La última de Juncker, un ‘excéntrico’ dado a los saludos efusivos y con fama de alcohólico

El Brexit es quizás el mayor desafío al que se haya enfrentado nunca el bloque comunitario. Las incertidumbres y las negociaciones por la decisión de Reino Unido de abandonar la Unión Europea pondrán a prueba durante los próximos meses a las instituciones europeas. Pese a ello, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, volvió a comportarse este martes de una manera que distaba mucho de ser el adecuado para el tema que se estaba tratando. Y es que el luxemburgués tiene un largo historial de comportamientos excéntricos, saludos efusivos y acusaciones de tener un problema con el alcohol.

El portavoz de la Eurocámara para el Brexit, Guy Verhofstad, participó este martes en una audiencia con expertos y asociaciones ciudadanas junto a los eurodiputados de las comisiones de Libertades, Empleo y Peticiones del Parlamento Europeo. Todo iba bien hasta que llegó Juncker, quien situándose tras  Verhofstad comenzó a despeinarle, momento que fue recogido por los fotógrafos presentes en la sala. Un gesto que no pareció gustar mucho a Verhofstadt a juzgar por su expresión.

Sin embargo, no es la primera vez que Juncker se ‘sale’ del papel de seriedad que su cargo representa con efusivos saludos y extraños comportamientos que incomodan a sus interlocutores.

Uno de los más recordados se produjo en mayo de 2013 durante una cumbre europea en Riga cuando Juncker, aparentemente ebrio e incluso bailando en algún momento, iba saludando a sus colegas masculinos con una bofetada en la cara, comparando con algunos la semejanza de sus corbatas, e incluso recibiendo a Viktor Orban, con un “aquí viene el dictador”.

Otra de las imágenes que dio la vuelta al mundo fue cuando agarró en marzo de 2012 por el cuello al ministro español de Economía, Luis de Guindos, simulando que lo estrangulaba, antes de que ambos acabaran fundiéndose en un abrazo. La imagen hubiera quedado como era anécdota si no fuera porque ese día se trataba de una reunión del Eurogrupo para tratar el déficit español y la desviación de los objetivos de reducción fijados por Bruselas.

Su adicción al alcohol es uno de los rumores más extendidos en los pasillos de las instituciones europeas. Incluso, una eurodiputada polaca escribió una carta a la oficina del presidente de la Comisión Europea, denunciando “un problema que afecta a toda la comunidad europea”: la “clara adicción de alcohol,” del propio Juncker.  La diputada cita como ejemplos la imagen que circuló por las redes sociales y varios medios polacos del presidente de la Comisión Europea medio dormido en su silla durante un discurso del Papa.

En enero del año pasado trascendió que el luxemburgués se presentó borracho en una reunión en Ginebra en el marco de las conversaciones de paz entre Grecia y Turquía sobre Chipre, lideradas por las Naciones Unidas. Según The Sun, citando a representantes diplomáticos presentes en el encuentro, Juncker llegó ebrio, chocándose con los muebles y mostrándose “muy cariñoso” con algunas de las mujeres del personal de la cumbre.

Acusaciones y rumores que el propio Juncker se ha visto obligado a desmentir en numerosas entrevistas en los últimos años. “No tengo ningún problema con el alcohol”, zanjó en una de sus últimas declaraciones sobre este asunto.