Un impuesto sobre el azúcar a las bebidas no alcohólicas podría llevar a un aumento del consumo de alcohol

Un alza en los precios de las bebidas con contenido medio de azúcar parecería ser la medida más efectiva

Un impuesto aplicado sobre el azúcar a los refrescos podría tener la consecuencia involuntaria de aumentar el consumo de alcohol, pero la imagen es mixta, según revela una investigación publicada en la edición digital de ‘Journal of Epidemiology & Community Health’.

Como muchas bebidas alcohólicas contienen cantidades similares o mayores de azúcar (43 kcals/100 ml la cerveza y 85 kcals el vino) y tienen otros daños bien conocidos, un enfoque más matizado sobre una gama de bebidas puede ser más eficaz que un impuesto único sobre las bebidas azucaradas, según los investigadores.

A partir de este mes de abril se impondrá un impuesto a la industria sobre las bebidas gaseosas con alto contenido de azúcar en Reino Unido, en un intento por frenar el aumento de la obesidad y la diabetes. Muchos otros países, como Hungría, Finlandia, Francia, Bélgica, Portugal, México, Chile, Tailandia, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, ya han seguido este camino. Y ciertas ciudades de Estados Unidos, India, Filipinas, Indonesia, Israel y Sudáfrica están dispuestas a hacer lo mismo.

Varios estudios de modelos financieros han demostrado que subir el precio de las bebidas azucaradas podría hacer una pequeña pero significativa reducción en los patrones de compra, particularmente entre los hogares más pobres. Pero se sabe poco sobre el impacto potencial de tal alza en las ventas de alcohol.

Para analizarlo, científicos de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, en Reino Unido, aplicaron una herramienta especializada para estudiar la demanda del consumidor en los datos sobre el gasto de los hogares en alimentos y bebidas en 2012 y 2013 a partir de una muestra representativa a nivel nacional de alrededor de 32.000 hogares en Reino Unido.

Subida de precio de bebidas con contenido medio de azúcar, lo más efectivo

Los datos (de Kantar Worldpanel) proporcionaron detalles completos de cada transacción de venta, además de información social y demográfica de cada hogar. Los datos completos para ambos años fueron proporcionados por 31.919 hogares, sumando alrededor de 6 millones de compras de bebidas, agrupadas en bebidas con alto contenido de azúcar (más de 8g/100 ml), medio (5-8 g) y bajo (menos de 5 g); zumos de frutas; bebidas a base de leche; agua; cerveza; lager; sidra; vinos; y bebidas espirituosas.

Los hogares de bajos ingresos gastaron casi la mitad (48 por ciento) del gasto total en bebidas en las tres “fortalezas” de las bebidas endulzadas con azúcar, en comparación con el 44 por ciento de los hogares de ingresos medios y el 39 por ciento para los hogares con altos ingresos. La tendencia fue en la dirección opuesta para las bebidas de zumo.

La compra de alcohol fue más sensible al cambio de precio que los refrescos, indicó el análisis. Pero los aumentos en el precio de las bebidas azucaradas se asociaron con diferentes patrones de compra para otras bebidas, dependiendo del contenido de azúcar y el ingreso familiar. Cuando el precio de las bebidas con alto contenido de azúcar subió, también lo hicieron las compras de bebidas dietéticas, zumos y cerveza. Pero las compras de bebidas con contenido de azúcar medio y bebidas espirituosas cayeron.

Los aumentos de precios en bebidas con contenido medio de azúcar se relacionaron con caídas en las compras de cerveza, lager y vino, mientras que los incrementos de precios en bebidas dietéticas y bajas en azúcar se vincularon con subidas en todos los otros tipos de bebidas, excepto en bebidas con alto y bajo contenido de azúcar.

En hogares de altos ingresos, los aumentos de precios en bebidas con alto contenido de azúcar se asociaron con una caída en las ventas de sidra, mientras que, en el grupo de ingresos medios, estas alzas se relacionaron con una caída en la compra de bebidas alcohólicas, pero un aumento en las de cerveza. No hubo disminuciones en las compras de alcohol en los hogares de bajos ingresos.

Un alza en los precios de las bebidas con contenido medio de azúcar parecería ser la medida más efectiva, mientras que aplicar una tasa a las bebidas dietéticas y bajas en azúcar parecería ser la menos efectiva, indican los hallazgos, sugiriendo que el umbral del contenido de azúcar para cualquier aumento de precio podría ser crucial.

Y los incrementos de precios pueden tener un mayor impacto en la reducción del consumo de alcohol que el de los refrescos, sugieren los autores. Pero enfatizan: “Aunque este análisis puede resaltar las relaciones significativas entre las bebidas compradas, no puede explicar por qué surgen estas relaciones”, y agregan: “Esta imagen mixta indica la complejidad de estimar el impacto de un único aumento de precios”.

Concluyen que “elevar el precio de [bebidas azucaradas endulzadas] tiene el potencial de aumentar y disminuir la compra de alcohol, sugiriendo que opciones de precios más matizadas a través de una gama de bebidas pueden ser más efectivas que un impuesto único sobre las que tienen niveles elevados de azúcar”.