Clinton recela de su condición de favorita en vísperas de las elecciones presidenciales

El epílogo de este culebrón electoral es el prefacio de la Historia con mayúsculas. Lo que se juega es poner al mundo en manos de un industrioso patán o asegurar cuatro años de continuismo político de dos legislaturas caracterizadas por la moderación. Obama sacaba pecho durante un mitin en Michigan por haber reflotado al país de su crisis económica más profunda desde la Gran Depresión.

clinton-vA vista de pájaro, el final de esta campaña da a Hillary Clinton como favorita, pero después de la sucesión de fiascos demoscópicos en Reino Unido (derrota del nacionalismo en el referendo escocés y victoria del Brexit) nadie se atreve a dar demasiada credibilidad a los sondeos que dan ventaja a Clinton.

Sobre el papel, Trump sigue teniendo todas las de perder. De entre los diversos sectores de la tarta demográfica norteamericana, el Pelirrojo de Queens sólo cuenta con el apoyo incondicional de los varones blancos de mediana edad y sin formación universitaria. Sin embargo, Clinton no ha conseguido capitalizar la profunda fractura causada por Trump en el Partido Republicano durante el proceso de primarias. Así lo indican los sondeos.

La opinión de Lee Irish, un jubilado blanco del norte de Nueva York, es una buena extrapolación de esas encuestas. Irish asegura que acabó apoyando al candidato republicano a pesar de haber recelado inicialmente de él. ¿Su argumento? No tolera la idea de ver a Hillary Clinton otra vez en la Casa Blanca. Irish es el tipo de votante que Trump busca a la desesperada en Michigan, Pennsylvania y Minnesota; estados industriales del norte de composición mayoritariamente blanca pero demócrata.

La victoria en cualquiera de estos bastiones de la izquierda facilitaría su tortuoso camino hacia los 270 votos electorales. “Voto a Trump porque no puedo votar por Hillary”, dice Irish con tono resignado en una entrevista telefónica. “Trump no me gustaba al principio, pero se fue haciendo más y más fuerte, y es el que ha quedado al final; [pero] creo que ha conseguido controlar lo que dice y que ahora es un poco más diplomático”.

Michael Coughlan, un emigrante de origen irlandés que fundó una exitosa constructora en Manhattan, reconoce que Trump “no es el candidato ideal”. No obstante, asegura que votará por él. “Tiene un estilo hosco y molesto, pero su mensaje está llegando a la gente”, dice. “No me parece justo que se inviertan tantos recursos en los inmigrantes ilegales y que gente como nosotros que hizo cola para entrar en el país no tenga los mismos privilegios”, afirma este miembro vitalicio de la Asociación Nacional del Rifle parafraseando el discurso antiinmigrante del candidato republicano. “Lo que me preocupa de Trump es que sea impulsivo cuando tenga que tomar una decisión delicada”.

Esa inquietud ha sido expresada con elocuencia por el comentarista republicano Charles Krauthammer en National Review. “En estos tiempos de inestabilidad tectónica”, escribe, “hasta el más experimentado estadista debe tener sabiduría y mano izquierda para mantener el equilibrio. Trump no dispone de ninguna de esas cualidades. Yuxtapone una ignorancia suprema con una arrogancia suprema, que se combina con una susceptibilidad patológica a cualquier afrenta real o imaginaria; (estas cualidades hacen de Trump) un error de cálculo calamitoso.”