El Banco de Inglaterra investiga las causas del ‘flash crack’ de la libra

Un desplome relámpago de la libra esterlina durante la noche en los mercados asiáticos volvió a golpear este viernes a la divisa británica, que tocó su mínimo en ocho años respecto al euro y continuó en niveles no vistos desde 1985 respecto al dólar. El ministro británico de Economía, Philip Hammond, admitió que "este va a ser un tiempo de turbulencias", mientras que el Banco de Inglaterra comunicó que está investigando las causas de la momentánea caída durante la noche. La moneda británica ha estado bajo presión renovada por un aumento en los temores de que el divorcio de Reino Unido de la Unión Europea será más complejo y costoso para la economía que lo previsto anteriormente.

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Al cierre del mercado en Londres, la divisa británica cotizaba en 1,1127 euros (un 1,86 % menos que ayer) y 1,2414 dólares (1,84 % menos), tras recuperar parte del terreno perdido durante la aguda caída registrada entre el cierre del mercado en Estados Unidos y la apertura en Japón.

La incidente, que algunos analistas atribuyen a un fallo informático y otros a un ataque de pánico ante las posibles consecuencias del Brexit, llevó a la libra a perder de forma momentánea un 6% respecto al dólar, hasta 1,184 dólares.

Durante los cuatro minutos que duró el bache, la divisa británica llegó a cotizar en 1,1068 euros, su nivel más bajo respecto a la moneda comunitaria desde diciembre de 2008.

Unas declaraciones del presidente francés, François Hollande, en las que anoche pedía “firmeza” en las futuras negociaciones para establecer los términos de la salida del Reino Unido de la Unión Europea constituyen una de las explicaciones de los expertos para el desplome de la moneda británica.

La caída respecto al euro ha hecho que una libra se cambiara este viernes por menos de un euro en algunas casas de cambio británicas, debido a las comisiones.

El desplome de la divisa también ha llevado a los expertos a advertir sobre el impacto que puede tener en la economía el aumento en el precio del combustible que verán reflejados los británicos en los próximos meses.

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