El Madrid vence al Liverpool (3-1) y conquista la Decimotercera

Bale, que salió desde el banquillo, se convirtió en el héroe de la final con un golazo de chilena y otro en el que ayudó Karius, que ya falló en el primer tanto de Benzema y fue la cruz de un partido en el que los de Zidane sufrieron muchísimo hasta la lesión de Salah

El Real Madrid es otra vez campeón de Europa. Ya es una costumbre. Y si alguien pensaba que el número 13 daría mala suerte se equivocaba. Los de Zidane han conquistado en Kiev la decimotercera Champions, la tercera seguida, la cuarta en cinco años, tras ganar al Liverpool (3-1) en una final que se recordará por el golazo de Bale, el héroe inesperado, de chilena y las pifias de Karius. Los blancos comenzaron sufriendo muchísimo, pero Salah se lesionó y el panorama cambió. Benzema, otro de los mejores cuando nadie lo esperaba, adelantó al Madrid al inicio de la segunda mitad tras un error garrafal de Karius. Mané no tardó mucho en empatar. Pero entonces entró al campo Bale, que lo cambió todo con dos goles, uno que pasa a la historia como uno de los mejores goles de la Champions y otro que el guardameta del Liverpool (otra vez) se tragó. El resto ya lo saben. A este Madrid se le recordará como el de los años 10 (el Madrid de Keylor, Cristiano, Ramos, Marcelo, Modric, Benzema, Bale…¡y Zidane!) de la misma forma que se recuerda al Ajax de Cruyff, al Bayern de Beckenbauer o al propio Madrid de Di Stéfano. Este equipo ya era historia, pero ahora es leyenda. Está en el olimpo del fútbol.

Zidane apostó por poner en el once inicial a Benzema en vez de a Bale en la que fue la única sorpresa en la alineación del Madrid. El francés optó por poner en el campo a su compatriota y no al galés, que hizo un excelente tramo final de temporada. Mismo once de Cardiff. ¿Superstición?

El partido comenzó y el Liverpool atenazó al Madrid en los primeros minutos con una presión muy alta. Los ingleses recuperaban rápido el balón y encontraban fácil el área rival, características propias de los equipos de Klopp. A los blancos les costaba mucho sacar el balón desde atrás y sufrían en exceso las acometidas de los Mané, Firmino y Salah. Modric y Kroos, encargados del juego del Madrid, perdían demasiados balones. Casemiro, todo un seguro en la medular, tampoco lograba controlar el torrente de los ingleses. No pintaba bien.

Cada vez que el esférico llegaba al área defendida por Keylor, el equipo era un flan. Sin embargo, la primera oportunidad clara del encuentro llegó de la mano de Cristiano en el minuto 15, tras una pérdida del Liverpool en una zona comprometida. Fue de las pocas que tuvo el Balón de Oro en todo el partido. El disparo del portugués se fue por encima del larguero. Más allá de esa ocasión, el Madrid tenía que recurrir demasiado a balones atrás y al patadón arriba para sacudirse la presión del Liverpool, que no decrecía. Las jugadas empezaban demasiadas veces en los pies de Keylor.

Pese al empuje del Liverpool, la primera ocasión de los de Klopp no llegó hasta el minuto 22, cuando en una de las múltiples llegadas inglesas, el balón le llegó a Arnold, que soltó un fuerte latigazo que Keylor blocó con una gran parada cuando lo normal hubiese sido un despeje y más peligro. El sufrimiento para los blancos era perpetuo, más por los acercamientos que por las ocasiones en sí.

La lesión de Salah…y Carvajal

Entonces llegó una jugada clave en el partido. Ramos forcejeó con Salah, al que agarró del brazo, cayendo encima del egipcio, que enseguida se quejó de un fuerte dolor en el hombro. La estrella del equipo inglés (y de la Premier) esta temporada, intentó seguir, pero no pudo. Se tiró al suelo y comenzó a llorar de forma desconsolada. Un golpe enorme para el Liverpool.

