El primer año de Trump, la irrupción de Macron y la derrota del Estado Islámico

El gran protagonista del año que se acaba ha sido sin lugar a dudas Trump. Su primer año al frente de la Presidencia ha acaparado gran parte de la atención de la información internacional con sus salidas de tono, sus polémicas y el giro de 180 grados que ha imprimido a la política exterior de EEUU. Un año más los atentados yihadistas siguieron golpeando al mundo mientras la buena noticia llegaba desde Irak y Siria donde el ‘califato’ del Estado Islámico parece haberse desplomado. Europa, por su parte, vivió un convulso 2017 tratando de frenar el avance de la ultraderecha mientras lidiaba con las negociaciones del Brexit. La tensión nuclear con Pyongyang, la caída de Mugabe, la "limpieza étnica" de los rohinyá, el indulto a Fujimori o la crisis de Venezuela fueron otros de los asuntos más trascendentes.

Mucho ruido y pocas nueces. Así podrían resumirse los primeros once meses de Donald Trump en la Casa Blanca, donde ha cosechado numerosas polémicas y muy pocos éxitos. Su llegada al Despacho Oval no ha dejado indiferente a nadie, ni dentro ni fuera de EEUU, imponiendo a golpe de encendidos tuits un comportamiento y unos modales muy alejados de sus antecesores. Insultar a los padres de un soldado caído en Irak, acusar a los “dos bandos” (antifascistas y neonazis) de la muerte de una mujer en las protestas raciales de Charlottesville, su falta de empatía con los daños causados por dos huracanes en Puerto Rico, difundir en Twitter vídeos antimusulmanes, sus ataques a los medios o su apoyo a un candidato al Senado acusado de acoso sexual, son solo una pequeña muestra de los incontables charcos en los que se ha metido desde que llegó a la Presidencia.

Uno de los fantasmas que le ha perseguido en todo este tiempo es la supuesta injerencia rusa en las elecciones de 2016. Pese a negar los lazos entre su equipo y el Kremlim durante la campaña electoral  no ha logrado frenar la investigación del fiscal especial Robert Mueller contra su ex asesor de seguridad, Michael Flynn, acusado de mentir al FBI. Otra de las constantes de este primer año ha sido el caos y el descontrol en la Casa Blanca con la cascada de dimisiones de asesores y altos cargos de su equipo por diversos motivos  como Steve Bannon, Sean Spice o Anthony Scaramucci. Una situación que parece haberse tranquilizado algo desde que el general Jhon Kelly tomara las riendas como jefe de gabinete en agosto.

A nivel interno, Trump puede presumir en su primer año de mandato de pocos logros pese a sus promesas. Su primera y única victoria legislativa es la aprobación de la reforma fiscal este diciembre tras duras negociaciones con su propio partido. Donde no tuvo éxito fue en la derogación del llamado ObamaCare, pese a contar los republicanos con mayoría suficiente en las dos cámaras. Aunque aún no ha empezado a construir su prometido muro en la frontera de México, sí ha sacado adelante varias medidas duras en materia migratoria como el veto migratorio a ciudadanos de seis países de mayoría musulmana o el final del programa DACA, que impedía la deportación de 800.000 indocumentados que llegaron a EEUU siendo menores.

Donde sí se ha notado un verdadero ‘efecto Trump’ es en la política exterior, donde la Casa Blanca ha dado un verdadero giro de timón guiado por su lema ‘America First’ y su empeño en hacer trizas el legado de su antecesor Barack Obama. El magnate ha retirado a EEUU del Tratado de Asociación Transpacífico, el Acuerdo de París o incluso la UNESCO, además de amenazar con abandonar el acuerdo nuclear con Irán y congelar el deshielo de las relaciones con Cuba. Pero las mayores tensiones las ha protagonizado con Corea del Norte tras sus continuos ensayos de misiles. La amenaza de Kim Jong-un de atacar la base norteamericana de Guam elevó este verano la tensión nuclear hasta cotas sin precedentes desde los tiempos de la Guerra Fría, a lo que poco ayudó el cruce de insultos y descalificativos personales casi a diario entre ambos líderes. Además, Trump ha incendiado antes de acabar el año Oriente Medio al reconocer a Jerusalén como capital de Israel, rompiendo con décadas de consenso internacional  y poniendo más piedras en el largo y difícil camino a un acuerdo de paz que acabe con el conflicto israelí-palestino.

