El Banco de España admite que la tensión política en Cataluña afecta al crecimiento y al consumo

El Banco de España ha mantenido en el 3,1 % su previsión de crecimiento económico para 2017, así como para 2018 y 2019, con proyecciones de incrementos del PIB del 2,5 % y 2,2 %, respectivamente. Eso sí, el organismo dirigido por Luis María Linde destaca que el órdago independentista de la Generalitat supone un riesgo para el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) de España y para el consumo, y puede provocar tensionamientos en la prima de riesgo.

Concretamente, lo que dice el Banco de España es que la tensión política en Cataluña es un “elemento de incertidumbre”, un riesgo que de materializarse podría afectar a la confianza de los agentes y a la financiación. Otros factores a tener en cuenta son la apreciación del euro y la inflación, aunque se verán contrarrestados por el fortalecimiento del entorno exterior y, en especial, del área del euro.

Por lo que se refiere a Cataluña, el director de Economía y Estadística del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, ha subrayado que la previsión de crecimiento “no incorpora ningún efecto” de la situación en esa comunidad. Sin embargo, esta “tensión” se menciona por primera vez como riesgo -junto a otros, como el Brexit o la incertidumbre sobre la política macroeconómica en los Estados Unidos-, lo que “podría eventualmente tener efectos negativos sobre la confianza de los agentes y las condiciones de financiación”. Y ha alertado de que “donde primero se notan estas tensiones es en la prima de riesgo” y, posteriormente, en los tipos de interés que pagan hogares y empresas. De momento, el Banco de España no ha percibido ninguna anomalía en los depósitos en las entidades financieras catalanas.

En su pronóstico de crecimiento, el Banco de España ha tenido en cuenta sus cálculos de crecimiento económico en el tercer trimestre del año, que se modera una décima respecto al segundo, hasta el 0,8 %, una “leve ralentización” que vincula a un ritmo más moderado de creación de empleo y de flujos comerciales, tras el favorable comportamiento de la primavera. Así, las previsiones para los próximos dos años contemplan una prolongación de la actual fase expansiva, apoyada en la corrección de los desequilibrios de la economía, con la mejora de la competitividad que ha llevado a un saldo exterior positivo, la reducción de la deuda privada y la favorable política monetaria.

No obstante, matiza que la desaparición de impulsos expansivos (como el gasto de las familias embolsado durante la crisis y el abaratamiento del petróleo) que han estimulado transitoriamente la recuperación de la economía española lleven a una moderación.

El crecimiento del producto continuará sustentándose en la demanda nacional, que se desacelerará en los dos próximos años, mientras que la demanda exterior continuaría ejerciendo una contribución positiva, aunque decreciente. El crecimiento del PIB seguirá siendo muy intensivo en el factor trabajo con un moderado ritmo de avance de los costes laborales unitarios, aunque se ralentizará el crecimiento del empleo, con un alza del 2,7 % para este año; del 2,2 %, en 2018, y del 1,8 %, en 2019, medidos en puestos de trabajo equivalente.

La tasa de paro se situará en el 16,3 % a cierre de 2017, el 14,4 % en 2018 y por debajo del 13 % a finales de 2019.

Para los próximos meses, el Banco de España espera una desaceleración de los ritmos de consumo por la evolución de la energía, aunque el IPC medio será del 1,9 % en 2017, una décima por debajo de su anterior previsión. Aunque prevé un repunte de la inflación a principios del año que viene por el alza de los componentes subyacentes, en términos medios anuales esta tasa se moderará al 1,3 % en 2018, y repuntará al 1,6 % en 2019.

Por otra parte, señala que el déficit de las Administraciones Públicas cerrará el año en el 3,2 %, una décima por encima del objetivo del Gobierno, en tanto que en 2018 y 2019 se situará en el 2,6 % y 2,1 %, con una desviación de 4 y 8 décimas, respectivamente.

En clave trimestral, el Banco de España considera que el crecimiento económico entre julio y septiembre ha continuado sustentado en la demanda nacional, mientras que el sector exterior (con indicadores aún incompletos) ha contribuido positivamente, aunque menos que en el segundo trimestre.

La inflación, por su parte, ha mantenido un crecimiento estable, porque la desaceleración del alza de los precios de los alimentos no elaborados, de los bienes industriales no energéticos y de los servicios se vio más que compensada por la aceleración de los precios energéticos y de los alimentos elaborados.