuperar” y plantar una bandera de Costa Rica en el parque La Merced, un sitio de reunión de nicaragüenses en el centro de San José.

La manifestación, que pocos esperaban tuviera el apoyo de los cientos de personas que se sumaron, acabó en disturbios, insultos y agresiones hacia los nicaragüenses, además de dejar un saldo de 44 detenidos y el decomiso de bombas molotov, machetes y cuchillos. Entre los detenidos hay personas que profesan la ideología nazi, anarquistas y miembros de las violentas hinchadas de fútbol, pero no se ha identificado a algún grupo o persona en particular a la que se atribuya la organización.

Con los flujos migratorios que se están presentando debido a la crisis que vive Nicaragua desde abril y tras el asesinato de una turista española el pasado 4 de agosto, aparentemente a manos de un nicaragüense indocumentado, se exacerbaron los comentarios xenófobos en redes sociales.

Un gran número de noticias falsas que circulan en redes acerca de crímenes cometidos por extranjeros y hasta de invasiones de militares y paramilitares también formaron parte del caldo de cultivo.

Últimamente muchos comentarios de lectores a noticias sobre migración, sucesos o alguna transmisión en redes del presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado, exigen la salida de los nicaragüenses del país y el cierre de fronteras.

La crisis sociopolítica que vive Nicaragua desde hace cuatro meses por las protestas contra el Gobierno de Daniel Ortega ha causado un importante flujo migratorio hacia Costa Rica, cuya magnitud nadie ha cuantificado con precisión.

El único dato tangible es el trámite de al menos 20.000 solicitudes de refugio, aunque el Gobierno costarricense afirma que el 80 por ciento corresponde a nicaragüenses que vivían en Costa Rica de manera irregular desde antes de la crisis y que pretenden regularizar su situación migratoria.

Los flujos migratorios de nicaragüenses hacia Costa Rica vienen de lejos. Miles salieron de su país en la época de la dictadura de Anastasio Somoza y en la guerra de la década de 1980, una migración que se ha mantenido constantes debido a la pobreza y falta de empleos.

En Costa Rica, un país de 4,9 millones de habitantes, los datos oficiales indican que viven unos 400.000 nicaragüenses, pero organizaciones no gubernamentales calculan que son muchos más.

La manifestación xenofóbica de este sábado, en el que se escuchó a personas decir que no hay trabajo, ayudas sociales ni atención médica para los costarricenses por culpa de los nicaragüenses, ha encendido las alarmas de las autoridades y ha sido condenada por organizaciones como la ONU.

 

Costa Rica, que no tiene ejército desde 1948, ha sido históricamente un sitio de refugio y asistencia a inmigrantes, como los chilenos durante la dictadura de Augusto Pinochet y los colombianos durante el conflicto armado interno. Más recientemente Costa Rica ha recibido flujos de venezolanos, cubanos, haitianos, africanos y centroamericanos que huyen de las pandillas. En total, en este país hay al menos 4.500 personas con estatus de refugiado.

No ha sido hasta ahora que la xenofobia y el racismo que se aprecia en redes sociales se materializa en una protesta en las calles y en hechos de violencia.

El Gobierno ha condenado las expresiones de odio hacia los inmigrantes y está previsto que el presidente Alvarado se dirija hoy al país para referirse a este tema.