El Madrid aprovechó la lesión de Salah, que dejó su lugar a Lallana, para asentarse un poco sobre el terreno de juego, aprovechando el aturdimiento del Liverpool. Sin embargo, la tristeza pasó de un bando a otro en apenas unos minutos. Ahora era Carvajal el que caía al suelo. Sus gestos presagiaban lo peor y así fue. Otro lesionado y otro cambio, el del lateral derecho por Nacho. El dolor era mayor con el Mundial a la vuelta de la esquina, lo mismo que en aquella final de 2016 ante el Atlético, donde el de Leganés también se lesionó y se perdió la Eurocopa. Una maldición. Ojalá esta vez si llegue a tiempo para Rusia.

Quedaban más de cinco minutos para el final de los primeros 45 y entonces sí se empezó a comprobar la importancia de Salah en el peso del juego del Liverpool. El Madrid empezó a llegar más de lo que había llegado en todo el partido y calmó su exceso de ansiedad. Por primera vez empezó a funcionar la conexión Benzema-Cristiano, Isco pudo participar y el equipo creció.

Fruto de ese breve dominio, el Madrid gozó de una ocasión mayúscula tras un imponente remate de Cristiano que Karius sacó a bocajarro. El rebote llegó a Benzema, que remachó a gol, pero el linier levantó la bandera. El fuera de juego era, justo, pero era. En este encuentro, el árbitro, Milorad Mazic, pasó desapercibido.

Unos segundos después, Nacho, que cumple igual de bien de lateral que de central o delantero si hace falta, lanzaba otro disparo con peligro al lateral de la red y el Madrid terminaba atacando la primera mitad con un disparo de Benzema, dejando algo de esperanza después de una primera parte en la que sufrió mucho y que cambió tras la lesión de Salah, cuando el Liverpool dio un paso atrás.

Benzema aprovecha el regalo de Karius

La segunda parte arrancó con intensidad, con la mejor ocasión de todas, con un remate de Isco al larguero después de un mal despeje de la zaga inglesa. El balón le llegó botando al malagueño y ante la salida de Karius mandó el esférico al travesaño.

Cuando todavía los jugadores madridistas se lamentaban por la jugada, llegó el gol del Madrid tras una jugada surrealista. Kroos metió el balón en profundidad a Benzema demasiado largo. El balón lo cogió Karius sin problemas, pero en su ansia por sacar, lanzó el balón con la mano demasiado rápido y se encontró en su camino con Benzema, que puso el pie. El balón rebotó en la bota del galo y se fue lento, pero con paso firme, al fondo de la red. Estupefacción en el Liverpool y alegría en el Madrid. El francés volvía a hacer un gol de ‘listo’, como contra el Bayern, con colaboración del guardameta. Algo tiene el Real Madrid que pone nervioso al rival…

Poco duró sin embargo la alegría blanca, en concreto cinco minutos. En un córner botado desde la izquierda, Lovren se elevó por encima de todos y el balón llegó hasta Mané que, adelantándose a toda la zaga blanca, la mandó al fondo de la portería.

El tanto espoleó al Liverpool, que mordía en cada balón, muy agresivo, mientras el conjunto de Zidane intentaba calmar el juego apoyándose en Modric y un Benzema cuya importancia en el juego no paraba de crecer. El galo se asociaba, corría y remataba. En esos minutos, del 55 en adelante, estuvo la final.

El golazo de Bale

Sin tiempo para respirar, en contraste con la primera parte, Isco tuvo otra gran ocasión antes de marcharse del terreno de juego. Zidane no lo veía claro y quitaba al español al filo del minuto 60 para meter a Bale, intentando buscar más velocidad y balón al espacio. El cambio tenía todavía más sentido con Cristiano totalmente perdido en el césped. No era el día del portugués. Y la cosa no pudo salir mejor.

El encuentro era todo electricidad y en plena tormenta cayó un brutal trueno llamado Bale, que apenas llevaba tres minutos en el campo. Marceló metió una ‘mandarina’ al área y el galés se elevó al cielo de espaldas para soltar la pierna zurda, cuando parecía que iba a hacerlo con la derecha, y marcar un golazo de chilena ante el que nada pudo hacer el portero alemán, que no se esperaba el remate. El gol será recordado siempre, como lo será el que metió Cristiano ante la Juventus este mismo año.

El tanto no aclaró demasiado las cosas, más allá de adelantar al Madrid. Mané se había empeñado en aguar la fiesta el Madrid y él solo se fabricó un disparo muy complicado y poco esperado que fue recorriendo metros y se estrelló en el palo a la derecha de Keylor. El senegalés era lo más peligroso del Liverpool después de que Firmino se diluyese.

A partir de se momento, el físico se impuso y el Madrid mandó totalmente en los últimos veinte minutos. Pudo Cristiano decidir el encuentro en uno contra uno con Karius, pero el portugués se entretuvo y Robertson llegó para sacar el balón. El luso seguía perdido, eclipsado por el empuje de Bale y Benzema.

A pesar del bajón del Liverpool, quedaban diez minutos y el encuentro no estaba sentenciado.

Pudo marcar otra vez Benzema, que fue el mejor del partido junto a Bale, tras un pase de hemeroteca del galés con el exterior, pero el francés, sin dejarla se encontró con el camino con Karius, que sacó con un buen despeje el disparo. La dupla Bale-Benzema, sin la C de la BBC, funcionaba a pleno rendimiento.

Karius vuelve a fallar

Ya no pararía más el alemán porque en la siguiente jugada, en el minuto 83, volvió a marcar el Madrid, de nuevo Bale, con otro error de Karius, que tendrá pesadillas durante varios días, semanas y meses. El galés disparó desde su casa en un tiro a priori fácil para el portero alemán, pero éste, intentando despejar o controlarla en dos tiempos, puso las manos flojas y el balón se fue para atrás. El germano ya no pudo controlar las lágrimas y será difícil que se recomponga de lo sufrido. Sin duda, el otro protagonista, la cruz, en Kiev.

De aquí al final no cambió nada. Y no lo hizo porque, entre otras cosas, el Madrid apretó en defensa y Varane y Ramos estuvieron imperiales. Y los ‘reds’ fueron conscientes de que ya no habría milagro como en Estambul.

Los aficionados del Liverpool, ejemplares, entonaron el ‘You´ll never walk alone’ y los del Madrid el ‘campeones, campeones’. ¿Alguien a principio de temporada veía a estos dos equipos en la final? Todo tiene más mérito si cabe por los rivales a los que han dejado en el camino. Es lo que tienen los grandes, que o siempre están o siempre vuelven.

El pitido final del encuentro desató la euforia blanca, cobrándose la venganza de la final de 1981. La generación nacida tras ese año no ha visto al Madrid perder una final de Champions. Con la conseguida ante el Liverpool son tres seguidas, algo que solo consiguieron el Ajax y el Bayern y no en el formato actual.

El Madrid ya tiene la Decimotercera. Y no parece que vaya a conformarse con eso, porque la Copa de Europa parece que fue hecha para este club. No es el rey de Europa, es la historia de Europa. En el continente es casi inmortal e indestructible. El largo viaje a Kiev mereció la pena.

FICHA TÉCNICA

–RESULTADOS: REAL MADRID, 3 – LIVERPOOL, 1 (0-0, al descanso).

-ALINEACIONES

REAL MADRID: Keylor Navas; Carvajal (Nacho, min.37), Sergio Ramos, Varane, Marcelo; Modric, Casemiro, Kroos, Isco (Bale, min.61); Cristiano Ronaldo y Benzema (Asensio, min.88).

LIVERPOOL FC: Karius; Trent-Arnold, Lovren, Van Dijk, Robertson; Wijnaldum, Henderson, Milner (Emre Can, min.83); Salah (Lallana, min.31), Firmino y Mané.

-GOLES:

1 – 0, min.50, Benzema.

1 – 1, min.55, Mané.

2 – 1, min.64, Bale.

3 – 1, min.83, Bale.

–ÁRBITRO: Milorad Mazic (SRB). Amonestó con tarjeta amarilla a Mané (min.83) en el Liverpool.

–ESTADIO: Olímpico de Kiev. 70.050 espectadores.

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