El hambre determina el tipo de decisiones que humanos y animales toman

Los animales, incluidos los humanos, pueden tomar decisiones sorprendentemente buenas basándose solo en la comida que tienen en el estómago

Los animales, incluidos los humanos, pueden tomar decisiones sorprendentemente buenas basándose solo en la comida que tienen en el estómago, según sugiere una investigación reciente. El estudio, dirigido por la Universidad de Exeter, en Reino Unido, y publicado en ‘Proceedings of the Royal Society of London B’, muestra que sobrevivir en condiciones difíciles y peligrosas no requiere necesariamente un alto poder cerebral.

En cambio, los animales deben ser sensibles a su condición corporal, como por ejemplo cómo de hambrientos están. En este sentido, el hambre actúa como una especie de memoria de la disponibilidad de alimentos del pasado, que les dice cuáles son las condiciones que probablemente sean en el momento.

Un equipo dirigido por el doctor Andrew Higginson, de la Universidad de Exeter, usó modelos computarizados para predecir cómo deberían comportarse los animales para maximizar su supervivencia cuando el suministro de alimentos es impredecible y el ambiente contiene depredadores. Según el modelo, un animal que basa sus decisiones solo en sus reservas de energía actuales puede sobrevivir casi tanto como uno que usa su cerebro para calcular lo mejor que puede hacer.

“Muchos de nosotros a veces nos enfadamos: cuando el hambre nos vuelve sensibles y cambia nuestro comportamiento –explica Higginson–. Nuestro modelo explica por qué existe un vínculo entre nuestras tripas y nuestras decisiones: el hambre puede actuar como un recuerdo que nos dice que no ha habido mucho, lo cual resulta importante para actuar en el mundo salvaje. La utilidad de tal recuerdo significa que los animales, incluidos los humanos, pueden estar procesando una gran cantidad de información en el cerebro cuando en realidad solo están siguiendo sus instintos”.

Mejor adaptación al cambio climático

La condición corporal de un animal le dice lo exitoso que ha sido en el pasado, lo cual es una guía útil de cómo debería comportarse mañana. Esta forma simple y fisiológica de memoria puede haber permitido que los animales eviten invertir en el tejido cerebral, que requiere una gran cantidad de energía.

El profesor John McNamara, de la Escuela de Matemáticas de la Universidad de Bristol, Reino Unido, y miembro del equipo, apunta que “si cuesta tantos recursos ser tan inteligente, la selección natural habrá encontrado una forma más económica de tomar decisiones”. “La capacidad de usar estados internos como el hambre como memoria habrá reducido la necesidad de desarrollar cerebros grandes”, añade.

Los hallazgos plantean la posibilidad de que los recuerdos simples también se puedan codificar en otros estados fisiológicos, como las emociones. Esta podría ser la razón por la cual se necesita mucho tiempo para calmarse después de sentirse amenazado. Como la amenaza puede regresar, la emoción mantiene al cuerpo listo para luchar o huir.

Los investigadores creen que es posible que su utilidad como “memoria” sea la razón por la cual los humanos y otros animales tienen emociones. La investigación también tiene implicaciones para la conservación. “Al utilizar su condición corporal como señal, los animales de nuestro modelo aún pueden funcionar bien cuando las condiciones ambientales cambian repentinamente. Esto sugiere que algunas especies podrían hacer frente a los efectos del cambio climático mejor de lo esperado”, concluye Higginson.