Un referéndum crucial para el futuro de Reino Unido y de toda la UE

A punto de que los británicos voten si quieren permanecer en la Unión Europea o marcharse, los responsables de las instituciones comunitarias han cruzado los dedos para que triunfe la continuidad y no se ponga en peligro el proyecto europeo, al tiempo que los políticos del Reino Unido, las filas del brexit y los partidarios del remain hacían un último esfuerzo para convencer al electorado. El bando de la permanencia, 'Stronger In' (Más Fuertes Dentro), está personificado en el primer ministro, el conservador David Cameron, y el líder de la oposición laborista, Jeremy Corbyn. El de la salida, 'Vote Leave' (Vota Abandonar), tiene sus máximos exponentes en el también ‘tory’ Boris Johnson y el líder del UKIP, Nigel Farage.

Los ministros principales de Escocia y Gales, Nicola Sturgeon, y Carwyn Jones, así como el alcalde de Londres, Sadiq Khan, abogan por la continuidad, junto con un millar de firmas británicas y el grupo de música irlandés U2, que que ha unido a las peticiones a sus conciudadanos para que no abandonen la UE. Según una media de las últimas encuestas, el resultado de la consulta, convocada por Cameron tras negociar un nuevo encaje de este país en la UE, será ajustado, con victoria de la opción de la permanencia por un 51 % de los votos frente al 49 %.

Durante toda la campaña, la economía ha alimentado los argumentos de unos y otros, que se han enzarzado en una guerra de cifras sobre las virtudes y los perjuicios de sus respectivas opciones, hasta el punto de que en muchos casos se han acusado mutuamente de mentir a los ciudadanos. Lo hizo Cameron, por ejemplo, cuando rechazó que el Reino Unido envíe cada semana a Bruselas 350 millones de libras (equivalentes a 500 millones de euros), como han venido asegurando sus correligionarios Boris Johnson y Michael Gove, su ministro de Justicia.

En una última arenga al electorado, el jefe del Gobierno, cuyo futuro depende de la decisión de los británicos, ha vuelto a alertar este miércoles de que el Reino Unido corre el riesgo de “aislarse” si vota por salir de la UE y ha insistido en que el país “es más fuerte y está mejor” dentro del bloque común. El laborista Corbyn ha avisado de que el triunfo del bando del “brexit” podría derivar en un Ejecutivo encabezado por “tories” euroescépticos, “pondría en riesgo el servicio nacional de salud”. Y como un reflejo de la tendencia mayoritaria del voto en Londres, el alcalde de la capital, Sadiq Khan, ha subrayado que la permanencia es lo mejor “para el empleo, la seguridad, los derechos y los valores laboristas”.

En Escocia, la ministra principal, la independentista Nicola Sturgeon, ha instado a los escoceses, mayormente europeístas, a respaldar en masa la permanencia y ha recordado que “muchos empleos e inversión” en la autonomía dependen del mercado único. Junto a los políticos, casi mil empresas del Reino Unido y varias figuras del mundo del espectáculo se han sumado a la campaña a favor de la UE, que ha contado en general con más apoyos públicos que su rival. En una carta abierta en “The Times”, los directivos de las principales compañías con presencia en territorio británico, entre ellas las españolas Iberdrola, Teléfonica y el banco Santander UK, defienden la permanencia en el club europeo para evitar una “incertidumbre” que dañaría a la economía.

El grupo de rock U2 se ha dirigido a los irlandeses residentes en el Reino Unido: “No os vayáis, os echaríamos de menos”, mientras que el actor irlandés Liam Neeson ha avisado de las consecuencias del “brexit” para la vecina Irlanda. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha reiterado en “The Guardian” que “un Reino Unido fuerte dentro de una Europa fuerte es bueno, tanto para el Reino Unido como para la OTAN”.

El debate económico ha constituido el territorio natural del frente a favor de la continuidad, que ha contado con el refrendo del Banco de Inglaterra, de la patronal británica, de los sindicatos, de organizaciones supranacionales como el FMI, o la OCDE y de la práctica totalidad de los grupos de análisis sinónimos de rigor en Reino Unido, como el Instituto de Estudios Fiscales (IFS, en sus siglas en inglés), o la London School of Economics (LSE).

