Carven recupera el pulso entre las grandes casas gracias a su nuevo diseñador Serge Ruffieux

El suizo no ha desilusionado a los fans de la firma, símbolo del 'chic' parisino, en una colección cargada de minivestidos de seda estampados, pantalones cortos tipo culotte y otros cortes sesenteros

Su breve pasaje por la dirección artística de Dior, en condiciones desesperadas, permitió al diseñador suizo Serge Ruffieux demostrar su talento y fichar por Carven, para quien ha presentado su primera colección en la pasarela parisina: una nueva era para una firma que estaba perdiendo fuerza.

El escenario escogido para este desfile fue un símbolo del espíritu de la marca: el campus de la Universidad Pierre et Marie Curie, en el centro de París, en los mismos pasillos por los que correteaban los estudiantes, sorprendidos por el revuelo de la organización del show y la presencia de un centenar de invitados.

Entre ellos, Sydney Toledano, director general de Christian Dior, que no dudó en acudir a mostrar su apoyo a Ruffieux, de 42 años, y en felicitarle rápidamente en el backstage tras apreciar la propuesta de su antiguo empleado.

Ruffieux fue, junto a Lucie Meier, el encargado de dirigir el diseño de Dior durante casi un año entre la partida de Raf Simons y la llegada de Maria Grazia Chiuri, y el resultado sirvió para que Carven se interesara por él y acabara entrando en la firma el pasado 1 de febrero.

El suizo no ha desilusionado a los seguidores de la marca, símbolo del chic parisino y de un estilo elegante pero relajado, en una colección cargada de minivestidos de seda estampados, pantalones cortos tipo culotte y otros cortes típicamente sesenteros.

Al clasicismo marca de la casa, Ruffieux añadió un toque de modernidad desestructurando las siluetas: las chaquetas estilo cazador se llevaron cortas, a la altura del pecho, como los llamados crop tops; los polos se volvieron anchos y casi parecían mini capas, combinados con sedosas faldas estampadas.

En una paleta de colores pastel, destacaron también el verde botella y el coral, entre pinceladas de azul marino y amarillo, en una línea muy juvenil dirigido no solo a veinteañeras, sino también a aquellas que están en busca de la eterna juventud.

Los zapatos, sandalias planas y bailarinas de estilo étnico con pompones y un sinfín de colores y aplicaciones, prometen ser un éxito comercial para la próxima primavera-verano 2018.

No fue la única firma parisina que dio hoy la bienvenida a un nuevo talento. Una de las marcas más icónicas del llamado ‘chic francés’, Chloé, comenzó una nueva etapa que dirigirá Natacha Ramsay-Levi, de 37 años, que durante casi dos décadas había sido la mano derecha de Nicolas Ghesquière en Balenciaga y Louis Vuitton.

Tras pasar 15 años junto al creador francés, diseñador en Vuitton y representante de una corriente más futurista que el boho-chic de Chloé, la influencia de este es inevitable y se ha dejado ver en la primera creación de Levi para la casa.

La estética setentera se mantuvo con vestidos románticos, mangas amplias con vuelo, estampados floreados y minivestidos étnicos; pero había sin embargo más fuerza, un brío hasta ahora inédito en la casa con formas ligeramente estructuradas en los hombros y botas masculinas con puntera, que desprendían un claro olor a Ghesquière.

Las cifras de la casa han aumentado exponencialmente en los últimos años con unos ingresos estimados de 450 millones de euros al año y la marca se prepara para seguir creciendo con una serie de nuevas aperturas de boutique -hasta 12 este año- y una producción al alza que se espera siga creciendo con la llegada de Levi.

Por su lado, el diseñador indio Manish Arora, asentado en la pasarela parisina con su personal y definido estilo, puso sobre la pasarela una colección muy occidental en las formas, inspirada en las siluetas de los años 50, con estampados y bordados que recordaron a su India natal.

En un tratamiento casi de Alta Costura por el trabajo de los bordados sobre estampados psicodélicos, Arora apostó por vestidos con vuelo ajustados en la cintura combinados con cardigans de pico y maxicazadoras colocadas sobre los hombros.

En tonos menta, amarillo, lila y algún flash de rosa fucsia, los vestidos parecían en ocasiones el tradicional sari indio transformado en traje de noche aunque rejuvenecido gracias a la mezcla de chaquetas y cardigans, también cargadas de lentejuelas y pespuntes de color.