Los coletazos del EI a medida que su ‘califato’ se desmoronaba

Con escasos días de diferencia, a principios de este diciembre, tanto el Gobierno de Putin como el iraquí anunciaban la derrota militar del autodenominado Estado Islámico al recuperar la práctica totalidad de los territorios conquistados  en Siria e Irak. La caída de los dos principales feudos de los yihadistas, Mosul en julio y Al Raqa en octubre, fue un golpe mortal y estratégico que ha llevado tras una larga contienda militar al desmoronamiento de su ‘califato’, proclamado por su líder Al Bagdadi el 4 de julio de 2014. Una amarga victoria, ya que ha dejado tras de sí un rastro de miles de víctimas civiles y militares y ciudades reducidas a escombros, y que conviene no celebrar con demasiado optimismo puesto que aún quedan focos de resistencia yihadistas en ambos países mientras sus tentáculos siguen extendiéndose en Occidente y en el mundo musulmán en forma de adoctrinamiento y atentados.

El año empezó como si de un presagio se tratara con un atentado en Estambul, donde un terrorista acabó a tiros con la vida de 39 personas en una fiesta de Nochevieja en el club Reina. Y es que el terrorismo ha vuelto a sacudir un año más a todos los rincones del planeta con atentados y atropellos múltiples, en su mayoría reivindicados por EI o sus filiales. Reino Unido fue el principal objetivo de los terroristas en 2017 con al menos cuatro ataques, entre ellos el atentado con bomba que mató a 22 personas, la mayoría jóvenes y niños, y dejó 64 heridos en el concierto de Ariana Grande en mayo en Manchester o el atropello múltiple con cinco muertos y 31 heridos frente a la sede del Parlamento británico y el puente de Westminster el pasado marzo. Londres fue golpeada de nuevo en junio cuando un nuevo ataque coordinado en el Puente de Londres y el mercado de Borough se saldó con ocho muertos, entre ellos el español Ignacio Echeverría en el Puente de Londres y el mercado de Borough. Marsella, Barcelona, Cambrils, Estocolmo o San Petersburgo  fueron otras de los ciudades del Viejo Continente golpeadas por el EI.

Fuera de Europa, además de las miles de víctimas en atentados en Siria e Irak, podrían destacarse tres ataques concretos por su magnitud o relevancia. En primer lugar, Somalia sufrió el 14 de noviembre el peor atentado en el mundo desde el 11-S con 512 muertos en un ataque con camiones bomba en Mogadiscio. Diez días más tarde, una franquicia del Estado Islámico perpetró el peor atentado en la historia de Egipto, 305 muertos, en el asalto de una mezquita en el Sinaí. Por otro lado, los yihadistas se atrevieron a golpear por primera vez a Irán con un doble ataque contra dos de los símbolos del régimen de los ayatolas: el Parlamento  y el mausoleo del iman Ruholá Jomeini, en Teherán dejando 17 muertos.

Fiel a su tradición, el Estado Islámico trató además de atribuirse en vano la peor matanza en EEUU desde el 11-S, el 1 de octubre en Las Vegas, aunque las autoridades descartaron cualquier relación con el terrorismo yihadista. Un francotirador, identificado como Stephen Paddock de 64 años, tiroteó desde la habitación de su hotel en la planta 32, a los asistentes a un concierto acabando con la vida de 58 personas y dejando heridas a más de 500 antes de quitarse la vida.

Europa, entre la batalla contra el populismo y la negociación del Brexit

Al calor del triunfo de Trump al otro lado del Atlántico y aprovechando como combustible  la crisis de los refugiados y un creciente desencanto y euroescepticismo, los partidos de corte populista y ultraderechista supusieron un desafío para los partidos tradicionales y los Gobiernos del Viejo Continente en un año cargado de citas electorales. La primera de ellas fue Holanda, en marzo, donde el islamófobo Geert Wilders con su Partido para la Libertad no logró su objetivo pese a los buenos resultados que le auguraban las encuestas.

