Puigdemont pide poder regresar a Cataluña ‘sin riesgos’ y tacha de ‘delirante’ la actuación del juez

Carles Puigdemont ha afirmado que está trabajando para acudir al Parlamento de Cataluña, donde aspira a ser investido presidente, y ha considerado que poder regresar "sin ningún riesgo" sería "el primer paso para la restauración democrática que se necesita". Obviando la causa judicial que pesa sobre él, el candidato de JxCat ha vuelto a vincular el futuro de Cataluña y de todo el país a su situación personal. Pero, independientemente de lo que acuerde la Mesa del Parlament, que juega a dilatar todo lo posible sus decisiones sobre la investidura para no dar facilidades al Tribunal Constitucional, parece que Puigdemont empieza a tener claro que la investidura y la presidencia a distancia son solo una fantasía.

“La mejor señal de restauración democrática es que yo pueda ser presidente”, ha dicho tras insistir en que “se convocaron elecciones para saber qué mensaje daban los catalanes. Y el mensaje ha sido claro”. Puigdemont ha hecho estas declaraciones en una breve comparecencia en el Parlamento danés, durante su estancia en Copenhague. En referencia a su pretendido regreso a España, ha sugerido que se producirá si existen suficientes garantías de que no va a ser detenido. “Ese es mi camino en los próximos días”, ha señalado.

Preguntado por cuándo volvería a España, ha asegurado que le gustaría hacerlo “ahora mismo”, siempre que “se respetasen los resultados de las elecciones” y que no haya “ni miedos ni amenazas”. Unas horas antes, el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, ha admitido en una entrevista que las fuerzas de seguridad están trabajando intensamente para evitar que Puigdemont cruce la frontera para irrumpir en el Parlament, esquivando la intervención de las Fuerzas de Seguridad, que tienen orden de detenerlo en cuanto pise territorio español. El ministro ha detallado que hay previsto un dispositivo para impedir incluso que acceda oculto en un maletero. Y el aludido le ha respondido desde la capital danesa: “Que nadie especule más de la cuenta, no hace falta reforzar más las fronteras”.

Que la justicia suspenda la orden de detención contra Puigdemont es algo impensable dada la gravedad de los delitos de los que está acusado -rebelión, sedición y malversación- y su intención, reiteradamente proclamada por él mismo, de darle a la manivela para volver a la situación previa a la aplicación del artículo 155 de la Constitución, es decir, al punto en el que la Cámara autonómica aprobó de tapadillo la declaración unilateral de independencia. Y como sería más raro todavía que la mayoría del Parlament diera luz verde a su investidura telemática o ‘por Skype’, como la bautizó el diputado de ERC Gabriel Rufián -los republicanos, en cuyas filas milita el nuevo presidente del Parlament, Roger Torrent, se han opuesto hasta ahora a esta fórmula, al igual que los llamados partidos constitucionalistas- solo queda una alternativa.

Detención o peregrinaje, las dos opciones de Puigdemont

Esa opción es que Puigdemont se disponga a ser detenido y confíe en que el juez que instruye su causa, Pablo Llarena, le autorice a acudir al debate de investidura, que exige la presencia física del candidato a ‘president’. Si así fuera, su presidencia sería breve ya que los cargos a los que se enfrenta conllevan penas de cárcel e inhabilitación. Pero es su única salida si no quiere convertirse en ‘el catalán errante’, obligado a peregrinar y no regresar nunca a España y condenado al olvido a medida que vaya relajándose la tensión informativa que rodea su caso.

Como llegados a este punto no se puede descartar nada, por disparatado que parezca, Puigdemont también podría acabar colándose en el maletero de un coche, como diría el ministro Zoido, y atrincherándose en el Parlament. Pero, ¿van a colaborar en una investidura tan anómala todos los diputados de JxCat y ERC por muy independentistas que sean, convirtiéndose en cómplices de un presunto delincuente? ¿Se van a parapetar todos en la Cámara? Y, sobre todo, ¿en qué condiciones se ejercería esa presidencia?

La situación, si se produjera, sería “delirante”, citando al propio Puigdemont que ha utilizado ese término para referirse a la postura del juez Llarena, quien el lunes rechazó reactivar la euroorden para deternerlo, aprovechando su escapada a Dinamarca, por considerar que eso es lo que estaba buscando el expresidente al abandonar su refugio bruselense. El juez razonaba que, en caso de detención, Puigdemont hubiera podido solicitar el voto delegado, facultad que se le niega siendo un prófugo por voluntad propia. Es decir, Llarena temía que el expresidente catalán estuviera utilizando un ardid para utilizar las leyes y el orden constitucional en beneficio propio.

“Estoy un poco sorprendido por el auto de un juez dice que no va a detener a alguien que considera un peligroso delincuente porque este peligroso delincuente quiere ser detenido”, ha dicho y ha criticado la posición de “debilidad” del juez.

Siete diputados de 179: los interlocutores daneses de Puigdemont

Pero el caso es que el propio Puigdemont ha reconocido que si tratara de entrar ahora en el Parlamento catalán sería detenido. Lo ha hecho al tiempo que caía en una flagrante contradicción al utilizar uno de sus mantras favoritos: el amordazamiento al que supuestamente le somete el Gobierno español. En una comparecencia que ha sido seguida mayoritariamente por corresponsales y enviados especiales de medios españoles y retransmitida casi íntegramente por algunas televisiones nacionales, se ha congratulado de haber podido entrar por fin en un Parlamento para “hablar libremente”.

“Si yo tratara de debatir en mi país, sería arrestado. Esto muestra la contradicción que debemos superar”, ha dicho tras la reunión de una hora de reloj con algunos diputados. La cuestión catalana según ha reiterado, “no es un asunto doméstico, sino un tema europeo, que interesa a la mayoría, a la totalidad de la política de Europa” y su viaje a Dinamarca -ha añadido- solo tenía ese objetivo, el de participar en el debate de la Universidad de Copenhague y reunirse con los diputados daneses.  Pero su causa solo ha interesado a siete de un total de 179 diputados daneses. Esos siete parlamentarios representan a los territorios autónomos de islas Feroe y Groenlandia.

Los tres partidos de la coalición de Gobierno danesa -dos fuerzas liberales y una conservadora- ya rechazaron hace días la invitación, apelando a que no quieren involucrarse en asuntos españoles ni dar la impresión de que simpatizan con los independentistas catalanes. Tampoco han estado en la reunión las dos fuerzas con más apoyo parlamentario, el Partido Socialdemócrata -líder de la oposición- y el ultraderechista Partido Popular Danés, apoyo externo del Ejecutivo.

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