Pedro Sánchez cesa a Màxim Huerta que se despide con un furibundo alegato contra sus críticos

Seis días después de tomar posesión del cargo, Màxim Huerta ha dimitido como ministro de Cultura tras aparecer envuelto en un escándalo de corrupción por una de las conductas que más reproche social suscitan: el fraude fiscal. Después de hacer declaraciones durante toda la mañana rehusando renunciar, Huerta ha comparecido en una rueda de prensa en la que ha llamado “jauría” a los críticos que durante todo el día le han exigido un paso atrás y se ha proclamado víctima de una “caza de brujas” emprendida por Hacienda contra periodistas y creadores por su oposición al Gobierno del PP. “Me voy para no partirme yo y para que el ruido de toda esa jauría no parta el proyecto en el que creo”, ha dicho.

Huerta, que este viernes hubiera cumplido una semana como ministro, puede exhibir ya el título de ‘ministro más efímero de la democracia española’, por delante de los dos que hasta ahora encabezaban la clasificación: completa José Luis García Ferrero (ministro de Agricultura con UCD, 81 días) y Román Escolano (ministro de Economía del PP, 85). Prueba de su fugaz paso por el Ministerio ha sido la imagen de su comparecencia en la que podía verse a su espalda un cartel con el rótulo Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Y es que no ha dado tiempo a cambiarlo por el de Ministerio de Cultura, que es el que correspondía con el nuevo Gobierno.

El exministro ha explicado que ha tomado la decisión de dimitir pensando en las dos cosas en las que más cree en esta vida, la cultura y la transparencia política. “Y lo hago a sabiendas de que soy absolutamente inocente”, ha asegurado antes de insistir en los mismos argumentos con los que se ha justificado durante toda la mañana en diversas entrevistas y que no concuerdan con los que se esgrimen en la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid a la que ha tenido acceso ‘El Confidencial’. Sobre Huerta pesan en realidad dos sentencias del TSJM que le obligaron a abonar a Hacienda 366.000 euros por un fraude cometido entre 2006 y 2008 de más de 250.000, lo que da una idea de la envergadura del fraude. Este miércoles por la mañana el todavía titular de Cultura ha considerado que se trataba de un “asunto cerrado” pero la polémica, lejos de darse por zanjada, ha seguido creciendo.

Pese a los hechos que el tribunal considera probados, Huerta ha insistido en su inocencia. En su comparecencia, de unos diez minutos y tras la que no ha admitido preguntas, ha dicho que no importa que no haya cometido ningún fraude fiscal “sino que lo que importa es el bombardeo que lo que busca es minar el proyecto de regeneración y de transparencia del presidente Sánchez. Y no voy a permitirlo”. Ha recordado los motivos por los que aceptó la propuesta del jefe del Ejecutivo para hacerse cargo de la cartera de Cultura, el compromiso más importante de su carrera profesional y su vida personal, y ha asegurado que lo hizo convencido de que podía servir a su país y a la cultura, pero sabiendo que iba a ser el “blanco de las críticas por haber trabajado en un medio de comunicación que todos ven y todos demonizan”.

Su inocencia, según él, se justifica porque la conducta que se le imputa era extensible al colectivo de artistas y creadores que facturaban sus ingresos de la misma manera. Lo hizo -ha señalado- en un momento en el que, “como tanta gente de este país, se facturaba a través de una sociedad. Y no era ilegal en ese momento”. En ese sentido, ha recordado que en aquel entonces se llegó a decir que “era una caza de brujas contra críticos de aquel gobierno”. Lo cierto es que Huerta no es conocido precisamente por ser un gran detractor del gobierno del PP ni de ningún otro.

Ha destacado que ha pagado la multa dos veces. La primera multa, ha explicado, fue la que Hacienda le pidió con efectos retroactivos por hacer algo que no era ilegal en su tiempo: “Y la pago ahora, aquí, por segunda vez, consciente de que la inocencia no vale de nada ante esta jauría”. Y ha rematado su alegado de esta manera: “Corren nuevos tiempos, tiempos en los que hasta los inocentes prefieren irse antes de que cualquier sombra de sospecha perjudique a los que quieren poner un nuevo rumbo, aire fresco, política limpia después de décadas de corrupción y expolio público. Ha sido tremendo”.

Una sociedad pantalla con el único fin de tributar menos al fisco

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) en dos sentencias de mayo de 2017 condena a Huerta por dejar de pagar la citada cantidad correspondiente a los ejercicios fiscales de 2006, 2007 y 2008 en los que habría facturado 798.521 euros a través de la sociedad Almaximo Profesionales de la Imagen SL, sociedad de la que era único accionista y administrador desde enero de 2006.

Según ‘El Confidencial’, el TSJM constató que en 2006, cuando su mercantil facturó 207.920 euros, Huerta se imputó gastos por valor de 134.303,78 de los que solo 43.770,10 euros “estaban relacionados con su actividad artística”. En 2007, Almaximo Profesionales de la Imagen SL percibió 287.094,7 euros y el dimisionario le repercutió costes de 213.751,50 euros, de los que únicamente son justificables 80.480,83. Y en 2008, tras ingresar 303.506,2 euros, la mercantil se dedujo 110.796,98 euros, de los que solo 24.451,38 euros eran reales. El fraude original fue de 218.322 euros, pero teniendo en cuenta la subida del IPC de abril de 2007 hasta abril del año pasado, la cifra actualizada del fraude equivaldría a 253.253 euros.

