Puigdemont pierde el debate en Copenhague y el Supremo evita que pueda delegar el voto

Carles Puigdemont ha asegurado que "a pesar de las amenazas de Madrid" las fuerzas independentistas formarán pronto un nuevo gobierno y ha considerado que "es hora de negociar", "acabar la represión y buscar una solución política" al conflicto. El expresidente de la Generalitat ha pronunciado un discurso en la Universidad de Copenhague que ha sido un catálogo de descalificaciones hacia el Estado español. Pero el mitin ha quedado deslucido por la intervención de una profesora que le ha recordado que “democracia no es solo votar, sino también respetar la ley y la Constitución”. A Puigdemont le han borrado la sonrisa en Dinamarca mientras el Supremo frustraba su estrategia para forzar una detención que le permitiera delegar el voto en el Parlament.

El juez Pablo Llarena ha rechazado reactivar la euroorden para la detención y entrega de Puigdemont, aprovechando que ha abandonado su refugio belga para viajar a Dinamarca, en un auto en el que afirma que “la jactancia del investigado de ir a desplazarse a un concreto lugar, no tiene otra finalidad que buscar la detención para subvertir la finalidad de un instrumento procesal” con un doble objetivo: “Que el investigado pueda pertrecharse de una justificación de que su ausencia (del Parlament) no responde a su libre decisión” y forzar “un contexto en el que poder delegar su voto, como si estuviera en el mismo supuesto que quienes están a disposición de este Tribunal y han sido provisionalmente privados de su libertad”.

El juez Llarena, que hace en su auto una serie de consideraciones que van más allá de lo meramente jurídico, afirma que “el análisis de esta coyuntura (la posibilidad de que Puigdemont busque ahora su detención con tal de lograr su investidura), confluye con la notoriedad que ha tomado su proclamada intención de restablecer el mismo gobierno bajo el que se declaró la llamada república catalana e impulsar con ese gobierno su implantación. Una voluntad que busca retornar al momento inmediatamente anterior a que, el Senado español, autorizara la aplicación del artículo 155 de nuestra norma fundamental, desactivando el único instrumento que se ha mostrado capaz de restablecer el orden constitucional”.

La mera sospecha de que eso pueda ser así aconseja, según el juez, “posponer la orden de detención a un momento -no necesariamente lejano- en el que el orden constitucional y el normal funcionamiento parlamentario, no se encuentren en riesgo por una detención que -como el Ministerio Fiscal defiende- sería lógica en otro contexto”.

Puigdemont se ha quedado, pues, sin la propaganda mundial que hubiera supuesto su detención en Dinamarca y sin una nueva situación procesal que le hubiera permitido pedir la delegación del voto que el propio juez Llarena ha otorgado a los dirigentes del ‘procés’ encarcelados: Oriol Junqueras, Joaquim Forn y Jordi Sánchez.

Precisamente este lunes el presidente del Parlament, Roger Torrent, ha anunciado que le propondrá como candidato a la investidura porque es el único que cuenta con los apoyos necesarios. Y es cierto que Puigdemont cuenta con el respaldo de Junts per Cataluña, ERC y la CUP. Pero ahora mismo no lo es que tenga los votos suficientes para superar el rechazo del llamado bloque constitucionalista.

JxCat y ERC tienen 58 diputados presentes en la Cámara y con posibilidades de ejercer su derecho al voto sin recurrir a fórmulas más o menos imaginativas, la telemática o la delegación. Con los cuatro de la CUP suman 62, tres menos de los 65 que reúnen todos los demás grupos (C’s, el PSC, el PPC y los Comunes) que han anunciado su voto en contra de Puigdemont. Incluso contando con el voto delegado de los tres parlamentarios encarcelados (Junqueras, Forn y Sánchez), la elección del expresidente sigue siendo inviable porque se produciría un empate.

La única posibilidad de que el expresidente obtenga el respaldo del Parlament es que alguno de los consejeros que huyeron con él a Bruselas regrese, sea detenido y encarcelado, y como los tres que ya están en prisión, pueda votar a través de otro diputado. Esa es la facultad que el juez Llarena no les ha reconocido a los prófugos y lo que sí hubiera podido hacer el propio candidato de JxCat de haber sido arrestado durante su escapada a Dinamarca.

