La fecundación artificial y el matrimonio gay, los problemas de la Constitución para Cañizares

El religioso compara temas sociales con el independentismo y vincula todo con el comportamiento moral y la crisis de la verdad

El siempre polémico cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, ha señalado en una carta que la fecundación artificial y el matrimonio gay ponen en riesgo la Constitución. Aprovechando el aniversario de la Carta Magna, el religioso publicó una misiva en la que aboga por no cambiar el texto más allá de perfilar algún aspecto y defiende que los principios en los que se asienta son “básicos y difícilmente reformables”.

Así, después de defender una vez más la unidad de España y la dignidad de la persona humana y sus derechos inalienables como principios fundamentales del orden moral, Cañizares comienza a divagar sobre algunos temas que él vincula con la Constitución aunque no tengan nada que ver con la misma. 

Entre otras cosas habla del aborto, la fecundación artificial, la eutanasia y la experimentación de embriones, el matrimonio homosexual o los recortes en la libertad de enseñanza y pone, en el mismo orden de cosas, a los nacionalismos excluyentes y a la puesta en riesgo de la unidad e integridad de España.

Todos ellos son para él problemas que nos encontramos a la hora de aplicar la Constitución y “son expresión del gravísimo problema que afecta hoy al comportamiento moral la separación entre verdad y libertad”. 

Cañizares destaca que la crisis que padece España, con todo el tema catalán, tiene que ver mucho “con la crisis de la verdad y con la corrupción de la idea y experiencia de libertad”. Y aprovecha ese asunto para hablar de las “nuevas ideologías, como la de género”, que hay que combatir con fidelidad a la Constitución.

Además, subraya la importancia que tiene la Carta Magna por encima de los intereses de algunos, en clara alusión a los independentistas: “Pretender unilateralmente alterar este ordenamiento jurídico en función de una determinada voluntad de poder, local o de cualquier otro tipo, es inadmisible. Es necesario respetar y tutelar el bien común de una sociedad pluricentenaria”, asegura.

Para terminar la carta, el cardenal asegura que la Constitución hay que respetarla, que “todavía es muy joven” y que si no lo hacemos “desintegraremos” la sociedad. ¿Y de la pobreza y la violencia de género? Ni rastro.