La CUP se abstendrá y hará presidente a Quim Torra bajo la estrecha vigilancia de los CDR

La abstención en la votación del Consejo Político de la CUP ha sido la opción ganadora este domingo en un proceso que ha sido esencial para saber si Quim Torra podrá ser elegido o no presidente de la Generalitat este lunes, cuando solo se necesitará la mayoría simple de JxCat y ERC (66 diputados) para superar los 65 votos en contra que sumarán Ciudadanos, PSC-Units, Catalunya En Comú-Podem y PPC. La decisión de la CUP no significa que a los anticapitalistas les entusiasme la idea de que Torra sea ‘president’ ni que le garanticen una legislatura plácida, al margen de la brevedad que se le supone. De hecho, han avisado de que pasan a la oposición para ejercerla a tope en el Parlament y en la calle.

La CUP ha dejado clara esta postura en Twitter, donde dice que “no bloqueará la formación de un nuevo gobierno, manteniendo sus cuatro abstenciones, pero no garantizará la gobernabilidad haciendo una oposición activa durante la actual legislatura”.artículo 155, es decir, retomar el ‘procés’ donde se quedó.

En su comunicado, la CUP explica que “la propuesta de programa de gobierno de JxCat y ERC no avanza en la construcción de medidas republicanas ni sociales, que respondan a los derechos y necesidades de la clase trabajadora y del resto de clases populares. Por este motivo y ante el giro autonomista de los partidos independentistas, la organización ha decidido asumir un rol de oposición activa, trabajando, dentro y fuera de las instituciones, para generar un nuevo ciclo del movimiento independentista, que reformule y ensanche alianzas y complicidades, construyendo unidad popular republicana, para poder llegar a abrir un nuevo ciclo rupturista y de autodeterminación, en Cataluña y en el conjunto de los Países Catalanes, y construir una República que restituya los derechos sociales y civiles de la clase trabajadora”.

Por eso, se asegura de forma literal en el texto, “la CUP-CC no bloqueará la formación de un nuevo gobierno, manteniendo sus cuatro abstenciones, pero no garantizará la gobernabilidad haciendo una oposición activa durante la actual legislatura”.

Eso es lo mismo que ha dicho en rueda de prensa el miembro del secretariado nacional de la formación Luc Salellas: “No apoyamos a Torra con cuatro abstenciones. Las abstenciones que hemos puesto sobre la mesa estos últimos meses. (…) Sin embargo tampoco podemos bloquear el progreso que tuvo como máximo exponente el otoño del año pasado”. Salellas ha dejado claro de qué va la investidura de Torra: volver al punto justamente anterior a la declaración unilateral de independencia del 27 de octubre y la aplicación del artículo 155, es decir, retomar el ‘procés’ donde se quedó. De hecho, de la lectura del comunicado se desprende que la CUP espera que Torra, una vez sea inquilino de la Generalitat, ceda en algunos aspectos, especialmente en la creación de la Asamblea de Cargos Electos y en asumir la desobediencia y la unilateralidad como norma de conducta de su Govern.

La desobediencia y la unilateralidad que defiende la CUP es lo mismo a lo que se ha comprometido Torra en su discurso de investidura al prometer potenciar la Asamblea de Cargos Electos, en Cataluña, y el Consell de la República que pretende montar Carles Puigdemont allí donde él se encuentre y en lo que los independentistas llaman “el espacio libre de Europa”. La cuestión es que sigue siendo muy difícil conectar el discurso de JxCat y ERC, que por muy independentistas sean siguen aceptando las reglas en las que se articulan las democracias española y europeas, y la CUP, cuyo objetivo es sustituir al Parlamento catalán y “construir un contrapoder popular y una institucionalidad alternativa”. Por eso, la formación antisistema reivindica “la movilización de masas experimentadas el 1 de octubre como base de la lucha popular por la liberación nacional, de clase y feminista de los Països Catalans”.

Para llevar a cabo sus planes, la CUP cuenta con el arma de la movilización callejera que agita como nadie a través de los Comités de Defensa de la República, los CDR. Su próximo acto ya está convocado para este lunes a las puertas del Parlament. La intención es llegar una hora antes de que empiece el pleno que ha de elegir a Quim Torra como ‘president’. Con esta concentración se pretende lograr un doble objetivo: recuperar el espíritu del 1-O y mandar el mensaje a Torra de que está bajo vigilancia y de que todos y cada uno de sus pasos se van a evaluar con mucha atención.

En el embrollo político catalán llama la atención una declaración de la diputada de la CUP María Sirvent, quien ha asegurado que su formación estaría dispuesta a entrar al nuevo gobierno de Quim Torra, una vez sea investido este lunes. Se trataría, según ha dicho Sirvent, de “asumir responsabilidades si es para hacer república” porque, tal y como ha añadido, “para normalizar la gestión del autonomismo o gestionar las migajas que solo permiten hacer políticas neoliberales, a la CUP no la encontraran”.

A los partidos constitucionalistas la idea de que un ‘ultranacionalista’ sea presidente de la Generalitat les parece sencillamente deplorable. El portavoz de Ciutadans en el Parlament, Carlos Carrizosa, ha vaticinado en Twitter que “se avecinan tiempos difíciles”.

La portavoz parlamentaria del PSC, Eva Granados, ha puesto el énfasis en la contradicción inherente a la alianza que se ha establecido entre la izquierda anticapitalista y antisistema y la derecha nacionalista y supremacista.

Desde el PSOE, si vicesecretaria general, Adriana Lastra, ha confiado en que el futuro ‘president’ aparque “el supremacismo y la xenofobia” y trabaje por el fin de la “fractura social” en Cataluña. Por una vez, el menos contundente ha sido el líder del PP catalán, Xavier García Albiol, quien se ha limitado a dejar claro que Torra no le representa.

La vicesecretaria de estudios de programas del PP, Andrea Levy, ha reiterado la advertencia de que el Gobierno estará “vigilante” ante cualquier ilegalidad que pueda cometer el nuevo Ejecutivo catalán. Y antes de conocerse la decisión de la CUP, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha calificado como “decepcionante” el discurso de investidura de candidato de JxCat y le ha reprochado que siga una estrategia de trinchera: “Torra está más orientado a consolidar el núcleo más convencido del independentismo, en una versión más cerrada, y no tanto a buscar puentes, ensanchar y buscar propuestas más transversales”.

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