La Agencia Tributaria descubrió que Almaximo Profesionales de la Imagen SL declaró como gastos de la “actividad artística” que el periodista realizaba en Madrid la compra y el mantenimiento de un apartamento situado en la costa de Alicante. El fin perseguido era recortar su base imponible y así pagar menos impuestos. Además, el hasta ahora titular de Cultura tributó por el impuesto de sociedades y no por el IRPF, como debería haber hecho, eludiendo así “los tipos impositivos progresivos y más elevados” del impuesto sobre la renta y “engrosando además indebidamente el capítulo de gastos”.

Lo que se deduce de todo lo anterior es que hubo una clara voluntad de ocultar grn parte de la facturación real para tributar menos de lo debido, lo que en absoluto se corresponde con las explicaciones que ha dado el propio interesado nada más saltar la noticia. “Este asunto -ha precisado- no es como ministro de Cultura, es un asunto de Màxim Huerta de hace unos años y de pronto cambió un criterio (fiscal) y asumí la responsabilidad como ciudadano, como les pasó a cientos de periodistas, de creadores y de artistas en su momento”. Le ha contradicho el presidente del sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), Carlos Cruzado, quien en declaraciones a La Sexta ha dejado claro que no se produjo tal “cambio de criterio” en la Agencia Tributaria, porque nunca estuvo permitido utilizar “una sociedad de forma instrumental como pantalla” para “eludir el pago del impuesto”. “Sin duda, podemos hablar de fraude fiscal y la sentencia habla de elusión en el pago del impuesto sobre la renta”, ha añadido.

“No hubo mala fe y no oculté nada. Cotizaba como sociedad y Hacienda revocó esa manera de tributar y lo primero que hice fue pagar, acepté mi responsabilidad como ciudadano”, ha declarado también Huerta a Onda Cero. En cambio, el fallo del TSJM estima que la conducta “no puede ser calificada sino de voluntaria y culpable”, en el sentido de que “se entiende que le era exigible otra conducta distinta, no pudiéndose apreciar buena fe en su actuación en orden al cumplimiento de sus obligaciones fiscales”. El tribunal no duda en calificar de “culpable” la conducta del sujeto infractor y de concluir que “la buena fe o inexistencia de culpa, presumida por la ley, queda destruida por la prueba de que ha actuado, cuando menos negligentemente, con el resultado de eludir el cumplimiento de sus obligaciones tributarias en perjuicio del Erario público”.

La presión política y la presión de la hemeroteca

En la decisión de Huerta de renunciar al cargo ha pesado sin duda la presión política que ha ido subiendo de intensidad a medida que avanzaban las horas.

La portavoz adjunta del PP en el Congreso Susana López Ares ha advertido de que llegarían hasta su reprobación si el presidente del Gobierno no le cesaba antes. “Ya vemos lo que es el Gobierno de Sánchez, ha nacido un gobierno de una moción que era falsa, y ahora cuando tienen un caso grave dentro nos encontramos con el silencio”, ha dicho y ha lamentado que esta es la “regeneración” del PSOE, la de los ERE y otros casos de corrupción. La portavoz nacional de Ciudadanos y líder del partido en Cataluña, Inés Arrimadas, ha anunciado que pedirían la comparecencia ante el Congreso de Huerta para que diera “explicaciones” sobre la sanción de Hacienda. Arrimadas no ha aclarado si estaban dispuestos a pedir su dimisión ya que, según ella, “lo más sensato” era esperar a que se produjeran esas explicaciones para, a partir de ahí, decidir los pasos a dar.

Quien sí había exigido la dimisión “inmediata” de Huerta es el líder de Podemos, Pablo Iglesias, tras advertir de que “un ministro que ha defraudado a Hacienda no debe ser ministro y creo que sería enormemente triste que el Gobierno de Pedro Sánchez tuviera que convivir con ministros reprobados como los que tenía el PP”. El secretario general de Podemos ha dicho tener la seguridad de que Sánchez es “consciente de que su Gobierno es el resultado de una moción de censura contra la corrupción” y que “no se puede permitir” tener ministros reprobados, por lo que esperaba la rectificación de Huertay que anunciara su dimisión, como finalmente se ha producido. A su juicio, “si el señor Màxim Huerta trató de defraudar a Hacienda tiene que dimitir inmediatamente y si no Pedro Sánchez le tiene que destituir” porque el Gobierno tendrá el apoyo de Podemos en las acciones “justas”, pero tiene que demostrar que se puede “gestionar de manera distinta a la del PP”.

A todas estas presiones se ha sumado la de la hemeroteca, gracias a la cual han vuelto al primer plano unas declaraciones de Sánchez de 2015 a propósito de las informaciones sobre la sociedad que montó el exnúmero tres de Podemos, Juan Carlos Monedero, con el mismo fin que Huerta: tributar menos a Hacienda.

Un año después, en 2016, el nombre del entonces ministro de Industria, Juan Manuel Soria, apareció en los llamados ‘Papeles de Panamá’. Sánchez reclamó en Twitter su dimisión y puso como ejemplo la renuncia del primer ministro islandés, David Gunnlaugsson, que también aparecía en esos documentos.

RELACIONADO