Los padres de Gabriel: “Hoy sin duda es uno de los días más duros a los que nos vamos a enfrentar”

Los padres de Gabriel Cruz, Ángel y Patricia, en uno de los "días más duros" de su vida, han declarado este jueves como testigos ante el juez Rafael Soriano, titular del Juzgado de Instrucción número 5 de Almería, que sigue las diligencias contra Ana Julia Quezada, la autora confesa de la muerte del pequeño.

“Hoy sin duda es uno de los días más duros a los que nos vamos a enfrentar”, han dicho a través de un comunicado remitido por sus portavoces antes de declarar como testigos en la causa contra Ana Julia Quezada, pareja del padre cuando ocurrieron los hechos. “Si pensamos en Gabriel creo que él nos sonreiría y nos diría que hay que estar contentos”, añaden en el texto.

Asimismo, han remitido una foto que se hicieron junto al niño para “felicitar la navidad”, si bien en la jornada de este jueves han declinado comparecer ante los muchos medios de comunicación congregados ante la Ciudad de la Justicia de Almería.

Ángel y Patricia han llegado junto a sus abogados, Francisco y Miguel Ángel Torres, en un coche rojo, el mismo en el que han abandonado las dependencias judiciales con los letrados ante los flashes y objetivos de fotógrafos y cámaras.

Nada ha trascendido de su declaración pero sí que se han personado como acusación particular tras contratar los servicios del despacho de Francisco Torres, el único de Almería que desde sus orígenes atiende exclusivamente asuntos penales.

Cabe recordar que el juez imputa a la investigada la presunta comisión de, además de un delito de asesinato y otro de detención ilegal, un delito contra la integridad moral. A la declaración de este jueves han acudido también el letrado Esteban Hernández, que representa a Ana Julia Quezada. Las declaraciones se prolongarán hasta este viernes, ya que el instructor ha citado también en calidad de testigo a la abuela del menor.

El juez ha acordado además investigar si Ana Julia Quezada suministró drogas al pequeño después de llevárselo el 27 de febrero cuando salió de la casa de su abuela en Las Hortichuelas, en Níjar (Almería), ya que la Guardia Civil halló ansiolíticos durante el registro del vehículo en el que encontraron el cuerpo sin vida del pequeño 13 días después en Vícar.

En concreto, ha pedido que se averigüe si hay trazas de esta sustancia en el cadáver de Gabriel para determinar si fue drogado o, por el contrario, los fármacos encontrados eran “para consumo propio” de Quezada.

Será la ampliación del informe preliminar de autopsia el que determine este extremo una vez que el Instituto Nacional de Toxicología de Sevilla remita al juzgado el resultado de los análisis de las muestras biológicas remitidas desde el IML de Almería. Cabe recordar que los forenses concluyeron que el niño falleció por “asfixia mecánica” el mismo día en el que se perdió su rastro.

En su auto de ingreso en prisión, el magistrado Rafael Soriano sostiene que “resulta presuntamente incuestionable la participación” de Quezada en la muerte del menor y asegura que de su comportamiento “se infiere una malvada voluntad dirigida especialmente a asegurar la comisión del crimen”.

Indica que, como parte de ese “macabro plan criminal”, se intentó dotar de una coartada haciendo labores de pintura en la finca de Rodalquilar, en Níjar y que, además, “dio una falsa apariencia de preocupación por la desaparición y suerte del niño”, al que se llevó “mediante engaño o promesa de devolverlo prontamente a jugar”.

“Mantuvo el engaño a lo largo de los días, aumentándolo hasta el punto de colocar ella misma una camiseta del menor en el monte”, subraya el juez, lo que achaca a su deseo de “despistar a los agentes de la autoridad que practicaban la búsqueda” hasta encontrar el “momento” de poder “hacer desaparecer el cuerpo”.

El magistrado Rafael Soriano apunta que Ana Julia Quezada “aprovechó un momento temporal en que sabía que iba a estar a solas con el niño”, al que mató asfixiándole, y destaca que enterró su cuerpo sin vida en un “hoyo que previamente había hecho con una pala” y luego quiso deshacerse del cadáver en un invernadero de acuerdo a las escuchas acordadas por el juzgado instructor y cuyo contenido está en una pieza separada.

“Las pruebas revelan, presuntamente, una falta de sentimientos y humanidad que ella misma ha calificado, que, de ser ciertas, serían de pura crueldad”, concluye para remarcar las “abrumadoras pruebas contra ella” no solo “porque ella misma ha reconocido el luctuoso suceso” sino también por las intervenciones acordadas judicialmente y a las pruebas recopiladas por los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil.