Tres hermanas recupera ‘El jardín colgante’, obra del único Nobel de Literatura australiano

A la muerte de Patrick White en 1990, la novela quedó inacabada, pero vio la luz en 2012 y tras su éxito internacional llega ahora a España

whiteEn 1973, Patrick White (1912-1990) consiguió el Premio Nobel de Literatura por su narrativa dotada de una exótica plasticidad. Australia presumía de su único representante del galardón más codiciado de las letras, pero, irónicamente, White nació en Londres, en una casa con vistas a Hyde Park. Sus bisabuelos, también británicos, llegaron a Nueva Gales del Sur en 1826.

El asma marcó su vida desde que era un niño. Viajó por numerosos países de Europa y, posteriormente, la II Guerra Mundial lo sorprendió en Nueva York. Cuando se instaló en Australia, se dedicó a ser granjero y ganadero, y a escribir.

Su narrativa tiene unos temas recurrentes: la familia y la infancia. El árbol del hombre, considerada su mejor obra y la más australiana de todas, es la historia de una familia a lo largo de varias décadas. Cuando le dieron el Nobel, no acudió personalmente a recogerlo. White tenía fama de ser hosco y de trato poco fácil.

Como Kafka, quiso que destruyeran sus manuscritos

Su última novela, El jardín colgante, quedó inacabada en 1990 y permaneció oculta durante años en su escritorio. Al igual que el gran Kafka, había dado órdenes de que sus manuscritos no publicados fueran destruidos. Pero White también tuvo su particular Max Brod –albacea del escritor checo–. En su caso, una mujer. Barbara Mobbs, buena amiga del escritor, se planteó por qué no había destruido el mismo White sus obras si no quería que fueran editadas.

Y decidió dar el paso que quizás él hubiera querido. De este modo, en 2006 vendió treinta y dos cajas de papeles a la Biblioteca Nacional de Australia. En 2012, a pesar de estar incompleto, El jardín colgante veía la luz. Tras su éxito a nivel internacional, la editorial Tres hermanas la ha publicado recientemente, en una cuidada edición con la excelente traducción de Raquel Vicedo.

Despedida de la infancia

La obra está protagonizada por dos niños, Eirene y Gilbert, que son abandonados en Sidney durante la II Guerra Mundial. Una peculiar y difícil mujer que vive en una casa rodeada de un jardín agreste queda al cuidado de ellos.

Entre los niños crece un estrecho vínculo que los acompaña en este viaje de despedida de la infancia y de ingreso en el mundo de los adultos.

La narración es arriesgada, con un punto de vista que se mueve con soltura entre los dos niños, y detallista. Hay pasajes ciertamente poéticos. White domina los detalles, presta atención a las pequeñas cosas (“la boca descansaba suave y poco definida. Como una de las anémonas oscuras de mar cuando no hay ningún cangrejo a la vista”).

<<Porque soy su hija, mamá me coge de la mano que le queda más cerca, con la otra arranco una ramita, la leche de higo caliente, pegajosa e iluminada por la luna, me chorrea entre los dedos. La voz que suena extranjera, orgullosa, de mamá es absorbida por la casa que se va alejando.
-Por supuesto, señora Bulpit, le enviaré dinero para cualquier cosa que Eirene necesite. ¿Quién iba a pararse a pensar en combinaciones de lana mientras escapaba de los alemanes?>>

La inocencia que el mundo de los adultos va engullendo y el fantasma de la guerra son los principales temas de esta novela contundente que, a pesar de quedar inacabada, se lee sin sensación de que falte algo.