El miedo es más intenso si es en la lengua materna

La prueba se realizó asociando un estímulo neutro a uno negativo para que los participantes tuviesen miedo y los que mostraron respuestas psicofisiológicas al miedo fueron los que recibieron información en su lengua materna

La respuesta del cerebro al miedo no es la misma si uno se asusta en su lengua materna que en un idioma extranjero, por muy bien que lo conozca, según ha puesto de manifiesto un estudio realizado por investigadores de las universidades españolas Jaume I, Pompeu Fabra y Nebrija.

Para alcanzar esta conclusión, publicada en la revista ‘Scientific Reports’ y recogida por la plataforma Sinc, los científicos analizaron a 54 estudiantes a quienes se les pidió que contaran hacia atrás mientras observaban cuadrados de dos colores.

Con cada aparición de las figuras de uno de los dos colores, a los participantes se les mintió diciéndoles que iban a recibir pequeñas descargas eléctricas. Asimismo, se les midió la dilatación de las pupilas, así como la resistencia galvánica de la piel, que depende de la sudoración.

El condicionamiento al miedo consiste en asociar un estímulo inicialmente neutro (por ejemplo, ver un objeto de un color determinado) a un estímulo negativo (como recibir una descarga eléctrica). Mediante la exposición repetida a ambos estímulos, el estímulo neutro pasa a ser un estímulo condicionado y las personas acaban mostrando miedo ante su sola presencia. No es necesario experimentar en carne propia la descarga eléctrica para quedar condicionado, sino que basta con que a uno le digan que pueden sentirla para mostrar una respuesta de miedo.

En este sentido, los científicos observaron en el trabajo que aquellos que completaron el estudio en inglés experimentaron menos señales de miedo. Además, la dilatación de las pupilas y la sudoración de la piel fue mayor en lengua materna que en lengua extranjera. “La reactividad emocional es menor en una lengua extranjera, y esto nos hace distanciarnos con mayor facilidad de situaciones cargadas de contenido emocional”, han dicho los autores.

A su juicio, la distancia que proporciona una lengua extranjera respecto a la fuente de tensión emocional podría aprovecharse en la consulta como herramienta psicoterapéutica, convirtiendo la lengua en una herramienta al servicio de los psicólogos y psiquiatras.

Por ejemplo, tal y como han argumentado, el uso de una segunda lengua puede ser útil en terapias psicológicas en las que los pacientes tengan problemas para expresar su experiencia emocional ante hechos traumáticos. También puede servir como método para disminuir la intensidad emocional y en ámbitos de la salud donde las emociones puedan interferir en la toma de decisiones.

Uno de los próximos pasos para los investigadores será comprobar la efectividad del uso de las lenguas extranjeras en situaciones de conflicto entre las personas, así como en terapias orientadas a la extinción de ciertos condicionamientos que impidan a las personas vivir con normalidad.