Las dificultades para que Puigdemont pueda ser investido como ‘president’ desde la distancia son muchas, empezando porque los letrados del Parlament ya dijeron en un informe que su participación debe ser “directa y personal”. Pero el político catalán le es indiferente todo esto y sigue adelante con una estrategia encaminada a seguir copando titulares, lo que le resulta indispensable si no quiere desaparecer de la escena pública española. Esa estrategia pasa por seguir culpando al Gobierno central del conflicto catalán y presentarse a sí mismo como víctima de una persecución.

“Madrid necesita reconocer que las fuerzas independentistas ganaron las elecciones que convocó Rajoy y el gobierno ilegítimo de Madrid sobre Cataluña debe acabar”, ha dicho este lunes en su discurso en inglés en la Universidad de Copenhague. Puigdemont ha vuelto a poner en valor el resultado de los comicios autonómicos del 21 de diciembre como si eso fuera más que suficiente para exonerarle de los delitos de los que se le acusa: rebelión, sedición y malversación. En ese sentido, ha vuelto a mezclar el ejercicio de un derecho democrático con la impunidad ante la justicia y ha advertido de que decir a los catalanes que no pueden elegir a su gobierno significa “que no hay democracia en Cataluña, que votar en unas elecciones es inútil”. Y en un intento de involucrar a las audiencias de otros países, ha asegurado que “lo que está en juego es la idea de democracia en toda Europa, no sólo en mi país”.

La profesora Wind: “¿Democracia es solo votar o también respetar la ley?”

Puigdemont ha defendido que el 21 de diciembre el pueblo de Cataluña envió un mensaje al mundo -“no nos rendiremos ante el totalitarismo”- y ha confiado en que “en un día no muy lejano” prevalezca la voluntad del pueblo catalán y sea capaz de contar con un estado como el danés. A su juicio, la gran mayoría de los catalanes son “todavía proeuropeos”, pero no pueden cerrar los ojos ante los “errores” de la UE, cuyas instituciones, a su juicio, usan diferentes estándares según los países. Puigdemont ha acusado al presidente del Gobierno español de “violar los derechos fundamentales” de los catalanes y se ha preguntado si la “cobertura” que le han dado las instituciones comunitarias tiene que ver con que sus dirigentes sean de la misma familia política.

Los ataques de Puigdemont contra España no son nada nuevo. Sí lo es la respuesta de una de las participantes en el debate de la Universidad danesa a su diatriba. Ha sido la profesora de Ciencias Políticas Marlene Wind quien ha dejado en evidencia al expresidente catalán al plantearle si cree que la democracia es solo votar o es también respetar la ley y la Constitución.

Wind ha cuestionado que sea una mayoría la que quiere votar para irse de España y ha acusado a Puigdemont de ser un de “egoísta por quererse llevar a Cataluña fuera de España, dejando ahí a los pobres”. Cataluña -ha recordado- es la región más rica de España que, según sus palabras, es un país más descentralizado, incluso, que Alemania. “¿De dónde viene este ansia separatista?”, ha preguntado la profesora, que también ha expuesto sus sospecha de que la actuación y la actitud de Puigdemont puedan haber ayudado a polarizar las sociedades española y catalana.

Wind también ha interpelado a Puigdemont sobre si cree que lo que necesita Europa es la creación de más países pequeños: “¿Le gustaría que en Europa hubiese 200 o 300 naciones con solo una identidad? ¿Cree que esa es la solución en el siglo XXI?”. La docente ha añadido que con una Europa semejante quien estaría contento es Vladimir Putin y ha subrayado que en Cataluña “se votó a favor de la Constitución” para posteriormente plantear esta otra pregunta: “¿Por qué no debería ser respetada la Constitución en Cataluña, si también es democracia, no?”

Wind ha puesto en duda la “legitimidad” del referéndum del 1 de octubre ya que sólo el 43 % de la población participó y se ha interesado por quién garantiza que se escucha y se respetan los derechos de los no independentistas. Ha rechazado además que se pueda comparar a España con países como Polonia o Hungría, en respuesta a otra de las afirmaciones favoritas del dirigente catalán, la de que “las violaciones del Estado de derecho en España recuerdan a las de Polonia, pero la UE ha decidido mirar hacia otro lado” y que “la sombra de Franco aún está ahí”. Puigdemont ha aprovechado que la profesora admitiera en un momento de su intervención que no es una experta en política española para espetarle: “Estoy totalmente de acuerdo”.

A medida que la profesora iba hablando, al expresidente catalán se le ha ido borrando la sonrisa y en algunos momentos se le ha visto contrariado por las críticas, como se puede apreciar en los vídeos del coloquio que han colgado varios medios. La Universidad, de hecho, ha ofrecido señal en directo del evento.

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