Un Rajoy agotado, abandonando al PP y harto de copas, le regaló a Pedro Sánchez el poder

Aunque es tarde y no hay vuelta atrás, conviene repasar lo ocurrido en los últimos días para entender la sorprendente e inesperada llegada de Pedro Sánchez al poder y la creciente y soterrada indignación contra Rajoy de exministros y dirigentes del PP. ¿Que ocurrió? 

Pues ocurrió que, con unas copas encima, bastante deprimido y alarmado por las últimas amenazas de Bárcenas y abandonado por el PNV (al que había llenado de regalos), Mariano Rajoy decidió regalar el poder a Pedro Sánchez en la tarde del pasado día 31 de mayo, ausentándose del banco azul del Congreso durante el debate la moción de censura y negándose a dimitir como lo pedían dirigentes del PP y miembros de su Gobierno.

Todos ellos alarmados por la quietud de Rajoy al que animaban a dimitir para frenar la censura, intentar provocar elecciones generales anticipadas y evitar que Pedro Sánchez llegará a la Moncloa tras ganar –como ya era previsible- la votación de la censura y de su investidura en la mañana del viernes 1 de junio, tal y como ocurrió.

Pero Rajoy, con el desprecio con el que habitualmente maltrata a los suyos, decidió tirar el poder por la ventana y lo entregó a un astuto y empecinado Pedro Sánchez que jugó sus cartas con gran habilidad. Y que no tuvo que hacer ninguna concesión a quienes lo acompañaron en la votación porque no había mas argumento que el de ‘expulsar a Rajoy por la corrupción’ del PP tras la publicación de la sentencia de Gürtel.

Pero al no dimitir (y no disolver las Cortes el día 24 al aparecer la sentencia de Gürtel) Rajoy abandonó a su partido el PP y dejó en ‘la puta calle’ –así lo dijeron algunos en privado- a sus ministros, altos cargos y colaboradores públicos (más de 1.300 de designación directa). Y al PP mas hundido de lo que ya estaba en las encuestas, con sus militantes confundidos y desolados.

Y todo esto, que es y ha sido así, no ha sido denunciado públicamente hasta ahora por ningún dirigente del PP. Y menos aún durante el que fue un patético Comité Ejecutivo del pasado 5 de Junio, donde una vez mas ante las lagrimas de cocodrilo de Rajoy se impuso el ‘silencio de los corderos’ de sus dirigentes. Algo inaceptable en cualquier país o partido democrático, para tapar a Rajoy que venía de dinamitar a su Gobierno y partido. En el que deja tras de sí un reguero de cadáveres de sus dirigentes. Y en el que, aunque lo niegue, pretende controlar su sucesión promocionando a Alberto Núñez Feijoo de presidente del partido y a Soraya Sáenz de Santamaría como secretaria general 

Un partido el PP al que Rajoy mintió enviando, desde la mesa de se bacanal de despedida, a Cospedal para explicar a los medios en Congreso de los Diputados el por qué Rajoy se negaba a dimitir con el argumento de que ‘la aritmética parlamentaria le impediría al PP volver a Gobernar’, lo que era absolutamente falso.

La verdad es mucho mas sencilla: Rajoy cansado, asustado por causa de las amenazas de Bárcenas (por las que hasta movilizó al presidente del poder Judicial, Carlos Lesmes, para que Rosalía Iglesias no entrara en prisión), y despreciando de una manera olímpica y bien despiadada a los suyos, había decidido abandonar la política. Mientras que si dimitía ello le obligaría a continuar en la brecha unos meses y con incierto resultado. Pero, claro está, sin Pedro Sánchez en la presidencia del Gobierno. 

Porque si Rajoy hubiera dimitido antes de la votación de la moción de censura a las 11 de la mañana del viernes 1 de Junio, la moción se habría suspendido y Sánchez no hubiera sido investido presidente, cargo que seguiría ocupando Rajoy en funciones. 

Y a partir de ahí será el Rey Felipe VI tendría que abrir una nueva ronda de consultas con los líderes políticos parlamentarios para indagar si alguno de ellos tenía suficientes apoyos (mayoría en el Congreso) para ser investido presidente.

Y aunque en teoría Sánchez podría sumar los 180 escaños con los que ganó la moción de censura, en la práctica eso no sería así porque para empezar Rajoy ya habría dimitido y no sería el candidato del PP a la presidencia Gobierno y el PP presentaría un nuevo candidato como Feijoo, Santamaría o Cospedal.

Y porque la moción de censura tenía como objetivo el expulsar del poder al Rajoy de la corrupción, y porque quienes votaron con Sánchez semejante objetivo así lo hicieron sin poner condiciones porque se trataba de echar a Rajoy, como pregonaba Iglesias desde Podemos, y por venganza política de los nacionalistas vascos y catalanes.

Pero en el caso de investidura de Sánchez todos los actores, como ya le ocurrió en su investidura fallida de 2016, le habría exigido a Sánchez, al menos Cs y Podemos, un programa de gestión y entrar en el interior de su Gobierno con importantes responsabilidades.

Además en ese caso los soberanistas catalanes de PDeCAT y ERC habrían exigido a Sánchez una importantes concesiones que el PSOE nunca habría podido aceptar. Y en ese caso los soberanistas habrían preferido el adelanto electoral y una España sin gobierno o difícil de gobernar. 

Por todo ello el adelanto de elecciones generales se perfilaba como salida mas viable en el caso de la lógica dimisión de Rajoy y la mejor para el PP. Incluso si Sánchez hubiera logrado la investidura con apoyo de Podemos y Cs, al menos el Gobierno de Rajoy habría dispuestos de tres o cuatro meses para desalojar el poder mientras Rajoy seguía de presidente en funciones. Y en el caso de adelanto electoral Rajoy habría permanecido de presidente en funciones probablemente hasta final de 2018, a la espera de una coalición de PP y Cs si lo permitía el resultado electoral.

Pero Rajoy, autoritario, cansado, harto de copas y abandonando a los suyos se negó a dimitir de una manera tan absurda como asombrosa, obligando a su equipo a desalojar el poder en menos de 24 horas, y ofreciendo a Pedro Sánchez la presidencia del Gobierno de España. Y todo ello en un tiempo de bonanza del crecimiento económico, con la corrupción del PP ahora bajo la vigilancia de los fiscales de Sánchez que gobierna sin más compromisos o pactos del PSOE con el resto de fuerzas políticas.

Un regalo incompresible de Rajoy a Sánchez (quien le había acusado públicamente a finales de 2015 y en TVE de ‘no ser una persona decente’) que con gran habilidad se ha instalado en el poder de manera inesperada y en solo 5 días desde que presentó, el 25 de mayo, la moción de censura. Y ahí está con su nuevo y flamante gobierno bien acogido en España y más que dispuesto a agotar la legislatura y a renovar el poder cuando llegue el tiempo electoral.

A sabiendas que el control del poder y la prioridad que dará al gasto y la política social le permitirá al PSOE –que estaba a la baja en todos los sondeos electorales- mejorar su estima electoral y abordar las citas que se aproximan en 2019 de inmejorable manera, mientras el PP irá a peor y Cs y Podemos, desconcertado por el vuelco político, también sufrirán.