May vuelve a sofocar una rebelión en sus propias filas contra el Brexit

La 'premier' británica ha obtenido una nueva victoria parlamentaria para mantener la hegemonía del Gobierno en el Brexit

La primera ministra británica, la conservadora Theresa May, ha logrado este miércoles contener una rebelión en las filas de su partido en una votación clave para la ley del Brexit, por segunda vez en apenas siete días.

Con un ajustado margen de 16 votos (319 frente a 303), la Cámara de los Comunes rechazó una enmienda que otorgaba al Parlamento las riendas de las negociaciones con Bruselas en caso de que al acercarse la fecha del Brexit, el 29 de marzo de 2019, el Gobierno no haya llegado a un acuerdo con la Unión Europea (UE).

Un grupo de diputados conservadores amenazaba con respaldar esa cláusula, introducida por la Cámara de los Lores, pero capituló minutos antes de la votación ante las concesiones otorgadas por el Gobierno, como ya ocurrió el pasado miércoles con una enmienda en términos similares.

La cámara alta analizará este miércoles por la noche por tercera vez la legislación, que quedará lista para que Isabel II le otorgue su consentimiento real si no se agregan nuevas modificaciones.

El Ejecutivo de May considera que la posibilidad de levantarse de la mesa en Bruselas sin haber llegado a pactar los términos de la salida de la UE refuerza su mano negociadora ante los veintisiete socios comunitarios restantes.

Por ese motivo, ha rechazado en dos ocasiones consecutivas sendas cláusulas aprobadas por los Lores que daban poder al Parlamento para vetar una eventual retirada de la Unión sin un acuerdo.

En caso de que a finales de enero del próximo año aún no estén claros los términos de salida o bien los diputados hayan rechazado un eventual pacto entre Londres y Bruselas, el Gobierno se ha comprometido a presentar ante las cámaras una moción “neutra” que detallará sus planes a partir de entonces.

Los diputados no tendrán capacidad para aprobar o rechazar esa moción, pero el Gobierno ha matizado que el presidente de los Comunes, John Bercow, podrá decidir si acepta la introducción de enmiendas.

Esa concesión, la cual abre la puerta a que una cláusula al texto del Ejecutivo le obligue a continuar negociando un acuerdo, convenció al grupo de “tories” rebeldes, liderado por el ex fiscal general británico Dominic Grieve.

“Aunque con algunas dificultades -más de las que esperaba- hemos obtenido finalmente el reconocimiento obvio de la soberanía de esta Cámara sobre el Ejecutivo“, dijo Grieve

El ministro británico para el Brexit, David Davis, acusó por su parte a los Lores de “ralentizar” las negociaciones con Bruselas, debido a sus enmiendas.

“Cuando ellos (la UE) creen que nosotros podemos estar obligados a cambiar nuestra postura y aceptar la suya, dejan de avanzar. No podemos permitir que una situación como esa se convierta en algo común durante todas las negociaciones“, afirmó el ministro.

Desde la oposición, el laborista Hilary Benn criticó que se haya eliminado la enmienda para dar mayor capacidad de control al Parlamento.

“Si afrontamos la perspectiva de que no haya acuerdo, el Gobierno presentará una moción en términos neutrales. ¿Por qué haría eso si no es para evitar que el Parlamento dicte que hay que seguir un curso de acción diferente?“, se cuestionó Benn, quien consideró que se trata de “un intento de neutralizar” a las cámaras.

Miembros del Partido Laborista criticaron asimismo que los conservadores hayan vetado en la sesión de hoy, en la que se preveía una votación ajustada, que los diputados con problemas de salud pudieran emitir su voto desde fuera de la cámara, como es habitual en otras ocasiones.

Ante esa situación, algunos parlamentarios entraron en el palacio de Westminster en silla de ruedas y al menos dos diputadas en las últimas semanas de su embarazo votaron también de forma presencial, informaron medios británicos.

El Gobierno de May espera continuar negociando en los próximos meses los detalles sobre su futura salida de la UE, un diálogo que se centra, en particular, en encontrar formas de evitar que se levante una frontera entre la República de Irlanda y la región británica de Irlanda del Norte tras el Brexit.