Las temidas consecuencias económicas del ‘brexit’

Una de las temidas consecuencias del Brexit en un país severamente castigado por los ajustes fiscales en los últimos años es su impacto sobre la austeridad. El Gobierno ya ha avisado de que se dejará notar y ha fijado incluso el coste: 30.000 millones de libras (38.000 millones de euros), que tendrían que gestionarse en un presupuesto de emergencia para reformular prioridades acordes al nuevo estatus británico como estado independiente de los Veintiocho. Como resultado, áreas protegidas desde 2010 sufrirían tijeretazos que no eximirían ni al Sistema Nacional de Salud, según ha avanzado el ministro del Tesoro y mano derecha de David Cameron, George Osborne. Sus predicciones están basadas en estudios independientes del IFS, que ha concluido que la caída del crecimiento que conllevaría el Brexit forzaría a aumentar el grado de los recortes previstos, o a ampliar el plazo para aplicarlos.

El Gobierno ya ha concretado que el 50 por ciento de los ajustes procederán de tijeretazos y la mitad restante, de subidas de impuestos, frente al escenario de los partidarios de abandonar, que mantienen que, de vencer su apuesta, se ahorrarían 18.000 millones anuales.

Durante la campaña, un único colectivo de economistas ha apoyado el divorcio. ‘Economists for Brexit’ censuró las alertas por estar “basadas en modelos eurocéntricos defectuosos” y mantuvo que la solución pasa por operar a través la Organización de Libre Comercio, para así acabar con las barreras impuestas por la UE y con lo que considera el “proteccionismo” comunitario. Sus cálculos, en caso de ruptura, prevén un PIB un 4% mayor a largo plazo gracias a la “respuesta dinámica de la economía a costes menores”, lo que permitiría crear 300.000 empleos, un panorama que no podría discrepar más del estimado por el Gobierno británico, el FMI, o el IFS, que manejan dos posibles escenarios con un elemento en común: una ralentización del crecimiento que conduciría a la recesión y a una inevitable reducción del tamaño de la economía como consecuencia del descenso de los ingresos tributarios.

Para intentar transmitir cifras masticables al votante de a pie, ya que según las encuestas existe un profundo malestar ante la confusión de datos, el Ministerio del Tesoro dio una horquilla de pérdidas de puestos de trabajo de entre 520.000 y 820.000 de triunfar la ruptura y concretó que, aparte de dañar seriamente al PIB -entre un 3,6 por ciento y un 6 por ciento menor-, este desenlace llevaría a los hogares a contar con 4.300 libras (5.640 euros) menos en 2030.

En el bando de los promotores del brexit, se ha apelado fundamentalmente a los sentimientos en estas últimas horas. El exalcalde de Londres Boris Johnson, cabecilla oficioso de la campaña “Vote por Salir”, ha instado a los británicos a “creer” en el Reino Unido y forjar “una relación totalmente nueva” con los “amigos y socios del otro lado del Canal (de la Mancha)”. Farage, de cuyo discurso xenófobo se ha querido desmarcar Johnson, aunque no ha podido evitar que protagonizara la campaña, ha pedido al electorado que vote “con el corazón y el alma” a favor de abandonar la UE y ha pintado el referéndum como un pulso entre “el pueblo y el poder establecido”.

El ‘efecto dominó’ y el futuro político de Cameron

En definitiva, el resultado del referéndum, que se conocerá a primera hora del viernes, tendrá consecuencias en todos los sentidos, tanto económicas como para el futuro de muchos políticos del país, que se juegan la carrera, empezando por el propio David Cameron. Consciente de que el plebiscito podría derivar en un voto de confianza al gobierno, el primer ministro había avanzado que si triunfaba la apuesta por abandonar, no dimitiría, pero el desafío es notable para quien no ha sido capaz de persuadir a su propio partido. De consumarse la salida, de hecho, no hallará mayor responsable que él mismo, puesto que más que por un clamor social, el catalizador del referéndum fue la olla a presión en la que la porfía comunitaria había convertido a los conservadores.

En Europa, se teme que en caso de triunfar el brexit, genere un efecto dominó entre otros integrantes de los Veintiocho y un peligroso auge del populismo. Pero las primeras consecuencias serán para Londres, donde la ruptura implicaría inevitablemente una espinosa negociación, sobre todo por la vulnerable posición del Gobierno. Sería complicado que David Cameron saliera indemne, no sólo por cómo la campaña ha menoscabado su liderazgo, sino porque su legitimidad quedaría mortalmente dañada si el electorado ignora su consejo de votar a favor de la permanencia.

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