La ciática (o la borrachera) de Juncker durante la cumbre de la OTAN en Bruselas

Los presidentes de Finlandia y Ucarania, Sauli Niinistö y Petró Poroshenko, le tuvieron que ayudar para no perder el equilibrio

Son varias las ocasiones en que hemos podido ver al presidente de la Comisión EuropeaJean-Claude Juncker, actuando de forma extraña e incluso tambaleándose en público en cumbres y actos oficiales. Para la sensacionalista prensa inglesa no hay debate; Juncker bebe demasiado y el alcohol le pasa factura. Sin embargo, él siempre ha argumentado que la culpa es de la ciática, de unos problemas de espalda que no le dejan hacer una vida normal.

Ahora, la salud del presidente ha vuelto a ser motivo de debate tras distribuirse unas imágenes que han corrido como la pólvora en redes y que fueron grabadas antes de una cena de gala de la cumbre de la OTAN. En ellas se puede ver como Juncker camina con dificultad y varios líderes le tienen que ayudar a andar y a bajar unas escaleras.

Algunos mandatarios, entre ellos los presidentes de Finlandia y Ucarania, Sauli Niinistö y Petró Poroshenko tienen incluso que sujetarle para que no pierda el equilibrio. 

En las redes sociales también hay un veredicto para su estado: “Va ciego” o “es el Maradona de la OTAN” son algunos de los comentarios que pueden leerse en Twitter.

A pesar de todo esto, la Comisión ha asegurado que se trata de un tema de salud que afecta a su movilidad y señalan que se trata de una antigua “ciática”.

De hecho, el líder europeo fue visto entrando por una entrada lateral al edificio donde se iba a realizar la cena de gala en silla de ruedas y ayudado por varias personas.

El pasado 13 de septiembre, Juncker, hizo una intervención más corta de lo previsto en el Parlamento europeo debido, según explicó él mismo, a que sufrió un ataque de ciática, dejando sin respuesta las preguntas de los eurodiputados.

Hace menos de un mes, en el Parlamento irlandés, Juncker accedió con muchas dificultades a la tribuna y por entonces argumentó un problema de espalda que él mismo se encargó de aclarar él mismo: “No estoy borracho, tengo ciática, preferiría estar borracho”, bromeó al respecto, sabiendo que se iba a volver a debatir sobre su estado.

Si nos remontamos más atrás debemos recordar un episodio especialmente llamativo que tuvo lugar en 2015 en la Cumbre de Riga. Allí, Juncker recibió a los líderes políticos especialmente activo y con mucha efusividad, abofeteando a más de uno, y haciendo extraños gestos propios de alguien que se ha pasado con las copas.

Cuando llegó el presidente húngaro, Viktor Orbán, de extrema derecha, con una sonrisa al grito de: “¡Dictador!”. Y todo esto ante la inquieta mirada de Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, visiblemente incómodo.