Fin del bipartidismo y consolidación de Podemos y Ciudadanos

El año 2015, el del fin del bipartidismo, la política española ha vivido a un ritmo vertiginoso y, aunque ha estado cargado de citas electorales, ha visto cómo la "nueva política" se instalaba entre nosotros a través de encuestas y programas de televisión. La irrupción primero de Podemos, como tercero en discordia, y después de Ciudadanos, como cuarto gran partido, ha ido en paralelo a una mejora de la economía -a la que el PP ha fiado sus esperanzas de mantenerse en el poder- y a la pervivencia de la corrupción en las portadas, con la foto icónica de Rodrigo Rato entrando arrestado en un coche policial. Pero, por encima incluso de la recuperación económica y la corrupción, la política española ha estado marcada en 2015 por la situación en Cataluña, la consolidación de los nuevos partidos y una forma distinta de hacer política que en 2016 girará en torno a los pactos.

montaje-galEl año empezó con el barómetro del CIS correspondiente al mes de enero situando a Podemos, un partido que acababa de cumplir un año de vida, sin representación en ningún Parlamento ni en ninguna administración, como la segunda fuerza política en España por delante del PSOE y a poco más de tres puntos del PP. En aquellos momentos el partido de Pablo Iglesias parecía imparable (algunas encuestas privadas situaban a Podemos por delante incluso del PP) y estaba generalizada la idea de que se entraba en un escenario con tres grandes fuerzas hegemónicas; el bipartidismo se había terminado en España y lo hacía por la izquierda.

Ante el crecimiento del partido morado, la presidenta andaluza Susana Díaz decidía adelantar las elecciones regionales al 22 de marzo, primera cita electoral del año en la que debía confirmarse en las urnas qué había de cierto en lo que decían las encuestas.
Ocurrió que hasta las andaluzas y hasta el siguiente barómetro del CIS, el de abril, pasaron muchas cosas: La victoria en Grecia de Syriza, partido “hermano” de Podemos, había disparado en enero la expectativa de voto para los de Pablo Iglesias, que parecían aglutinar las ganas de cambio de muchos españoles: “sí se puede”. Pero no se pudo, pronto llegó la constatación de que los griegos habrían de plegarse a las condiciones impuestas por sus acreedores y que el margen para hacer las políticas prometidas era mínimo.Esa decepción se hizo notar en las expectativas de Podemos que, además, debía hacer frente a su primer reto electoral en el territorio donde su estructura estaba más desorganizada, Andalucía.

En paralelo, un partido originario de Cataluña, que en enero tenía una estimación de voto de poco más del 3 por ciento, se disparaba en las encuestas a lomos de la descomposición de UPyD y de quienes seguían queriendo cambio pero, vista la experiencia griega y ciertas decisiones internas, habían dejado de confiar en Podemos. Susana Díaz lograba la victoria y librarse de IU, incómodo socio de gobierno en la etapa anterior, pero no tenía mayoría suficiente para gobernar. Los “emergentes” pasaban por primera vez de lo virtual de la encuestas a la realidad; Podemos conseguía 15 escaños, cifra objetivamente espectacular para un partido recién llegado, pero que supo a poco vistas las expectativas, mientras que Ciudadanos, con 9 escaños, se convirtió en el verdadero ganador de los comicios, hasta el punto de que tuvo en vilo a Susana Díaz durante casi tres meses antes de darle su apoyo.

El CIS de abril daba un respiro al bipartidismo, confirmaba el descenso de Podemos y situaba a Ciudadanos, con un 13,8 por ciento, como segunda revelación del año. Después vinieron las municipales y autonómicas de mayo, en las que el PP consiguió la victoria, pero en un escenario en el que ya no basta con ganar, lo que le supuso la perdida de varias alcaldías importantes como Madrid y Barcelona a manos de iniciativas ciudadanas coaligadas con la marca Podemos. Además, perdió alguna comunidad autónoma en favor del PSOE, apoyado por los de Pablo Iglesias, y retuvo otras pero teniendo que ceder a las exigencias de Ciudadanos.

Pero no cabe duda de que el gran acontecimiento político del año ha sido el 20-D, las elecciones generales con las que ha culminado un ciclo de cuatro años durante los que el PP ha reinado con mayoría absoluta y con las que se abre una nueva era, la de los pactos que serán indispensables para gobernar y que van a marcar el año que ahora comienza.

El 20 de diciembre, el PP ganó las elecciones con 123 escaños, pero se hundió al perder más de 60 diputados, un resultado que no le da mayoría suficiente para gobernar ni sumando con Ciudadanos, que ha quedó en cuarta posición con 40 escaños. El PSOE también retrocedió y logró 90 escaños pero la suma de los partidos de izquierda, es decir, con Podemos y sus marcas, que consiguieron 69 diputados, y con IU (2) da 161 puestos en el Congreso de los Diputados. Lo que significa casi un empate entre los dos bloques, ya que la suma de PP y Ciudadanos es de 163 parlamentarios. A priori, y teniendo en cuenta que ninguno de los bloques alcanzó la mayoría absoluta, solo hay una opción para formar Gobierno: la gran coalición entre populares y socialistas.

Ahora bien, esa alianza de los dos grandes partidos -deseable para el PP como dejó claro su líder, Mariano Rajoy, el pasado martes- es rechazada por los socialistas que temen diluirse en las políticas de la derecha -Rajoy ha invitado también a Ciudadanos- y perder las señas identitarias de partido de izquierdas que pretende arrebatarle Podemos. Este debate ha sumido al PSOE en una nueva crisis, en la que los barones han tenido que poner límites a su secretario general, Pedro Sánchez, para que no se eche en brazos de la formación de Pablo Iglesias con tal de gobernar. Sánchez ve peligrar una vez más su liderazgo y a cuenta de su continuidad o no en el cargo se ha abierto un nuevo debate: él quiere posponer el congreso del partido a la primavera y las principales federaciones del partido abogan por celebrarlo cuando toca, en febrero o en marzo, a más tardar.

En cualquier caso, y aunque las dos grandes formaciones, PP y PSOE, suman un 50,72% de apoyos, estos comicios han implicado el fin del bipartidismo como lo hemos conocido hasta ahora. La nueva configuración del Congreso de los Diputados es la siguiente:

Los resultados son los siguientes:

PP: 123 escaños (28,72%)

PSOE: 90 escaños (22,02%)

Podemos: 69 escaños (20,66%)

Ciudadanos: 40 escaños (13,93%)

ERC: 9 escaños (2,39%)

Democràcia i Llibertat: 8 escaños (2,25%)

PNV-EAJ: 6 escaños (1,20%)

Unidad Popular-IU: 2 escaños (3,67%)

Bildu: 2 escaños (0,87%)

Coalición Canaria: 1 escaño (0,33%)