Puigdemont admite alternativas a la independencia y ERC que no estaban listos para desarrollarla

Si, como se ha dicho, los problemas de muchos catalanes con el Estado español nacían de los sentimientos más que de la cabeza, las declaraciones de quienes hasta hace un par de días eran sus máximos dirigentes deben tenerles sumidos en un torbellino de emociones. Han sido varias las voces del independentismo que han matizado últimamente lo que hasta el 27 de octubre, día en el que el Senado aprobó aplicar el artículo 155 a Cataluña, parecía la defensa numantina de una vía unilateral y unidireccional. Pero ha sido el expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, quien ha dado este lunes la campanada.

“Estoy dispuesto y siempre lo he estado a aceptar la realidad de otra relación con España”, declara Puigdemont en una entrevista con el diario belga ‘Le Soir’ y añade: “¡Aún es posible (una solución distinta a la independencia)! Yo, que he sido independentista toda mi vida, he trabajado durante 30 años en obtener otro encaje de Cataluña en España”. Preguntado por si él se enfrenta a esta crisis con la idea de “independencia o muerte”, Puigdemont responde que “nunca” lo ha visto así y que sigue siendo favorable a un “acuerdo”, al tiempo que achaca a los gobiernos sucesivos del Partido Popular la responsabilidad de la falta de entendimiento.

Las afirmaciones del político catalán podrían ser interpretadas como un enorme ejercicio de cinismo preelectoral, si no fuera porque este domingo por la noche se produjo la visita a ‘El Objetivo’ de La Sexta de Santi Vila, que dimitió como consejero de Empresa el día antes de que se votara la Declaración Unilateral de Independencia, y que dijo cosas que apuntan a algún problema de índole más compleja. Vila le estaba contando a Ana Pastor sus recelos y los de su entorno ante las leyes de desconexión, la del referéndum y la de Transitoriedad Jurídica, que se aprobaron en el tumultuoso pleno del Parlament del 6 y 7 de septiembre. Y, ante el escepticismo de la periodista, se produjo este diálogo:

Santi Vila: “El propio ‘president’ no era especialmente partidario de estas iniciativas legislativas”.

Ana Pastor: “¿No?”

S.V.: “No era especialmente partidario”.

A.P.: “Pues las lideró…”

S.V.: “No las lideró (en este punto la cámara capta el gesto de asombro e incredulidad de la periodista). Las lideró el Parlament”.

A.P.: “Pues él era el presidente y las defendía públicamente. A lo mejor, ustedes decían una cosa en público y luego en privado otra…”

S.V.: “Bueno, allí se había lo que se podía. El Parlament venía muy condicionado por la extrema izquierda (en clara alusión a la CUP). Es uno de los grandes pecados de la legislatura que ha hecho que el proceso sufra grandes dificultades”.

Los comentarios de Santi Vila sobre dirigentes y miembros del Ejecutivo catalán que no veían clara la vía unilateral hacia la independencia se hubieran podido vincular a una de las exconsejeras que acompañan a Puigdemont en Bruselas, Clara Ponsatí, quien dijo este domingo a Rac1 que “el Govern no estaba suficientemente preparado para aplicar la independencia”. La consejera destituida explicó que no había la preparación necesaria “para dar continuidad política de forma sólida a lo que hizo el pueblo de Cataluña el pasado 1 de octubre”. Es decir, que el Ejecutivo autonómico se dejó arrastrar por los acontecimientos sin ser consciente de a dónde le conducía una deriva en la que da la impresión de que solo un partido, la CUP, tenía las ideas claras.

El caso es que ha sonado la hora de la autocrítica porque este lunes el portavoz de ERC, Sergi Sabriá, tampoco ha tenido ningún reparo para admitir que “el Govern no estaba preparado” para “dar continuidad política de forma sólida” a los resultados del 1-O. Concretamente, el portavoz republicano ha admitido que el Ejecutivo catalán no estaba preparado para desarrollar la república “haciendo frente a un Estado autoritario sin límites para aplicar la violencia”.

Sabrià ha querido dejar claro que el Govern tenía una línea roja que no podía traspasar: la no violencia y entender el proceso independentista como pacífico. Además, ha señalado que aún estando listos nunca se hubiera superado “poner en riesgo a los ciudadanos” de Cataluña. “Estábamos a punto de desarrollar la república en un contexto diferente al que nos encontramos, pero ante las pruebas claras de que esta violencia podría llegar a producirse decidimos no traspasar esa línea roja”, ha subrayado.

La declaración se ha producido tras las reunión de la comisión permanente del partido de Oriol Junqueras, que sigue recluido en la cárcel de Estremera y que hace tan solo tres días se pronunciaba en una carta contra los escándalos de corrupción de los grandes partidos nacionales, especialmente del PP, llamando a dar ejemplo y construir una República sin taras “porque este virtuosismo también será una victoria ética y moral ante el Bloque del 155, en el que cohabita una verdadera industria de la corrupción”.

Aunque ha suscrito palabra por palabra lo dicho por Ponsatí y ha reconocido que “todos hacemos autocrítica y hemos valorado cómo hemos llegado al día 1 de octubre, al 27 y a lo ocurrido después”, Sabriá no le ha enmendado la plana a su líder. Sobre las elecciones del 21 de diciembre, ha considerado que existe una “mayoría clara” a favor de la república catalana y que el resultado de las urnas ha de servir para “legitimar” al Govern destituido y para iniciar el proceso constituyente que preveía la ley de ruptura que ha sido anulada por el Tribunal Constitucional.

Ahora bien, si Junqueras aspira a hacer campaña como número uno de la lista de su partido fuera de Estremera, no tendrá más remedio que pasar por un trámite que podría titularse ‘la vía Forcadell’: la aceptación del artículo 155 hasta que Cataluña regrese a la ‘normalidad’ y el compromiso de que desarrollará su acción política dentro del marco constitucional.

Algunos medios han apuntado en las últimas horas que la aceptación de ambos requisitos podría estar próxima, lo que supondría la excarcelación de Junqueras y de los exconsejeros encarcelados que también los suscriban. De hecho, la decisión del magistrado del Tribunal Supremo Pablo Llarena de imponer una fianza de 150.000 euros a Forcadell y de 25.000 a otros cuatro ex integrantes de la Mesa del Parlament -pese a que la Fiscalía reclamó para ellos prisión incondicional- les ha dejado libres para defender sus aspiraciones independentistas pero siempre que lo hagan dentro de las vías legales y respetando la Constitución.

Teniendo en cuenta que hasta ahora no ha prosperado ninguno de los recursos que han presentado los exmiembros del Govern contra su encarcelamiento, solo les queda la alternativa de la ‘vía Forcadell’. Quizá el reciente cambio de abogado de los ex consellers Jordi Turull, Joaquim Forn, Josep Rull y Meritxell Borràs, que optaron por relevar al letrado que defiende en esta causa a Puigdemont, Jaume Alonso-Cuevillas, y confiar su representación a Jordi Pina (en el caso de Turull y Rull), Cristóbal Martell (Forn) y Xavier Melero (Borrás) responde a ese cambio de estrategia.

Este mismo lunes, por cierto, la juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela ha rechazado los recursos de Antoni Comín y Meritxell Serret contra la orden europea de detención a la que se enfrentan los miembros fugados del depuesto Govern. Lamela niega que existe una “persecución política” tal y como afirmaban ellos en sus escritos contra la OEDE.

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