Desconectar de las redes sociales nos hace más felices

Justin Bieber ya no está y Kim Kardashian y Selena Gómez han pasado largas temporadas desintoxicándose de Facebook, Twitter o Instagram. La lista de celebridades que se ha desconectado de las redes de manera permanente o temporal es larga. El agotamiento virtual gana adeptos, también entre la sociedad. "Cada vez hay más gente que se da cuenta de que internet no es la solución a los problemas, sino que en muchos casos es un problema más", afirma Enric Puig, profesor de Filosofía de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y autor del libro La gran adicción. Cómo sobrevivir sin internet y no aislarse del mundo. "Ya no pierdo el tiempo en cosas que no me interesan, me concentro más, no tengo interrupciones y gestiono mejor mi vida privada y profesional", afirma Puig, que ya es un desconectado más.

En Francia, un 20 % de la población vive desconectada y de este, casi un 4 % lo hace voluntariamente, según datos de 2012, los últimos publicados. Lo hacen por dos motivos: por cuestiones de privacidad y por agotamiento de su vida virtual. «Mucha gente se siente saturada. Empieza a haber una preocupación sobre el uso y el abuso de los datos propios y la necesidad de mantener espacios de intimidad y privacidad que cada vez quedan más reducidos con el uso de las redes», explica Manuel Armayones, profesor de psicología de la UOC.

Desconectar nos hace más felices

Al cabo de solo una semana, las personas que dejan de utilizar Facebook se sienten más felices y menos preocupadas, según concluye un estudio del Happiness Research Institute. Un 34% de los que seguían utilizando la red se sentían tristes y depresivos y un 25%, solos. Entre los desconectados estos porcentajes bajaban a un 22% (tristeza) y un 16% (soledad), respectivamente. «El aburrimiento por falta de interés, la ansiedad por controlar todo lo que pasa y la soledad, a pesar de la falsa apariencia de felicidad que se escenifica, generan una desconexión emocional y hacen que el individuo no encuentre sentido a estar conectado», afirma Mireia Cabero, profesora de psicología de la UOC.

Después del experimento, un 84% de los desconectados disfrutaba más de su vida frente al 75% de los que continuaban en Facebook. Los desconectados también habían aumentado su actividad social cara a cara, tenían menos dificultad para concentrarse y sentían que aprovechaban más el tiempo. «Si las redes sociales no logran generar las emociones positivas que son necesarias para fidelizar a ciertos usuarios, se irán perdiendo, porque la vertiente emocional tiene más peso que la racional», afirma Cabero

Clase alta y con estudios: el perfil del desconectado

"La comunicación por internet está basada en el lenguaje, en este entorno se desprecian las miradas y la proximidad física", considera Puig. Para Armayones, vivimos en una época de sobreinformación y para muchos también sobrerrelacional: "Cualquier persona entra en tu vida con un mensaje de Whatsapp y la reiteración y exigencia de inmediatez en la respuesta por parte de los demás ha hecho que la opinión sobre las TIC haya cambiado". "En realidad, si analizamos estas relaciones e informaciones en cuanto a calidad estamos ante la infrarrelación y la infracomunicación", coinciden Cabero y Puig.

Según la encuesta hecha en Francia por la consultora Havas Media, la mayoría de desconectados eran personas entre los 25 y los 49 años, de clase alta, universitarias y con altas competencias digitales. La desconexión es también, una cuestión de edad. «Para un millennial es mucho más complicado, supone un cambio más radical que para una persona que no es nativa digital, que recuerda una vida anterior sin la red» afirma Armayones.

Trabajadores obligados a desconectar

La desintoxicación digital no solo se está imponiendo en el ámbito personal sino también en el laboral. Una de las patronales más importantes de Francia y los principales sindicatos han llegado a un acuerdo de ley para obligar a los trabajadores a apagar sus teléfonos móviles corporativos. La medida pretende suprimir llamadas del jefe fuera del horario laboral y permitir que los empleados desconecten de los mensajes de trabajo. Para Puig, la sociedad comienza a ser más consciente de estos problemas y acabará practicando, en mayor o menor grado, la desconexión.

"Poco a poco, la tendencia será un uso más racional y selectivo de las redes, estamos en un proceso de aprendizaje y racionalización, para que nos hagamos conscientes de que es insostenible", concluye San Cornelio.