La siguiente en intentarlo fue Marine Le Pen con su Frente Nacional en las presidenciales francesas, que trató de sacar rédito de la baja popularidad del Gobierno socialista de Hollande, sin embargo no contó con la irrupción de un fenómeno que iba a poner patas arriba el tablero político de Francia: Macron y su movimiento ¡En Marcha!. Con menos de un año de vida, el partido de Macron hizo trizas a los socialistas de Hamon y los conservadores de Fillon, incorporando a miembros de ambas formaciones y con un programa renovador de inspiración liberal pero con matices sociales. El resultado fue que en primera vuelta dejó fuera por primera vez a los partidos tradicionales, obteniendo una victoria aplastante en segunda vuelta frente a Le Pen. Ya en el Elíseo, Macron incluso ha desbancado a Merkel como principal impulsor de la construcción europea y se ha erigido como el gran defensor de la lucha contra el cambio climático tras el abandono por parte de Trump del Acuerdo de París.

Menos suerte tuvo en septiembre su colega alemana Angela Merkel, quien pese a obtener su cuarta victoria en unas presidenciales, se dejó casi 8,5 puntos respecto a los comicios de 2013. Entre los principales motivos, su gestión de la crisis migratoria y el nacimiento de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). La canciller, incapaz de formar Gobierno, se ha visto empujada a tratar de reeditar la gran coalición con los socialistas, tras fracasar sus negociaciones con verdes y liberales. Una alianza que en caso de repetirse colocaría  la ultraderecha como la principal fuerza de la  oposición en el Parlamento.

Donde sí logró la ultraderecha entrar en el poder con seis ministerios fue en tras un acuerdo con el Partido Popular austríaco (ÖVP) a cambio de renunciar a un referéndum para salir de la UE. El triunfo en Austria de la ultraderecha consolida el giro de Europa Central hacia el populismo antiinmigración. Bruselas ha abierto un procedimiento contra la República Checa, Hungría y Polonia por negarse a participar en el fracasado sistema de reparto de refugiados y ha iniciado los trámites para quitarle a Varsovia su derecho al voto en la UE por una controvertida reforma del sistema judicial.

El otro desafío que ha centrado la atención del bloque comunitario ha sido el Brexit tras ser activado el 29 de marzo por Theresa May. 2017 no ha sido un buen año para la primera ministra británica que llega a 2018 más debilitada, al dejarse la mayoría absoluta en junio en unas elecciones anticipadas supuestamente convocadas para reforzar su posición ante el Brexit y tras perder a tres de sus ministros a final de año por diversos escándalos. En lo que sí ha habido avances es en la negociación entre Bruselas y Londres sobre la salida del Reino Unido del bloque comunitario al dar paso a la segunda fase de las conversaciones, pese a los flecos pendientes de la primera ronda como la frontera irlandesa o el futuro acuerdo comercial.

Maduro blinda su régimen mientras la derecha sigue tomando Latinoamérica

Venezuela vivió en 2017 un año convulso, marcado por una oleada de protestas antigubernamentales que dejaron 120 muertos y los pasos del régimen de Maduro hacia una dictadura con una serie de movimientos poco democráticos. El primer golpe lo asestó contra la Asamblea Nacional, controlada por la oposición al ser disuelta y sustituida por una Asamblea Nacional Constituyente integrada exclusivamente por chavistas. Tras la negativa de la oposición a presentarse a las municipales de principios de diciembre, la última ocurrencia del régimen ha sido la de vetar a los tres principales partidos opositores en los comicios presidenciales del año que viene. En este contexto y bajo el yugo de una hiperinflación nunca vista, la exfiscal Luisa Ortega y el exalcalde de Caracas Antonio Ledezma lograron escapar del país para denunciar la vulneración de derechos humanos en Venezuela mientras más de 40  presos políticos, entre ellos, Leopoldo López fueron excarcelados.

El regreso de Sebastián Piñera a la Presidencia chilena continuó el giro a la derecha en Latinoamérica, iniciado un año antes con Michel Temer en Brasil y Mauricio Macri en Argentina. Estos dos últimos también vivieron un año complicado. Temer estuvo en la cuerda floja, a punto de sufrir por graves denuncias de corrupción hasta en dos ocasiones un impeachment como el que sacó del poder a su antecesora, Dilma Rouseff, además de la dimisión de varios de sus ministros por diversos escándalos. Su colega argentino vivió una crisis por la desaparición de un submarino con 44 tripulantes en aguas del Atlántico y las fuertes protestas en la calle tras aprobar su polémica reforma de las pensiones.

