La principal víctima de los ‘Romanones’ se derrumba y rompe a llorar en el juicio

El joven que acusa a un grupo de sacerdotes de Granada asegura que sufrió abusos de forma continuada desde los 14 años

El juicio por el escándalo de los presuntos abusos sexuales en la Iglesias denominado el ‘caso de los Romanones’ ha acogido este miércoles su testimonio más dramático. El joven que denunció los hechos, y que incluso envió una carta al papa Francisco para denunciar lo que le había ocurrido, se ha reafirmado en sus acusaciones en una conmovedora declaración en la que ha roto a llorar e incluso ha tenido que abandonar la sala.

D.R., que ahora tiene 27 años, se ha reencontrado este miércoles con su pasado en la Sección Segunda de la Audiencia de Granada, donde se juzga al padre Román, para el que la Fiscalía solicita nueve años de cárcel por un delito de abuso sexual con acceso carnal.

Ha detallado que conoció al denominado ‘clan de los Romanones’ cuando se preparaba para hacer la primera comunión y ha reiterado que fue víctima de abusos sexuales y violaciones de las que ha responsabilizado al acusado y a parte de los investigados inicialmente.

Ha recordado que los abusos comenzaron en 2004, cuando tenía 14 años, y ha asegurado que el acusado y otros tres miembros del grupo abusaron sexualmente de él, “y los demás eran conocedores”.

Pese al relato de los abusos, ha reconocido que volvía a la casa parroquial en la que se producían “solo, porque no tengo capacidad de decisión y hago lo que me dicen” y ha descrito haber pasado “pánico” y “vergüenza” y haber estado “completamente manipulado” por el procesado, al que veía como líder, padre y su único referente.

“Ya no puedo ir a misa porque me parte en dos, porque no puedo escuchar a un cura hablar del amor fraterno que me llevó a que me violaran y abusaran de mí”, ha resumido.

El joven ha comparado su incapacidad de afrontar los hechos durante años con el sentimiento de las mujeres que sufren violencia machista y ha negado que la denuncia responda a un ánimo de enriquecerse, a fines laborales o a una venganza contra el procesado.

Durante el interrogatorio por las partes representadas en la causa, el joven se ha derrumbado en varios momentos y ha continuado su narración llorando, lo que ha motivado su salida momentánea de la sala, en la que ha insultado a parte de los inicialmente investigados que estaban allí.