Trump levanta este jueves el secreto sobre la muerte de Kennedy: asesinato o conspiración

El presidente de los EE.UU. Donald Trump decide mañana la publicación de los documentos secretos relativos al asesinato del presidente John F. Kennedy el 22 de noviembre de 1963, durante su visita oficial a Dallas. Se trata de hacer públicos todos los informes que se elaboraron sobre el magnicidio y permanecieron secretos durante los últimos 25 años, lo que está suscitando en USA y muchos países del mundo una gran expectación en la política, los medios y la opinión pública.

De hecho los grandes medios escritos y audiovisuales de USA ya tienen preparados equipos de periodistas y expertos para rastrear a fondo y con urgencia el contenido de cientos de documentos en pos de alguna primicia o novedad, ajena al informe del juez Warren que investigó la muerte de Kennedy y que en 1964 concluyó rechazando la idea de la conspiración.

Aunque puede, como lo ha explicado muy bien el corresponsal de El Mundo en Washington, Pablo Pardo, que Trump no desclasifique todos los documentos porque la CIA y el FBI han pedido reservas sobre algunos aspectos de la investigación porque, según estas agencias, se pondría en riesgo a varios agentes de la CIA y el FBI. De manera que veremos que hace Trump, aunque el presidente ya ha escrito en un tuit prometiendo que se desclasificarán ‘todos los documentos’.

Pero regresemos a los hechos que a la vista están en las películas que sobre el atentado hicieron unos ciudadanos particulares (Zarpuder y Clark) el día 22 de noviembre de 1963 cuando el coche presidencial de Kennedy -en el que viajaba su esposa Jackie y el Gobernador de Dallas J. Conalley- entró a media mañana en la plaza Dealey de Dallas y entonces empezaron los tres disparos que Lee Harwey Oswald hizo contra Kennedy desde un almacén de libros: el primero falló; el segundo alcanzó en el cuello del presidente y el tercero, mortal, en su cabeza.

La autoría del magnicidio por parte de Oswald no está en discusión. Este ex marine había vivido en Rusia y estuvo casado con la hija de un coronel del KGB y luego regresó a USA y se infiltró en asociaciones anti comunistas y cubanas en 1962 el año de la crisis de Cuba donde el presidente Kennedy obligó a Rusia a retirar los misiles nucleares que había desplegado en Cuba bajo amenaza de guerra e invasión de la isla.

Las huellas de Oswald estaban en el rifle con el que mató a Kennedy y el personaje fue detenido al poco después en un cine tras haber matado a un policía (Tippit) en su fuga. Asimismo se supo que, con anterioridad, había trabajado en el depósito de libros desde donde se hicieron los disparos.

Posteriormente y de manera asombrosa y sospechosa un mafioso conocido como ‘Ruby’ (Jack Rubinstein) consiguió acercarse a Oswald cuando, una vez detenido, era trasladado por la policía de Dallas, sin unas excepcionales medidas de seguridad, -otro punto negro- y lo mató. Ruby, era un personaje relacionado con la mafia de Dallas y a la vez confidente del FBI y murió de cáncer en la cárcel, tres años después de ser detenido.

¿Quién mató a Kennedy? Esa es la cuestión. ¿Acaso sólo fue Lee Oswald, personaje al que se le imputa un desequilibrio mental nunca demostrado, o actuó por encargo y al servicio de alguien? Ahí empieza la teoría de la conspiración que había negado en 1964 el ‘Informe Warren’ donde se ponía fin a la investigación oficial.  Pero la búsqueda de datos, de cabos sueltos y de los posibles errores en la investigación continuó y ha estado sellada los últimos 25 años y ahora verá La Luz.

Y la primera incógnita consiste en desvelar si L. H. Oswald era un ‘lobo solitario’ y un demente –al estilo de algunos que en USA provocan sus matanzas sin sentido alguno-, o si al contrario era: un sicario a sueldo implicado en alguna organización criminal (la mafia, se especuló), o de algún poderoso lobby económico; o un agente criminal al servicio de un Estado extranjero como Rusia o Cuba que habría actuado en venganza por la crisis de los misiles de 1962.

El hecho de que Oswald -que era seguido por la CIA desde su regreso a USA en 1962- antes del magnicidio hubiera estado en Méjico donde al parecer se reunió con espías rusos y cubanos es un dato fundamental que puede dejar en evidencia a la CIA y el FBI, las secretas agencias que están empeñadas en la sola autoría personal de Oswald y sin relación alguna con países extranjeros, la mafia o con grupos de presión económicos.

Pero lo cierto es que Oswald tuvo que recibir entrenamiento de tiro para realizar tan certeros disparos en un blanco en movimiento, que necesito de medios de información para preparar el crimen y a buen seguro de medios económicos para llevarlo a cabo. Asimismo y aunque el informe Warren lo descarta se especuló de la posible existencia de un segundo tirador una vez que la primera de las balas de Oswald falló y que las otras dos impactaron en el cuello y la cabeza de Kennedy. Y si eso es así, ¿quién hirió entonces al Gobernador Conally que iba en el coche presidencial y también resultó herido? La teoría de que fue una de las balas que alcanzó a Kennedy y que luego se desvió hacia Conally es más que discutible.

Y si esto es así más sorprendente parece la irrupción del sicario Ruby (¿a las órdenes de quien, o pagado por quien) que liquidó a Oswald en un ‘temerario’ (ante público y medios de comunicación) traslado de Oswald por parte de la policía de Dallas. Al morir a Oswald el tirador se llevó a la tumba todos los secretos del magnicidio de John F. Kennedy.

Y estas y otras incógnitas son las que en todo o en buena parte se espera que despejen los documentos secretos que el presidente Trump mañana desvelará. Aunque puede que en ellos no aparezca nada determinante y que la única verdad sobre el magnicidio de Kennedy permanezca enterrada en la tumba de Oswald de donde nunca saldrá.

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