Los candidatos siguen sin descartar el desgarro interno del PSOE tras el debate

No era el momento de lucir los cuchillos, pero el debate entre los tres candidatos a la secretaria general del PSOE no eliminó el ánimo de utilizarlos ni de aquí a la consulta a la militancia del 21 de mayo ni, pasada esa fecha, cuando haya un vencedor. El comentario general de los segundos de Susana Díaz, Pedro Sánchez y Patxi López, pasada la confrontación dialéctica, fue que, exceptuando al ex lehendakari, los puños de hierro acabaron imponiéndose a los guantes blancos que los ocultaban.

Por debajo de la lisa superficie, escasamente picada, la confrontación siguió teniendo mar de fondo en el debate. Lo evidenció una resaca en la que todos los asesores decían en privado que había ganado su jefe, pero añadiendo que nada había cambiado en el pulso por la victoria definitiva. “Siguen manteniendo las mismas razones para mantenerse en sus trece”, precisó uno de ellos. “Y en sus malas maneras”, añadió un seguidor del ex lehendakari socialista.

De hecho, el escenario se construyó sobre la idea del compañerismo y el de darse caña pero dentro de un orden. Tanto fue así que los prolegómenos del acto apuntaban a un debate duro, pero contenido, en el que se evidenciase por los tres candidatos que los adversarios son Mariano Rajoy y el PP y que la pulla entre ellos sería más programática que personal. Incluso la entrada a Ferraz pareció un acto acordado entre ellos. Primero llegó Pedro Sánchez a las 11,10, Susana Díaz acudió a y veinte, diez minutos después, y López otros diez más tarde, a las 11,30. Y brillaron las buenas intenciones.

Ni siquiera había militantes montando bronca en la calle, como ha venido ocurriendo en la sede madrileña de Ferraz cuando se ha celebrado algún tipo de reunión importante. Apenas llamaba la atención un conocido anciano que lucía un solitario cartel contra la presidenta andaluza. De hecho, sólo Díaz llegó acompañada por un grupo de seguidores madrileños que portaban banderas del PSOE y la aplaudían pero se fueron nada más entrar en la sede. En cambio, tres o cuatro militantes aplaudieron discretamente a López y un par de seguidores aislados dieron gritos a favor de Sánchez cuando llegó y cuando se fue tres horas más tarde.

Dentro del salón de actos donde se celebró el debate, tras las poses fotográficas previas de los candidatos, los equipos quisieron demostrar que todo iba a ser de guante blanco. Pero ya se puso en evidencia que los asesores de Sánchez y los de Susana no conversaban entre sí.

De entrada, besos y sonrisas
En cambio los equipos de Sánchez y de Díaz, cada uno por su lado, sí que se saludaban y conversaban con amabilidad. José Luís Avalos, el diputado valenciano que ejerce de mano derecha de Sánchez, charló amablemente con sus compañeros del parlamento Oscar López y Rafael Simancas. Por su lado, Eduardo Madina le daba la mano y conversaba afectuosamente con Andoni Unzalu, el asesor de comunicación de López, bilbaíno como él.
Todo fueron sonrisas antes de que las tres estrellas llegaran al proscenio. Después de los besos y saludos que se dieron en el fotohall de Ferraz, volvieron las caras serias y con ellas bajaron al salón Ramón Rubial donde se celebraba el debate. Primero llegó Sánchez, después López y, finalmente, Díaz. Allí, fuera de cámaras, ni se miraron, ni sonrieron, ni concedieron el menor atisbo a la cortesía.

Cada uno por su lado

De hecho, cada cual se fue descaradamente por su lado en los cinco minutos de descanso. Sánchez y Díaz, en el salón del acto, se fueron a las dos esquinas como púgiles que aprovechaban la campana para dejarse ayudar por sus cuidadores. Y López les dijo a los suyos que no tenía nada de qué hablar porque lo tenía claro. Simplemente, como sale en el Congreso de los Diputados al pasillo cada dos por tres, se fue a fumar su imperdonable cigarrillo para seguir tranquilo con su imposible faena de aliño intentando juntar el agua y el aceite.

En lo formal, todo fue tan bien que nadie protestó por el uso del tiempo, controlado en esta ocasión por tres árbitros de la Federación de Baloncesto de Madrid. Tanto que los púgiles dialécticos salieron asegurando tras el debate que había sido entre compañeros, de guante blanco, a pesar de que algunas cosas que se había dicho, señalaron sus asesores a este diario, bordearon peligrosamente la pugna personal. Sobre todo cuando Díaz le dijo a Sánchez que ella ha sido siempre honesta en lo público “y en lo personal”, lo que sus asesores interpretaron como una alusión a la relación del ex secretario general con los negocios de su suegro que no fue más allá.

“Dice Bruto…”

Un miembro del equipo de López, tras destacar que el ex lehendakari siempre había ido de frente, definió el pulso soterrado entre Díaz y Sánchez como un duelo cínico en el que los protagonistas hablaban como el Marco Antonio del “César” de Shakespeare. Aquello del “dice Bruto, y Bruto es un hombre honrado” con el que el amigo de César reprochaba a Bruto su asesinato. Susana Díaz con frases como la de “Pedro, vas cambiando de opinión en función delo que te viene bien, no porque seas voluble”. Y Sánchez dándole que te pego con la hemeroteca.

Pero ese análisis era el de los asesores finos. Tras el debate, las facas volvieron a salir de inmediato. Los asesores de los tres candidatos no ocultaban a República.com que la disposición de integrar a los perdedores por parte del vencedor, a partir del día 21 de mayo, eran palabras que se va a llevar el viento, salvo en el caso casi imposible de que gane López. “El que gane -comentó uno de ellos vinculado a Díaz- impondrá su ley”. “De hecho –añadió- la poca diferencia con Sánchez en el porcentaje de avales le ha resuelto a Susana un problema político porque antes temía vencer por poco y ahora le bastará con sacar un voto más”.

No obstante, ese asesor añadía que la presidenta andaluza tiene claro que deberá integrar a sus adversarios derrotados. Da por descontado, precisó, que lo hará con López. Y también con segundos de Sánchez, pero no con él. Según ese allegado a Díaz, ella dice que “la noche del 21 de mayo quiere unir el partido para ganar las elecciones en España como hizo en Andalucía”. “Y farda de que entonces -añadió- el PSOE andaluz estaba en peores condiciones y consiguió integrar a sus adversarios como pasó con Antonio Rodríguez Limones, quien apoyaba a su adversario en las primarias”.

A juicio de un seguidor de Sánchez, esa pretensión de Díaz es falsa y, si gana, acabará con Sánchez como político. Y, además, añadió, está el problema de que en el debate, salvo López, ni la líder andaluza ni el ex secretario general hicieron apelación ninguna a los militantes para evitar la confrontación extrema en la que viven.

Buen ejemplo de ello lo dio el ex alcalde de Getafe, Pedro Castro, que llegó a Ferraz acompañando a la candidata andaluza, a quien apoya, y, sin cortarse un pelo, comentó: “No me importa que lo digas, yo contraté a Sánchez cuando era un neoliberal de esos de Jordi Sevilla y compañía y ahora va de ser más rojo que nadie”. “Pero si Pedro no ha cerrado el puño nunca, ni para echarse una gayola”.