Los vínculos con la constructora brasileña Odebrecht a punto estuvieron de hacer caer en diciembre al presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski, quien se salvó de la destitución gracias a un grupo de diez fujimoristas. Casualmente tres días después Kuczynski otorgó el indulto humanitario y la gracia presidencial al exmandatario Alberto Fujimori, tildando de "errores" los crímenes de lesa humanidad por los que cumplía condena. El polémico indulto desató las protestas y el rechazo de gran parte de la sociedad organizada y partidos políticos.

Putin y Xi Jinping refuerzan su liderazgo y la caida de Mugabe

Señalados por Trump como principales amenazas a la prosperidad de EEUU en su nueva estrategia de Seguridad Nacional, Rusia y China reforzaron este año el liderazgo de sus líderes. Frente a un grave deterioro de sus relaciones con Occidente, Putin, que ha visto reforzada su popularidad, anunció su candidatura a las presidenciales rusas del año que viene para mantenerse en el poder hasta 2024. Una reelección que se da casi por segura al no tener enfrente ningún rival con suficiente fuerza, sobre todo tras el rechazo de la comisión electoral rusa a registrar la candidatura del opositor Navalni. Por su parte, el presidente chino, Xi Jinping, sale muy reforzado de 2017, a nivel interno tras el Congreso del Partido Comunista y en el exterior por el papel cada vez más protagonista de China ante el mayor aislamiento de EEUU con Trump.

Uno de los principales aliados del Kremlin, Erdogan vio reforzado este año su poder gracias a la reforma constitucional de Turquía, avalada en abril mediante un referéndum. El presidente turco continuó así la senda emprendida en 2016 con la purga en todos los estamentos tras frenar un supuesto golpe de Estado. La deriva autoritaria de Erdogan y sus roces con Merkel llevaron a la UE a "reorientar" sus relaciones con Turquía, lo que hizo que Ankara a estrechar lazos con Moscú.

En el continente africano dos de sus más longevos mandatarios abandonaron el poder, Dos Santos en Angola y Mugabe en Zimbabue, el primero de manera voluntaria y el segundo tras un golpe militar y largas jornadas de negociaciones. El caso de Dos Santos, en el poder desde 1979, es un extraño caso en un continente dominado por dictadores. Más difícil fue la expulsión de Mugabe, quien a sus 93 años se negaba a dejar la Presidencia mientras preparaba el terreno para colocar a su esposa Grace como heredera. Un inesperado levantamiento militar, que animó por primera vez a la población a salir a la calle para pedir su salida, acabó con 37 años de gobierno del  héroe del poscolonialismo africano que acabó convertido en un verdadero sátrapa.

La "limpieza étnica" de los rohinyá y el azote de varios desastres naturales

Al drama de los refugiados de los últimos años por la guerra de Siria se unió este año una nueva crisis humanitaria por la campaña de "limpieza étnica" contra la minoría musulmana rohinyá en Birmania. Más de 650.000 rohinyás tuvieron que buscar refugio en Bangladesh ante el silencio cómplice de la nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, la líder de facto de Birmania, cuyo legado se ha visto enturbiado ante las críticas de la comunidad internacional por su inacción.

Un año más diferentes desastres naturales golpearon al mundo. Tres huracanes -‘Harvey’, ‘Irma’ y sobre todo ‘María’- dejaron a su paso por el Atlántico y el Caribe una ola de destrucción, cientos de muertos y daños millonarios. Puerto Rico fue el más golpeado por lo que ya se considera una de las temporadas de huracanes más devastadoras de los últimos años. El huracán ‘María’ castigó a la isla apenas dos semanas después de la visita de ‘Irma’ dejando una deuda impagable de 70.000 millones de dólares y una economía en caída libre.

La tierra tembló en el mes de septiembre en México con fuertes terremotos, de 8,2 y 7,1 grados en la escala de Richter respectivamente, que causaron más de 400 muertos, enormes pérdidas económicas y una reacción popular de solidaridad que aparcó temporalmente los graves problemas de inseguridad y corrupción que vive el país. Irán sufrió en la frontera con Irak un devastador terremoto de 7,3 grados en noviembre que dejó más de 300 muertos, 7000 heridos, y más de 10.000 desaparecidos.

Por último, nuestro vecino Portugal fue golpeado en 2017 por la tragedia de los incendios que, además de provocar más de cien muertos y arrasar cerca de 450.000 hectáreas, generaron las primeras fricciones entre el Gobierno socialista y el presidente conservador.