Llegan a París el genio creativo en los tejidos y el prolífico universo artístico de Mariano Fortuny

Además del mítico vestido Delfos, se pueden ver abrigos con estampados renacentistas, capas, túnicas o sus también emblemáticos velos Knossos y el vestido Eleonora

El legado del polifacético artista Mariano Fortuny y Madrazo, llamado el ‘Mago de Venecia’, tuvo en el emblemático vestido Delfos su máxima expresión, que el Museo de la Moda de París explora junto al resto de su creación, en una muestra con la que da por clausurada su temporada española.

Los cerca de 450 pliegues que confeccionan esa prenda de inspiración griega, cuyo bajo se abre como una corola, son la pieza estrella de la exposición ‘Fortuny, un español en Venecia’, que desde ayer y hasta el próximo 7 de enero llena las salas del conocido como Palacio Galliera.

El creador granadino (1871-1949), hijo del también pintor Mariano Fortuny y Marsal, cierra un ciclo que comenzó el pasado marzo con una muestra sobre Cristóbal Balenciaga, y que prosiguió en junio con otra enfocada en los trajes tradicionales españoles.

Centrarse ahora en Fortuny con la que además es su primera retrospectiva en Francia, según dice a Efe la conservadora general del Galliera, Sophie Grossiord, era “imperativo”: “Era un inventor absolutamente excepcional”, que dejó su impronta también en la escultura, la fotografía, la escenografía o la iluminación.

“Su actividad en el ámbito textil solo se puede entender viendo todo su trabajo sobre la luz”, explica de alguien que “no era un modisto, en el sentido de que propuso una obra muy limitada en cuanto a la tipología de prendas, que se mantuvo invariable en los años 10, 20 e incluso 30, y que estaba al margen de las corrientes”.

El Delfos, patentado en 1909, fue en sus primeros años una prenda reservada para la intimidad del hogar, y la sensual forma en la que su corte escultórico se ajustaba al cuerpo femenino hizo que se decantaran por el mismo “mujeres emancipadas”, actrices y bailarinas como Sarah Bernhardt o Isadora Duncan.

La manera en que sus pliegues atraían y potenciaban la luz, según la conservadora, evocaban los reflejos de la laguna de Venecia, ciudad en la que se instaló en 1888 y en la que permaneció hasta su muerte, y a la que debe su apodo.

El artista, “totalmente impregnado de la cultura veneciana”, conoció a todas las celebridades del mundo cultural de la época, pero trabajaba “en la soledad de su palacio”, donde compaginó su actividad textil con otras como la pintura o la fotografía.

El interés por los tejidos, explica Grossiord, le vino de familia. Su padre, además de un pintor célebre, autor de obras como ‘La batalla de Tetuán’ o ‘Desnudo en la playa de Portici’, fue un gran coleccionista de textiles antiguos.

El Palacio Galliera de París se ha nutrido de fondos propios y de préstamos del Museo del Traje de Madrid para exponer el fruto de esa inspiración, en la que también se pueden ver abrigos con estampados que emanan del Renacimiento italiano, capas, túnicas o sus también emblemáticos velo Knossos y el vestido Eleonora.

La institución parisina acompaña esos conjuntos con cuadernos de ventas, fotografías o cuadros, en los que el Delfos de las retratadas adquiere un protagonismo propio.

Uno de ellos es ‘Elena con túnica amarilla’, en el que Joaquín Sorolla retrató a su hija menor en 1909, que con esta exposición sale por primera vez de España y, según la conservadora, “muestra muy bien hasta qué punto la luz juega un papel esencial en todos esos pliegues”.

La exposición recurre por tanto a diversos formatos para acercarse al prolífico universo del artista, de quien el museo recuerda que sus vestidos “siguen llevándose hoy en día, porque son totalmente atemporales”.