May tratará de formar un Gobierno en minoría con los unionistas del Ulster

Los conservadores, liderados por la primera ministra Theresa May, han perdido la mayoría absoluta, según el recuento oficial de votos de las elecciones generales del jueves en el Reino Unido. Conocido el resultado de 632 circunscripciones del país de las 650 que componen la Cámara de los Comunes, el Partido Conservador ha obtenido 318 escaños, lo que matemáticamente le impide alcanzar los 326 diputados necesarios para obtener la mayoría absoluta. El Partido Laborista de Jeremy Corbyn obtiene 261 parlamentarios, el Partido Nacionalista Escocés (SNP) 35 asientos, los liberaldemócratas 12 escaños y los unionistas, la fuerza política con la que May intentará pactar para formar un Gobierno en minoría, 10.

La apuesta de la primera ministra y líder conservadora, Theresa May, por el adelanto electoral ha resultado fallida, ya que su objetivo era ampliar la mayoría de la que ya disfrutaba para encarar la negociación del Brexit con la UE desde una postura de mayor fortaleza. Los laboristas, por su parte, obtienen un aumento de 31 escaños, lo que es todo un triunfo para una formación que, bajo el liderazgo de Jeremy Corbyn, había iniciado la carrera electoral muy por detrás de su rival. Los analistas habían llegado a pronosticar su aniquilación en las urnas lo que, por otra parte, era otro de los objetivos que perseguía May.

Los liberal-demócratas, que aspiraban a capitalizar su apoyo al ‘remain’, a la permanencia en la UE tras la debacle de hace dos años, cuando pasaron de socio minoritario del Gobierno a tener tan solo nueve representantes en la Cámara de los Comunes, se quedan con 12 escaños, una leve subida respecto a 2015. El Partido Nacional Escocés (SNP, en sus siglas en inglés), se ha hecho con 35, lo que reduce notablemente el hito obtenido en las generales más recientes, en las que se habían logrado 56 de los 59 escaños que por entonces estaban en juego. El UKIP, por último, ha perdido el único escaño que tenía tras los comicios de 2015 gracias a la deserción de un exdiputado conservador que se pasó a sus filas y que, posteriormente, abandonó también el partido eurófobo.

Una de las conclusiones que ya apuntaban las encuestas durante la campaña y que se ha confirmado durante esta larga noche de escrutinio es el regreso del bipartidismo, al que se había dado por finiquitado hace solo dos años, en las elecciones de 2015. Entonces, el Partido Conservador y el Laborista presentaban síntomas de retroceso, sumando entre los dos un 67% del electorado. Esta vez, sin embargo, los tories con el 42,4% de los votos y el principal partido de la oposición, con el 40%, alcanzan el 82% de los sufragios emitidos este 8 de junio.

May quiere seguir pilotando el país y el Brexit

Los resultados ponen en entredicho el futuro de May quien, pese a todo, no está dispuesta a dar un paso al lado. De hecho, ya le ha comunicado a la reina Isabel II que intentará formar gobierno. La “premier” contaría con el respaldo del Partido Democrático Unionista del Ulster (DUP), que ha obtenido diez escaños de los 18 que le corresponden a Irlanda del Norte en los Comunes. “Este es un territorio perfecto para el Partido Democrático Unionista. Obviamente, si los conservadores se quedan cortos para una mayoría absoluta estaríamos en una posición negociadora muy sólida”, declaró la pasada madrugada a la BBC el diputado unionista Jeffrey Donaldson.

En cambio, el Partido Liberaldemócrata, que entre 2010 y 2015 gobernó en coalición con los conservadores cuando estaban bajo la dirección de David Cameron, ha insistido en el mensaje que ha reiterado durante toda la campaña su líder, Tim Farron. “Estamos recibiendo muchas llamadas, así que, para ser claros: No habrá coalición. No habrá pactos”, ha escrito la oficina de prensa de la formación en Twitter.

En cualquier caso, la líder conservadora está abocada a la negociación y el pacto, que es lo que ocurre cuando las elecciones configuran un Parlamento “colgado” -hung parliament-, que es como los británicos llaman a la Cámara cuando ninguna formación llega a la cifra de los 326 escaños necesarios para gobernar en solitario. “Solo el Partido Conservador y el Partido Unionista Democrático tienen la posibilidad de formar Gobierno”, ha dicho a su regreso de Buckingham Palace en una breve declaración sin preguntas.

May ya habló anoche, en cuanto tuvo asegurado su propio escaño, para prometer lo que su adelanto electoral ha puesto en serio peligro, fuerza y estabilidad. “El país necesita un periodo de estabilidad, y sean cuales sean los resultados, los conservadores garantizarán esa estabilidad para que podamos estar unidos como país”, dijo y reiteró que una de sus prioridades será trabajar para lograr una correcta aplicación del ‘Brexit’. “Cuando realizamos esta campaña consideramos los problemas que son la principal prioridad de la población británica: sacar adelante correctamente el acuerdo del ‘Brexit’, garantizar que identificamos y hacemos frente a los grandes desafíos a los que hace frente el país, haciendo lo que va a favor de los intereses nacionales”, manifestó.

