Trump mantiene su ‘total confianza’ en el fiscal general pese a las presiones para que dimita

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este jueves que tiene "total confianza" en el fiscal general del país, Jeff Sessions, después de que ‘The Washington Post’ revelara que tuvo reuniones con el embajador ruso en EEUU, Serguéi Kislyak, encuentros que ocultó al Senado. Motivo que ha llevado a los líderes demócratas en el Congreso a exigir su renuncia, mientras que varios republicanos han considerado que debería al menos inhibirse de participar en las investigaciones que se están llevando a cabo sobre la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de pasado noviembre.

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Por segunda vez la estrecha relación del equipo de Donald Trump con Rusia salpica a un miembro de su recién estrenado Gobierno y por segunda vez estalla una crisis que podría forzar al presidente a una nueva remodelación, mes y medio después de su toma de posesión. El afectado ahora es el fiscal general o ministro de Justicia, Jeff Sessions, de quien se ha sabido que mantuvo dos encuentros con el embajador ruso en Washington, Sergey Kislyak, durante la campaña para las elecciones presidenciales. La información ha trascendido gracias a una de esas filtraciones que tanto odia Trump y que atribuye a elementos de la era Obama que permanecen empotrados en su administración.

El problema no es tanto que Sessions mantuviera esas reuniones como que mintiera ante el Senado cuando se sometió a la sesión de confirmación tras ser nominado por Trump. De todas formas, el ‘timing’ que establece ‘The Washington Post’, el medio que ha publicado la noticia, también es relevante. Una de las reuniones con Kislyak se produjo en julio de 2016, cuando el actual fiscal general era senador republicano por el estado de Alabama y miembro del Comité de Servicios Armados del Senado. El segundo encuentro tuvo lugar en septiembre, cuando Sessions se había hecho cargo de las relaciones internacionales de la campaña de Trump y cuando arreciaban las sospechas sobre el espionaje cibernético de Rusia para intentar manipular el proceso electoral del pasado 8 de noviembre, que habían detectado las agencias de inteligencia.

Durante su proceso de confirmación en el Senado, los demócratas preguntaron a Sessions por sus posibles contactos con el Kremlin, debido al clima de indignación por esa supuesta injerencia en los comicios, a lo que él, bajo juramento, respondió: “No he tenido comunicaciones con rusos”.

El perjurio en sede parlamentaria es el argumento que ha esgrimido Nancy Pelosi, la líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, para exigir la inmediata dimisión del fiscal general. Lo mismo ha hecho el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer: “Por el bien del país, el fiscal general Sessions debería dimitir (…). Las revelaciones que conocimos la pasada noche son especialmente problemáticas”.

El senador demócrata ha solicitado, además, que se designe a “un fiscal especial que no tenga relación con este Gobierno” para encabezar la investigación sobre la posible injerencia rusa en Estados Unidos porque la integridad del “brazo ejecutivo está en entredicho”. A su juicio, “no puede haber la más mínima sombra de duda sobre la imparcialidad y legitimidad del fiscal general, el primer garante de la ley del país. Después de esto, está claro que el fiscal general no pasa esta prueba”. Y es que los organismos encargados de la investigación sobre la supuesta injerencia rusa en los comicios así como de los presuntos contactos entre la campaña de Trump y el Kremlin son el Departamento de Justicia y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), ambos bajo la supervisión del propio Sessions.

La deducción de que Sessions no puede estar a cargo de una investigación sobre sí mismo es tan obvia que hasta el republicano Paul Ryan, presidente del Congreso, ha considerado que en el caso de que se abra una indagatoria debería recusarse. Aunque algunos legisladores republicanos sí han expresado sus dudas sobre la conveniencia de que Sessions siga en el cargo de fiscal general, Ryan ha declarado que “si él mismo es sujeto de una investigación, por supuesto que debería (recusarse). Pero si no lo es, no veo ningún propósito o razón para que lo haga”. Además, ha criticado la reacción a su juicio desproporcionada de los demócratas cuando los comités de inteligencia de la Cámara de Representantes y del Senado todavía están investigando el alcance de la influencia de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016 y aún no han llegado a ninguna conclusión.

Kislyak protagonizó otra polémica hace algunas semanas al salir a la luz que el exasesor en seguridad nacional de Trump, el general Michael Flynn, había mantenido contactos frecuentes con él de cuyo contenido engañó a altos cargos del Gobierno, entre ellos al vicepresidente Mike Pence. Trump forzó entonces la dimisión de Flynn. En esta ocasión, sin embargo, el presidente ha empezado el día dando la callada por respuesta y fijando su atención en algo que no tiene nada que ver con el escándalo y que refleja esa realidad alternativa ideal a la que le gusta recurrir de vez en cuando.

“Desde el 8 de noviembre, día de las elecciones, las Bolsas han ganado 3,2 billones de dólares y la confianza del consumidor está en el punto más alto en 15 años. ¡Empleo!”, ha escrito en Twitter:

La portavoz de Sessions, Sarah Isgur Flores, no tuvo más remedio que responder a The Washington Post y lo hizo con una defensa que no parece que vaya a tener mucho éxito. Dijo que la respuesta del fiscal general en el Senado negando sus contactos con Rusia “no fue un engaño” ya que la pregunta que se le formuló fue “sobre comunicaciones entre los rusos y la campaña de Trump y no sobre las reuniones que podía haber mantenido como senador”. Sin embargo, el autor de la pregunta, el senador demócrata Al Franken, tiene claro el veredicto. La respuesta de Sessions -ha dicho- fue “un engaño en el mejor de los casos”.