El error (televisivo) de TVE en sus entrevistas a líderes políticos

La credibilidad que tanto costó ganar a TVE se ha esfumado con una frenética rapidez

Pedro Sánchez ha acudido este lunes a TVE. Como sucedió hace una semana con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el plató del Telediario ha retirado su mesa por dejar hueco a dos sillas en donde realizar la entrevista.

Sin embargo, estos encuentros con Ana Blanco no están cosechando importantes audiencias. Anoche, un 10,2 por ciento de cuota de 2.063.000 siguieron la charla con el candidato del PSOE. Un dato pobre en comparación con los shares que acostumbraba TVE, cuando era referente en información.

La credibilidad que tanto costó ganar a TVE se ha esfumado con una frenética rapidez. La percepción social del regreso del control político a la emisora, con la consiguiente pérdida de independencia informativa y creativa, ha provocado una desconexión ciudadana sin precedentes.

Los tiempos han cambiado y vivimos en una era en la que los espectadores consumen de forma más crítica los contenidos por la pequeña pantalla. Ya han conocido, además, que pueden existir unos informativos independientes en una cadena pública y, por tanto, se van cuando ven que no pueden confiar en el canal.

Esta sensación de contenidos sesgados está desprendiendo los informativos de TVE. Y también salpica a este tipo de entrevistas que no saben tomar el pulso a la televisión de hoy, a pesar de que TVE siempre fue por delante en este tipo de emisiones.

En cambio, tanto en la entrevista con Rajoy y Sánchez, nos encontramos con un programa incrustado en el horario del Telediario, en donde destacan las preguntas que realizan ciudadanos anónimos a través de la gran pantalla del estudio. Lo que podría ser una buena herramienta televisiva, como sucedía en ‘Tengo una pregunta para usted’, se convierte en otra causa de rechazo por parte del público.

Y es que las preguntas de los espectadores están grabadas y su puesta en escena mal ejecutada. No parecen de la cosecha de los ciudadanos, ya que las leen de una forma tan artificial que da la sensación de que son meros títeres leyendo una chuleta que les ha pasado la cadena. Tampoco ayuda que, al ser enlatadas, no exista ningún derecho a repregunta o réplica por parte del votante elegido para realizar la cuestión. Se entierra, así, toda la capacidad de cercanía, credibilidad y complicidad.

La mecánica de dichas preguntas es retrógrada. No conecta con las narrativas de la televisión en la actualidad, fomentando un contexto de programa ortopédico. El espectador no se lo cree, desconfía.

Por suerte, Ana Blanco sí entra al quite de la entrevista despierta. Pregunta, insiste, comunica. Pero le ensombrece el resto del envoltorio del programa, con una escaleta demasiado rígida y arcaica.

TVE no se puede permitir no ser pionera en amplitud de miras televisivas. Sus entrevistas no deben tener miedo a la participación real (ya sea de diferentes periodistas, ciudadanos u otros formatos) y deben huir de las maniatadas estructuras de viejo manual de la tele de los años setenta. Tampoco copiar a canales como La Sexta. TVE no debe ir a rebufo de las privadas. Al contrario, debe potenciar su mirada propia, alternativa, equilibrada y diferente para seguir creando escuela con una televisión innovadora, honesta, cómplice y creíble. Los políticos están a tiempo de recuperar esa tendencia lógica de una TVE hecha por profesionales del sector y no cocinada por asesores del marketing de la política.

España necesita una TVE sin temor a la pluralidad, informativa, creativa y social. Ganará la credibilidad de los políticos. Porque ganará toda la sociedad.