La primera ministra en funciones, en definitiva, se siente legitimada para seguir pilotando uno de los procesos más complejos y delicados a los que puede enfrentarse un país europeo: el abandono del club al que pertenecen sus aliados, con los que comparte intereses económicos, políticos y de seguridad.

Corbyn aprovechará el ‘pinchazo’ de May para tratar de gobernar

Una lectura distinta es la que hace Corbyn, que ha reclamado a la primera ministra que anuncie su dimisión, apuntando a su “pérdida de apoyos” en las elecciones parlamentarias: “La primera ministra convocó las elecciones porque quería un mandato. El mandato que ha logrado es que los conservadores han perdido escaños, votos, apoyo y confianza”. “Creo que eso es suficiente para que se vaya”, ha manifestado, recordando que “las elecciones fueron convocadas por la primera ministra para lograr una mayoría más amplia que le permitera reforzar su autoridad”‘.

Los laboristas ya han dado muestras de querer aprovechar la debilidad de May. El portavoz de Economía del partido y ‘mano derecha’ de Jeremy Corbyn, John McDonnell, ha anunciado que intentarán formar un gobierno en minoría ante la inestabilidad en la que están sumidos los conservadores. “No quiero ser despectivo pero creo que ella -en alusión a Theresa May- es una primera ministra de pega, no puede sobrevivir y varios parlamentarios conservadores están ya diciendo en privado que su posición es insostenible”, ha dicho McDonnell en declaraciones a la BBC,

También dentro del Partido Conservador se han levantado voces que ponen en tela de juicio la continuidad de su líder. “Creo que está en una posición muy difícil y necesita considerar su puesto. Esta es una noche terrible”, ha dicho la diputada “tory” Anna Soubry, secretaria de Estado de Pequeñas Empresas e Industria bajo el Gobierno del primer ministro David Cameron, antecesor de May en el número 10 de Downing Street. El diputado del mismo partido Nigel Evans ha resumido la situación de esta manera: “Nos íbamos a pegar un tiro en el pie y nos lo hemos pegado en la cabeza”.

Uno de los primeros en hablar durante la larga noche del escrutinio fue el exministro de Finanzas de Cameron George Osborne, cuando solo se conocían las encuestas a pie de urna que ya avanzaban este desenlace. “Es un sondeo a pide de urna, pero si está ajustado es completamente catastrófico para los conservadores y para (la primera ministra) Theresa May”, declaró a la televisión británica ITV. “Es difícil ver cómo estos números -si son correctos- podrán mantener unido al partido para seguir en el Gobierno”, admitió Osborne, al tiempo que matizó que “también es difícil prever cómo los laboristas podrían formar una coalición” para llegar a Downing Street.

El análisis de Osborne, a quien se podría encuadrar en las filas de los ‘resentidos’ con May por haber sido excluidos de la primera fila de la política, tiene sentido no obstante porque para May estas elecciones eran también su bautismo, la prueba que debía superar para confirmarse como la líder fuerte y estable que pretende aparentar, después de haber accedido al liderazgo del Partido Conservador por descarte de otros candidatos y al 10 de Downing Street sin pasar por las urnas, a raíz de que David Cameron tuviera que dimitir tras perder el referéndum del Brexit en el que él defendía la permanencia.

Sin embargo, la primera ministra ha conseguido todo lo contrario. La campaña ha dejado al descubierto sus debilidades y sus contradicciones, que se han hecho más evidentes tras la irrupción del terrorismo yihadista. La exministra de Interior ha tenido que hacer frente en los últimos días a las acusaciones de sus rivales por los recortes policiales que aplicó cuando era la jefa de las fuerzas del orden.

Su programa social, cuya propuesta estrella consistía en cargar sobre la espalda de las personas mayores con un patrimonio a partir de los 100.000 euros el coste de sus cuidados -lo que los laboristas etiquetaron como ‘impuesto a la demencia’ y que May tuvo que acabar rectificando- tampoco la ha ayudado. A todo ello hay que sumar su falta de concreción sobre su proclamado ‘Brexit duro’ que un año después del referéndum empieza a asustar hasta a quienes apoyaron la salida de la UE.

Según el calendario marcado con Bruselas, se prevé que el Reino Unido abandone el bloque para otoño de 2019. El divorcio supone ahora para Londres renegociar, al menos, 759 tratados internacionales. Además de las negociaciones con la UE, el Gobierno electo deberá dibujar sus nuevas relaciones con 168 países, según un estudio publicado por ‘Financial Times’.

 

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