El Gobierno británico expulsa a 23 diplomáticos rusos por el ataque al exespía

La primera ministra de Reino Unido, Theresa May, ha anunciado que expulsará a 23 diplomáticos rusos, el mayor número en los últimos 30 años, después de que Moscú no haya aclarado por qué el exespía Sergei Skripal y su hija Julia fueron envenenados con un agente nervioso de fabricación rusa.

En una declaración ante el Parlamento, la jefa del Ejecutivo británico consideró que Rusia ha reaccionado “con un completo desprecio” ante la “gravedad” del incidente ocurrido el pasado día 4, pese a que este país les ofreció una “oportunidad” de que proporcionaran una explicación.

La dirigente conservadora precisó que el número de diplomáticos expulsados, que han sido identificados como “agentes de los servicios secretos encubiertos”, es “el mayor en 30 años” y que contarán con una semana para abandonar este país.

La medida es dura, aunque no tanto como la del año 1971, cuando Reino Unido expulsó a 105 espías soviéticos. Sin embargo, el embajador seguirá en su puesto, en la medida en que Londres no quiere romper del todo el diálogo con Moscú.

Según subrayó, el Kremlin ha reaccionado “con sarcasmo, menosprecio y resistencia” ante lo sucedido y su respuesta “ha demostrado un completo desprecio por la gravedad de estos acontecimientos”.

Rusia no ha proporcionado una argumentación “creíble” ni tampoco ha aclarado, como le pidió Londres, “por qué cuenta con un programa de armamento químico contraviniendo la legislación internacional”.

El incidente en Salisbury representa “un uso ilegal de la fuerza por parte del Estado ruso contra el Reino Unido”, según May, que anunció que este Gobierno incrementará el número de controles a ciudadanos rusos que vengan al país.

Además, anunció que Londres congelará “los activos del Estado ruso donde sea que exista evidencia de que podrían ser empleados para amenazar la vida o propiedad de ciudadanos o residentes en el Reino Unido”.

May ha pedido también al Consejo Nacional de Seguridad, en un encuentro celebrado este miércoles por la mañana, que acuerde “medidas inmediatas para desmantelar la red de espionaje rusa en el Reino Unido” y ha cancelado la invitación cursada al ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, a este país.

Como parte de esta batería de medidas adoptadas por su Ejecutivo, ningún representante de la familia real británica ni dignatarios de este país acudirán este verano al Mundial de Fútbol de Rusia.

El anuncio de la primera ministra llega después de que Moscú ignorara el plazo límite fijado por el Ejecutivo de Londres para que diera explicaciones, antes de la medianoche, a cómo un agente nervioso militar de fabricación rusa envenenó al exagente, de 66 años, y a su hija, de 33, que siguen en “estado crítico”.

Rusia sigue negando su implicación

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró este miércoles que su país no tiene relación con el envenenamiento del doble espía y su hija, y que considera inaceptables las acusaciones sin pruebas. Además, el Gobierno ruso recalca que no aceptará ultimátums de Reino Unido.

“La posición de Moscú es conocida y se la hemos comunicado a Londres por los canales diplomáticos, y se resume en que no tenemos ninguna relación con lo sucedido en Gran Bretaña”, señaló Peskov.

Por su parte, el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, dijo que Rusia responderá a los requerimientos de Londres diez días después de recibir una petición oficial de explicaciones, tal como marca el Convenio para la Prohibición de Armas Químicas.

También señaló que Rusia “no tiene ningún motivo” para querer envenenar a Skripal, antiguo espía ruso que se pasó después al MI6 británico.

Mientras las relaciones entre Londres y Moscú se agravan a consecuencia del incidente en Salisbury, cientos de agentes y militares continúan trabajando sobre el terreno para tratar de identificar a los autores de la agresión.

Otras 36 personas han sido atendidas por los servicios médicos ante una posible exposición al citado componente químico, todos sin aparentes síntomas, a excepción del policía Nick Bailey, que sigue ingresado con pronóstico grave aunque su estado ha mejorado.

Este caso recuerda al asesinato en Londres en 2006 del exespía ruso Alexander Litvinenko con la sustancia radiactiva Polonio 210 y ha motivado que la ministra británica del Interior, Amber Rudd, acepte una petición para volver a estudiar 14 fallecimientos ocurridos en el Reino Unido en los últimos años que podrían guardar alguna relación con Rusia.

Al envenenamiento de Skripal se ha sumado esta semana la muerte el pasado lunes por motivos desconocidos del exiliado ruso Nikolai Glushkov, asilado en el Reino Unido y amigo íntimo del oligarca Boris Berezovsky, quien aparentemente se suicidó en 2013.