Colau se desmarca de Iglesias y Montero: “Nunca me compraría una casa de 600.000 euros”

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha reconocido este jueves que ella nunca se compraría una casa de 600.000 euros como la que han adquirido el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, y su pareja y portavoz parlamentaria, Irene Montero. No obstante, les ha mostrado su apoyo y ha apostado por su continuidad al frente del partido.

“Una cosa es que se forme debate, y otra es que se haga escarnio”, ha asegurado Colau al ser preguntada por la polémica que afecta a los líderes de Podemos y la consulta que han convocado a sus bases para que sean sus militantes los que decidan si deben dimitir o continuar en sus cargos.

En un desayuno del Fórum Europa Tribuna Catalunya, la alcaldesa ha señalado que la consulta le parece excesiva pero que ha sido la decisión de Podemos, y ha añadido: “Ya me gustaría que otros partidos que tienen problemas reales, porque esto es una decisión privada que no tiene nada que ver con la corrupción o una mala praxis, lo hicieran”.

Por otra parte, en su comparecencia ha advertido al PSC de que las fuerzas políticas progresistas no pueden apoyar a personas con actitudes como las del líder del PP catalán y en Badalona (Barcelona), Xavier García Albiol, que se ha mostrado “xenófobo y racista”, algo que ve intolerable. “Cualquier fuerza progresista no puede ser cómplice de esta actitud absolutamente retrógada, xenófoba” y antidemocrática, ha dicho Colau después de que Albiol renunciara este miércoles a encabezar una moción de censura contra la alcaldesa de Badalona, Dolors Sabater, y ofreciera sus votos al candidato del PSC.

Preguntada por la carta del delegado del Gobierno en Catalunya, Enric Millo, a los Ayuntamientos para mantener la neutralidad del espacio público, Colau ha criticado que al PP “le molesta la libertad de expresión y, en lugar de preocuparse de las causas por las que se producen estas expresiones, lo que hacen es ir a limitar la libertad de expresión”. Colau ha defendido que se debe garantizar la libertad de expresión de todas las partes y que nadie se sienta cohibido, por lo que debe afrontarse no sancionando ni prohibiendo, sino buscando espacios de entendimiento en el que todos se sientan confortables para expresarse libremente, según ella.

Colau ha dicho que entiende que haya fuertes aspiraciones a gobernar la ciudad, y ha pedido que el debate de las municipales se centre en Barcelona y no en otros asuntos, tras lo que, preguntada por la posibilidad de que se articulen listas unitarias, ha avisado de que “la política de bloques sería muy mala para el país y para Barcelona”.

Ha pedido a los grupos de la oposición que “bajen la bandera de la campaña electoral” en asuntos como la lucha contra el narcotráfico en el Raval y la vivienda, ámbito para el que pide alargar la duración de los contratos de alquiler y regular las subidas abusivas de su precio, porque la situación perjudica también a las clases medias y a los jóvenes, necesarios para la ciudad, según ella.

Ha destacado que en estos tres años de mandato su Gobierno municipal ha cumplido el 71% de su plan de actuación municipal; se han desencallado actuaciones como el traslado de La Model, la llegada del Metro a los barrios de la Marina y el Espai Barça, entre otros, y se han impulsado planes como el de Barrios, de Vivienda, el del Besòs, el Llobregat y los económicos de distrito.

Ha asegurado que internacionalmente se ha apreciado el papel de la ciudad de mantenerse abierta al mundo y de “tratar de acercar posturas en un momento de polarización”, con un talante dialogante comprometido con los derechos y las libertades, que ha influido en que en los últimos meses varias empresas hayan anunciado su presencia en la ciudad, como Facebook y Microsoft.

Preguntada por si el Mobile World Congress se ha quedado en Barcelona por la actuación del Gobierno central, Colau ha replicado que el congreso tiene muy clara su relación de crecimiento con la ciudad y que nunca se ha cuestionado su continuidad, aunque la declaración de independencia y las cargas policiales del 1-O hicieron que actores como este se preguntaran si Barcelona era un espacio seguro para su actividad.